Claves Del Día
Fecha de publicación: 2019-04-09

La salida de Nielsen fortalece el ala dura anti migrantes en la Casa Blanca

El asesor Stephen Miller o el consejero de Seguridad Nacional John Bolton sacan del panorama a funcionarios 'moderados' que ven como un obstáculo a las políticas radicales que proponen para lidiar con la inmigración y de paso, con la mirada en 2020, mantienen vivo el tema que más energiza a la base electoral del presidente.

Por Univision.com

Kirsjten Nielsen se convirtió en la cara de la dura política migratoria de Donald Trump, la defensora de la cuestionada política de ‘tolerancia cero’ que implicó la separación de centenares de familias centroamericanas, la feroz portavoz de la estrategia de la Casa Blanca ante el Congreso, pero todo eso no fue suficiente y la secretaria de Seguridad Nacional salió del puesto este domingo luego de perder la confianza del presidente.

Varios factores confabularon contra Nielsen, quien se convierte en otra alta funcionaria triturada por la maquinaria política que ha puesto en marcha el ala más dura del gobierno contra la inmigración, legal e ilegal. La mañana del lunes, varios medios, citando conversaciones con fuentes internas de la Casa Blanca, aseguraban que el consejero de seguridad nacional John Bolton y el asesor del presidente Stephen Miller fueron los artífices de la salida de Nielsen, a quien Trump terminó culpando por la falta de control de la creciente ola de centroamericanos que llegan a la frontera buscando asilo en EEUU.

La publicación especializada Politico reporta que Miller, aparentemente frustrado con la falta de avance en el control de ese flujo migratorio, ha estado comunicándose directamente con funcionarios de departamentos involucrados, como el de Estado, Justicia o Seguridad Nacional, para exigir medidas concretas sin hablar primero con los jefes de esas agencias, algo inusual en Washington, donde las jerarquías burocráticas suelen respetarse.

Miller, de 33 años, ejerce gran influencia en el diseño de la política migratoria del gobierno federal y goza de una estabilidad con la que pocos cuentan en la Casa Blanca de Trump. De acuerdo con fuentes citadas por CNN, el mandatario le ha dado carta blanca para que haga reajustes en el Departamento de Seguridad Nacional y en estos momentos estaría ejecutando su plan, que implica el reacomodo de la cúpula burocrática.

Este lunes, apenas horas despúes de anunciada la salida de Nielsen trascendió que Randolph Alles, el director del Servicio Secreto, la agencia encargada de proteger al presidente y otros líderes y parte del DHS, sería sustituido por James Murray. Sí se sabe que Nielsen estuvo de malas con el principal asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, quien desde hace varios meses venía sugiriendo al presidente que era necesario hacer cambios en ese departamento para poder cumplir con una de las principales promesas de campaña de Trump: construir el muro con México y reducir el número de inmigrantes que entran a EEUU, legal e ilegalmente.

Sin el favor presidencial

Nielsen padeció la misma ruta que algunos de sus predecesores, como el exsecretario de Justicia Jeff Sessions o el exsecretario de Estado Rex Tillerson, quienes fueron perdiendo el favor del presidente y se vieron desautorizados varias veces desde la Casa Blanca.

En el caso de Nielsen, primero se produjo el abrupto corte de la ayuda financiera a Centroamérica apenas días después de que ella firmara un nuevo acuerdo con gobiernos regionales que el DHS calificó de “histórico” paso para “controlar la inmigración ilegal en su origen”, como indica el comunicado publicado apenas el 28 de marzo en la página web del departamento.

Luego, la semana pasada, vino el sorpresivo retiro del nominado para dirigir la fuerza de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) Ronald Vitiello, quien desde mediados del año pasado esperaba la confirmación de un comité del Senado para que su candidatura pasara al pleno.

“Ron es un buen hombre, pero vamos en una dirección más dura”, dijo el presidente el viernes a los reporteros de la Casa Blanca, en un anuncio que tomó por sorpresa a Nielsen, a cuyo departamento está asignado ICE.

En el caso del aún director interino de ICE (Trump no ha dicho a quién propondrá en lugar de Vitiello) la figura de Miller parece haber jugado algún papel.

