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Fecha de publicación: 2019-06-23

Centroamérica: Es la hora de la Economía Circular

La economía circular es un vehículo para “convertir las estrategias de negocios y de gobierno, en estrategias de crecimiento sustentable, en donde todos los ejes del desarrollo, ganan”, define el investigador Carlos Scheel del Egade Business School.

Por Ana Cristina Camacho, estrategiaynegocios.net

La compañía holandesa DyeCoo logró desarrollar un proceso de teñido para telas que no requiere agua ni productos químicos, echa mano del dióxido de carbono ‘supercrítico’ de alta presurización con el cual logra disolver la tintura que penetra hasta en un 98% en la tela. Cuando el dióxido de carbono se evapora, se recicla y se vuelve a usar. Nike y la empresa Ikea ya usan esta tecnología. En Australia, la firma Close the Loop recupera viejos cartuchos de impresora y plásticos suaves para convertirlos en materiales para carreteras una vez que son mezclados con asfalto y vidrio reciclado. La superficie resulta de mejor calidad y su vida útil es 65% mayor que el asfalto normal. Cada kilómetro de carretera ha requerido el equivalente de 530.000 bolsas de plásticos, 168.000 botellas de vidrio y 12.500 cartuchos de impresora usados.
Estos dos ejemplos (de muchos otros) denotan que la innovación es una de las características intrínsecas de la economía circular. Como bien lo señala Ronald Arce, investigador del Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible (CLACDS) del INCAE Business School, este modelo es clave porque conecta, tanto a los actores que logran hacer un uso de los recursos disponibles, como a los niveles técnicos para el desarrollo tecnológico. No en vano, la economía circular ha posibilitado procesos productivos con menor uso de recursos e incluso, con materiales que en años anteriores era imposible imaginar.
Arce asegura que algunos países han logrado tasas de crecimiento económico relativamente altas con este tipo de innovaciones y desarrollos, a la vez disminuyen los consumos de materias primas como metales. Pese a lo anterior, este modelo circular no ha logrado escalar en todas las regiones por igual: mientras en Europa y parte de Asia marchan a golpe de tambor, en América Latina la penetración camina a paso lento.
Innovación y tecnología son intrísencas a este nuevo razonamiento económico cuya fuerza demostrativa y beneficios son cada vez mayores: posibilidad de regenerar el medio ambiente, surgimiento de nuevos negocios con valor agregado y; menores costos en los procesos productivos.

TODOS GANAN

Carlos Scheel, profesor e investigador del Egade Business School del Tecnológico de Monterrey de México reconoce que la economía circular es un vehículo para “convertir las estrategias de negocios y de gobierno, en estrategias de crecimiento sustentable, en donde todos los ejes (social, ambiental y económico) del desarrollo, ganan. Es una forma de crear riqueza sustentable y compartida para todos”.

Si bien es un concepto surgido en los años 70, la revolución tecnológica lo precipitó. Por eso las tecnologías digitales son clave para que funcione en tanto busca soluciones para compartir recursos, reciclar, reusar, re-manufacturar; aboga por las tecnologías limpias y verdes y encierra siempre procesos transformadores que la tecnología permite crear.
“Es un cambio de conciencia enorme, pues la misma innovación debe de evolucionar, de innovar productos para vender más o tener más rentabilidad a innovar sistemas circulares de valor. Es romper el paradigma del crecimiento económico y crear uno nuevo y más realista con las condiciones del planeta. Es pasar de innovar el carro eléctrico (producto) a innovar el sistema de movilidad. Este es el gran reto de todos, el de crear las condiciones apropiadas y el cambiar a una visión sistémica, de otra forma son intentos que no persisten”, aseguró Scheel.

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MODELOS COLABORATIVOS QUE APORTAN

A la par de la disrupción tecnológica está el poder ciudadano empujando a empresas y gobiernos hacia esquemas de mayor protección por el medio ambiente y por la consolidación de modelos colaborativos. Luis Martínez, consultor asociado del Centro de Innovación y Economía Circular (CIEC), Académico de la Facultad de Economía, Gobierno y Comunicaciones de la Universidad Central de Chile confía en el impacto social de la economía circular y la influencia que desempeñan los modelos colaborativos como espacios de encuentro para el intercambio de valor en todas sus dimensiones: comprar, vender, prestar, arrendar/alquilar, regalar, etc.
Dado que los modelos colaborativos realizan un uso intensivo de plataformas digitales con el consiguiente ahorro de tiempos y costos asociados a estos intercambios, es que se ha transformado el sentido de la propiedad (se valora más el uso o el acceso a bienes y servicios) y por su naturaleza, impacta directamente en un menor uso de recursos materiales. Allí estriba precisamente la relación del modelo colaborativo, las plataformas digitales y la economía circular.

Sector privado, eslabón clave de transformación

La circularidad está consustancialmente ligada a la producción, nace y se reinventa con ella. Los expertos consultados reconocen que el principal cambio para garantizar el tránsito de un modelo a otro es cultural, donde la participación activa de las empresas resulta esencial. El sector productivo ­–admitió Ronald Arce del CLACDS– debe cuestionarse: ‘cómo se hacen las cosas ahora’, ‘qué materiales se usan y por qué’; siempre discutir alternativas de otras fuentes. Luego vendrán las consideraciones en torno al diseño de los productos y pensar qué se puede hacer para facilitar la recuperación de los residuos.
Estar tan enfocados en los procesos de producción aleja con bastante frecuencia a los empresarios de preocupaciones sobre medidas de sostenibilidad. El punto de quiebre lo dan precisamente los consumidores en el momento en que las exigencias por productos y servicios generados de manera sostenible, se vuelve más patente y entonces afloran los emprendimientos con fuertes componentes sociales y ambientales. Estos empiezan generalmente con medidas de eficiencia energética con un retorno de inversión de un par de años, según destacó Bert Keesman de MetaSus.
“No es muy común todavía que el empresario cambie a energía renovable. Por un lado, necesita un 100% de seguridad de la disponibilidad de energía, y por otro, no paga mucho por la electricidad y el calor por las tasas reducidas de grandes usuarios. En cuanto al tratamiento y manejo de residuos y el reciclaje, la gran mayoría de las empresas necesita reglas y una consistente aplicación de estas por parte de las autoridades” destacó Keesman.
Otro elemento clave para propiciar el cambio es la confianza. Acoger un modelo nuevo siempre trae desconfianza al inicio, explicó Luis Martínez, tanto por los montos de inversión (reconversión, maquinaria, adopción de tecnologías, capital humano especializado), como porque es un modelo disruptivo.
Desde la perspectiva de Martínez lo importante es que el sector privado avanza firme aunque cauteloso y ha entendido que el modelo circular implica mantener en el ciclo productivo los recursos y materiales el mayor tiempo posible, generar un mejor retorno mediante el impacto positivo en lo ambiental, económico y social.
Lógicamente el ritmo de avance está condicionado también al tipo y uso de recurso y a las externalidades de las diferentes industrias. Empresas de servicios tendrán procesos muy diferentes respecto a las empresas extractivas, por ejemplo.
“Por ejemplo, en la industria minera cada día se suman más empresas a revisar sus procesos productivos de forma de generar condiciones favorables para la transición hacia un modelo circular” dijo Martínez.

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