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Fecha de publicación: 2020-09-17

Gabriela Villatoro Cumes: Una olla comunitaria para palear el hambre en pandemia

El compromiso, la bondad, la compasión, la solidaridad, el amor, todos los valores que un ser humano pueda tener, Gabriela Villatoro los lleva consigo, juntos. Su corazón es tan grande, que día a día ella y su equipo brindan alivio a cientos de personas que tienen hambre, afectados por esta crisis mundial.


Por Zaida Rojas

El Parque Centroamérica de Quetzaltenango, en Guatemala, tiene un nuevo paisaje. Desde hace cuatro meses un toldo blanco cubre una mesa larga, con ollas de comida que un grupo de voluntarios prepara para palear un poco la necesidad de tantos. Forman parte de La Olla Comunitaria, una iniciativa comunal que lleva comida a ocho diferentes lugares del país.

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Entre todos han asistido en cuatro meses a más de 90.000 personas. Solo en Quetzaltenango han dado de comer a 38.000 en ese mismo periodo. El camino de Villatoro entre ollas empezó siendo voluntaria en un huerto, ahí conoció de ensaladas y frutas hace más de cinco años. Fundó el restaurante Tan Lechuga Yo, especializado en comida orgánica y saludable, ensaladas y jugos; algo novedoso en el centro histórico de Quetzaltenango.

El éxito de su emprendimiento se vio truncado con la llegada de la pandemia, cuando estaba a punto de recibir la segunda parte de un préstamo para dinamizar su proyecto, lo cual le generó una crisis de salud. Entonces, como muchos, tuvo que cerrar su restaurante y buscar maneras de seguir adelante. Probó haciendo canastas de productos orgánicos hasta el día en que conoció a Byron Vásquez, propietario del restaurante Rayuela en el centro histórico de Guatemala. En Rayuela nació La Olla Comunitaria.

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Villatoro y Vásquez se presentaron y así surgió la segunda Olla Comunitaria. “Aproveché que contaba con todos los implementos de mi restaurante y busqué a familiares que tenían un bar cerrado, les pedí que me prestaran el local, debido a que no podía seguir pagando el mío”, contó Villatoro.
Aunque no le gustan los títulos, Villatoro es la directora del proyecto. “Soy un comodín y hago de todo, manejo el carro que lleva los alimentos al parque, cocino, limpio…”. Lo que encuentra más gratificante de su trabajo es conocer a las personas, sus historias, sus sonrisas, el compañerismo, conocer a todos, identificarlos, desearles un bien, ver a los niños comer.

Los rostros del hambre

Antes de esta crisis veía a todos alrededor del centro de Quetzaltenango sin determinarlos, ahora conoce a cada uno, sabe sus nombres, le cuentan sus historias y eso también la frustra mucho. “Alimentamos una vez al día a adultos mayores que han dado su vida al país y ahora hacen fila 20 minutos por un plato de comida”, se lamentó Villatoro.

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También la frustra el hecho de que sabe que no va a salvar a nadie, no importa qué haga esta situación no va a cambiar, con pandemia o sin ella. “Esta es la crisis de un país que vive en crisis, será el cansancio de los días y la impotencia, pero creo que yo no tendría que estar haciendo esto… alguien tiene que hacerlo porque tenemos un sistema caído, un gobierno ausente, mal representado, que critica y culpabiliza a la población, que no ejecuta los presupuestos”, declaró Villatoro.

“Si en La Olla Comunitaria hemos podido conseguir donaciones, hacer este trabajo y ayudar a tantos, es muestra de que se puede”, agregó.

Viéndose a futuro cree que no podría volver a abrir Tan Lechuga Yo. “No podría vender comida orgánica a todos los turistas y gente healthy cuando veo la situación que está a mi alrededor. Me siento con la misma libertad de poder seguir este camino mediante un activismo político, trabajando con la comunidad, en pequeño, desde adentro.”

El equipo de Villatoro está formado por unas quince personas que vienen de comercios que se cerraron, meseros, cocineros, chef, estudiantes de medicina, adolescentes, fotógrafos, extranjeros que viven en Xela.

FRASE DESTACADA:
“Queremos llenar La Olla, ser parte de La Olla es ser Xela. Quetzaltenango alimenta a Quetzaltenango”. Gabriela Villatoro.

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