De acuerdo con lo que han dicho a medios fuentes del ejecutivo, en opinión del asesor presidencial, Vitiello no tendría el compromiso con las nuevas políticas migratorias para imponerlas sobre una burocracia de la cual ha sido parte desde 1985, cuando se enroló en la Patrulla Fronteriza. Trump cobra en sus asistentes las frustraciones de no poder avanzar la agenda migratoria que quisiera imponer para cumplir con las expectativas de su base electoral, pese a que está imposibilitado de hacerlo por restricciones que imponen las leyes nacionales y los compromisos internacionales asumidos por Washington.

Este viernes, durante un viaje a la frontera en California, Trump criticó el Acuerdo Flores de 1997, aunque demostró que no sabía de dónde salía ese acuerdo que impide que el gobierno detenga menores de edad indocumentados al criticar al “juez Flores” por la “desastrosa” decisión. El acuerdo toma su nombre de la salvadoreña de 15 años que fue detenida en 1995 en la frontera y desató la pugna legal que terminó en el compromiso.

Al día siguiente, ante una convención de judíos republicanos en Las Vegas, el presidente se burló de esos centroamericanos que buscan protección en la frontera y aseguró que las leyes de asilo son un “fraude”.

No pueden entrar. Nuestro país está repleto (de gente) ¿Qué podemos hacer? No podemos manejarlo más. Nuestro país está lleno. No pueden entrar, lo siento”, dijo el presidente a la Coalición Judía Republicana, entre quienes había sobrevivientes del Holocausto que obtuvieron asilo en EEUU en tiempos de la Alemania nazi y la Segunda Guerra Mundial.

El derecho al asilo está recogido en el título 8 del Código Legal de EEUU, dentro del capítulo de Inmigración y Nacionalidad, en concordancia con los convenios internacionales que rigen el derecho de asilo a poblaciones vulnerables por razones políticas, sociales, religiosas o de género.

Aunque los centroamericanos que llegan a la frontera indican que huyen de la violencia perpetrada por los grupos criminales en sus países de origen, muchos aseguran que se trata de migrantes económicos que buscan una mejor vida para ellos y sus familias y que EEUU no tiene la capacidad de absorberlos, además de no entrar en la categoría de los que huyen por razones que no son económicas.

Solo y radicalizado

En la radicalización de su discurso migratorio, Trump se va deshaciendo de colaboradores que cuestionan medidas como el anunciado y no cumplido cierre de la frontera, la imposibilidad de cumplir la amenaza de despedir a los jueces migratorios o la suspensión de la ayuda con la que los países centroamericanos tratan de combatir el fenómeno de la pobreza y la violencia que impulsa a muchos a emigrar.

Por su estilo gerencial, el presidente Trump parece sentirse mejor con asesores controlables que asientan a sus impulsos y no le cuestionen las estrategias, por descabelladas (o ilegales) que puedan ser. De allí que a lo largo de su mandato haya tenido varios secretarios y funcionarios interinos, algo que no les permite a ellos ejercen un control efectivo de sus agencias porque se encuentran a merced del oscilante ánimo presidencial.

El problema es que no se trata de tener secretarios y asesores que piensen como él (algo que empobrece el debate estratégico y político en cualquier gobierno) sino que no depende de ellos, ni de la voluntad presidencial, sino de la estructura legal estadounidense.

Aunque la intención de la Casa Blanca sea tomar atajos y modificar de hecho por vía ejecutiva algunas provisiones legales migratorias, todas son desafiadas en los tribunales por grupos de promoción de los derechos humanos y estados gobernados por demócratas que no comparten la visión restrictiva que se quiere imponer desde Washington DC.

El único terreno donde podría resolverse definitivamente el problema es en el Congreso, donde se pueden modificar las leyes existentes y crear nuevas que satisfagan a Trump. Pero es muy poco probable que los demócratas acepten la filosofía de la Casa Blanca y mucho menos que le ayuden a contar con algo que pueda presentar como una victoria de su empeño personal. La continuación del debate garantiza que Trump tendrá como centro de su campaña por la reelección el tema migratorio, el que lo impulsó a la Casa Blanca en 2016 y uno en el que ha sabido explotar las emociones extremas que suscita un problema que lleva décadas sin poderse resolver.

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