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Fecha de publicación: 2018-12-13
LAS VEGAS, NV - NOVEMBER 16: Ruben Blades poses in the press room during The 18th Annual Latin Grammy Awards at MGM Grand Garden Arena on November 16, 2017 in Las Vegas, Nevada. David Becker/Getty Images /AFP

Rubén Blades, intensamente panameño

Con 40 álbumes y 17 grammys el panameño creador de la 'salsa consciente' prepara su legado, en la cumbre de su carrera.

Por estrategiaynegocios.net

Yo no me llamo Rubén Blades es el título del documental que se estrenó en septiembre pasado sobre la vida del abogado, politólogo, cantautor, actor, político, exministro y humanista. La cinta recoge los 50 años de la carrera del artista, una vida con inicios difíciles en el campo musical, retadora en la academia e intensa en su familia.

Es el único de su familia en concluir estudios universitarios. Su padre y su madre no terminaron la primaria, pero la música latina sonaba siempre en su casa. Su madre Anoland Bellido de Luna era cubana y baladista, su padre Rubén Blades Bosques era colombiano y percusionista, su abuela tocaba el piano.

Blades se propuso terminar su carrera de Derecho en Panamá y lo logró. Su mayor felicidad fue el día que llamó a su familia, exiliada en Miami, para contarles que ya era abogado.

“Era un diploma familiar”, ha dicho. Más adelante hizo estudios de Derecho y Ciencias Políticas en Harvard.

En las décadas de los años 70 y 80 las dictaduras predominaban en Latinoamérica, incluida Panamá, Blades se negó a trabajar como abogado en un país en esas condiciones.

Voló a Miami donde sus padres. “Estaban pasando mucho trabajo allá”, contó el músico al programa Encuentro.

Tampoco podía trabajar como tal en Estados Unidos, pero ya tenía su cabeza llena de música, algunas canciones escritas y necesitaba trabajo, llamó a una disquera en Nueva York para ofrecerse y le dijeron que no. Insistió preguntando por “hacer lo que sea” y le dijeron que necesitaban a alguien que manejara el correo. Entonces Blades fue mensajero y también hacía labores de limpieza.

Un día tuvo la suerte de que Ray Barreto buscaba un vocalista para su banda, Blades fue a la audición y lo contrataron. A partir de ahí, su vida cambió. Y también cambió y revolucionó el estándar de lo que se hacía con la salsa. Ese cambio lo impuso desde la segunda mitad de los años 70 hasta hoy, lo que le ha dejado más de 40 álbumes y 17 premios Grammys.

A partir de 1977 se unió al trombonista y productor musical Willie Colón, tras lo cual ha sido imparable. Su música hablaba sobre lo que no se debía hablar, pero se dijo, se oyó y se vendió. Cada pieza retrata una realidad social que la salsa no tenía en sus líneas. El mensaje ha sido tan importante como el ritmo.

En 1977 grabó junto a Colón el álbum Metiendo Mano y un año más tarde Blades compuso Siembra, uno de los discos más vendidos del género salsa en todos los tiempos y considerado una obra maestra por su composición musical y contenido lírico. Este álbum marcó un antes y un después en la salsa, tiene un mensaje de orgullo cultural, justicia social y liberación política en época de las dictaduras.

El documental Yo no me llamo Rubén Blades es parte del legado que el cantautor desea dejar. “Esto es una parte de mi testamento. Es decir, cosas que son importante de decir, porque si no las digo y no las aclaro ahora, otros van a tratar de interpretarlas y no va a ser lo mismo”, dijo Blades el día del estreno durante el Festival del Cine Latino de Nueva York.

¿Porqué nos inspira?

Su música ha sido calificada como la “salsa intelectual, salsa consciente” y para ser consecuente con ella, Blades siempre ha estado muy pendiente de su país de origen.

Defensor de la igualdad y los derechos humanos, su próximo paso lo hizo regresar a Panamá. Blades se lanzó a la política en 1994 como candidato presidencial. Entre siete candidatos obtuvo el 20% de los votos.

No alcanzó la Presidencia, pero diez años después apoyó a Martín Torrijos en su búsqueda por la silla presidencial. Torrijos ganó y Blades asumió como ministro de Turismo (2004-2009).

“Durante los cinco años que estuve en la función pública me retiré de la música, ni siquiera tenía una guitarra en la casa, no hice cine, no hice giras, no hice discos”, contó Blades al programa Encuentro. Sólo una vez se presentó en Europa a propósito de una campaña para atraer turistas hacia Panamá.

Su participación en el gobierno le dejó la enseñanza de que, si se quieren cambiar las cosas, cambiar a personas corruptas y mediocres, hay que involucrarse y sustituirlas. No es vano uno de sus amigos afirmó que Blades es “intensamente panameño”.

La herencia

El documental “Yo no me llamo Rubén Blades” es parte del legado que el cantautor desea dejar. El director del documental es el panameño Abner Benaim.

Cuando Blades era ministro de Turismo el director llegó a su oficina a mostrarle otro documental y entre una conversación y otra, Benaim empezó a preguntarle detalles sobre su vida y se dio cuenta de inmediato que ahí había otra historia que contar. El filme se ha presentado en 15 festivales y ha ganado al menos cuatro premios y representará a Panamá en los Oscar 2019.

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