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Fecha de publicación: 2019-04-19
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Cómo adaptarse a las nuevas tendencias laborales

Desarrollo de nuevas habilidades e incorporación al mundo digitalizado son esenciales para responder a las tendencias que reconfiguran el empleo.

Por María José Núñez Chacón

El mundo del trabajo se ha transformado radicalmente, pasando por cambios demográficos, tecnológicos, modelos empresariales, de contrato y de desarrollo productivo. Esto ha impulsado también una modificación en la incorporación y ajuste de las profesiones y empleos.

Este cambio del mundo laboral es influido en gran medida por procesos de globalización; digitalización, robotización y automatización de procesos; así como tendencias a la tercerización en diversas áreas.

Además de los ajustes que se han generado en el mercado tradicional, hay nuevos modelos de negocios, que incluyen plataformas online, cadenas mundiales de suministros, productos y fábricas inteligentes, manufactura distribuida, trabajo por demanda o por encargo de productos o servicios específicos.

Frente a esta realidad, hay una fuerte búsqueda por profesionales de ciertos grupos ocupacionales para atender las necesidades del sector productivo y empresarial, lo que significa una alerta para las universidades y centros de formación, los cuales deben girar su atención y mayores esfuerzos en fortalecer dichas carreras.

Estas profesiones están vinculadas con Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC´s), internet de las cosas, big data, automatización del trabajo del conocimiento, inteligencia artificial, robótica avanzada, manufactura, génetica de bioprocesos, entre otras. La demanda de empleo en estos grupos ocupacionales que atienden estas necesidades del sector productivo va creciendo exponencialmente.

Pero esto puede enfrentar a los trabajadores a una mayor desigualdad, pues aquellos con las altas cualificaciones y más conectados podrán ganar más, mientras que aquellos que no se han adaptada a la digitalización y tienen menos estudios tenderán a perder oportunidades.

El panorama es incierto, pues un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), denominado. “El futuro de la formación profesional en América Latina y el Caribe” reveló que en América Latina y el Caribe hay 25 millones de desempleados, un 53% de la fuerza laboral se encuentra en el sector informal, un 30% está bajo la línea de pobreza, el desempleo juvenil se ubica en el 18% y continúan las brechas por género y etnias.
De ahí que urgen políticas de desarrollo productivo en los países para un crecimiento más inclusivo y con mejores empleos, pero, además se debe invertir en formar al recurso humano con las destrezas que requiere el mercado laboral.

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“Las empresas no sólo buscan profesionales en las nuevas áreas, sino que hay una aceleración en la demanda del desarrollo de nuevas habilidades en el recurso humano, como persistencia, adaptabilidad, curiosidad, iniciativa, liderazgo, conciencia social, comunicación asertiva y colaboración. La gente requiere entrenarse y reentrenarse, retando a los sistemas educativos”, detalló José Manuel Salazar, director para Centroamérica y el Caribe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el marco de la Reunión Regional Americana.

Precisamente, la formación del recurso humano debe ir de la mano, en tiempo real, con el impulso de dichas políticas de desarrollo productivo y de las necesidades del sector, además de incluir la colaboración público-privada. Sobre todo, porque ha quedado al descubierto que en Latinoamérica la calidad educativa que reciben los jóvenes de ingresos bajos es muy diferente a la de ingresos medios y altos, lo que reduce significativamente las oportunidades. Pero estas brechas se podrían solventar en gran medida con la formación de habilidades para el mercado laboral.

De profesiones a habilidades

La OIT prevé que entre el 2015 y el 2020 la demanda de habilidades requeridas en los trabajadores habrá cambiado en promedio un 35%, además, estima que el 65% de los niños que inician hoy la educación tendrán actividades y trabajos que todavía no existen.
“Tradicionalmente nos enseñaron que para competir en el mercado laboral necesitamos títulos y no habilidades. Aún puede ser que se requieran los títulos, pero al lado de estos, las personas deben contar con una caja llena de habilidades”, añadió Salazar.

En este sentido, se requiere que el recurso humano incorpore una mayor apertura en la forma de pensar, de resolver problemas y que sean personas proactivas.
Para el experto, es indispensable adquirir pensamiento crítico, aceptar los desafíos o las nuevas situaciones, que logren comunicarse eficientemente y, en definitiva, que se inserten en el mundo digital y el desarrollo de capacidades que se aprovechen de forma virtual.

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El Instituto McKinsey Global estima que el potencial de automatización de los puestos de trabajo en América Latina y el Caribe podría llegar al 50%, es decir, la mitad del tiempo que el trabajador pasa en su empleo podría ser automatizable. Entonces las nuevas habilidades del recurso humano, necesariamente deberán incluir el manejo de sistemas automatizados.
Esto porque las redes digitales y la infraestructura en comunicaciones han producido una plataforma, en la cual las personas, organizaciones y sector productivo crean sus estrategias, interactúan, colaboran, comercializan, trabajan y buscan información, abriendo paso a esas nuevas formas de trabajo y habilidades.

Entre esas habilidades digitales destacan el manejo de computación distribuida y en la nube, el análisis estadístico, minería y presentación de datos, así como el diseño de interfases de usuario. Así lo destacó la red LinkedIn en su estudio Top skills that can get you hired.

También cuenta la creatividad, toma de decisiones y el procesamiento de las informaciones complejas. Se calcula que estas habilidades habrán crecido para el 2030 un 19% en Estados Unidos y un 14% para Europa.

El operador del futuro deberá tener la capacidad de lidiar con máquinas inteligentes, de adaptación, observación, medición y decisión, así como la habilidad de aprender y adaptarse a los cambios.

El informe sobre el Futuro del Trabajo de la OIT es claro en este sentido, y señala que, por ejemplo, hoy un responsable de distribución de alimentos en un camión de reparto debe tener la capacidad de analizar información sobre el volumen y disponibilidad de stock, decidir las rutas de entrega a partir de datos sobre el tráfico e informar a los clientes sobre las características de los productos. Antes solo tomaba pedidos y hacía las entregas.
O en sectores como la agricultura de precisión, los nuevos empleos tienen como enfoque analizar datos y cifras sobre variables como humedad, pluviometría, calidad de suelos, rendimientos por áreas, entre muchos otros; datos que requieren ser procesados y organizados.

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Lo que evidencia que la incorporación de estas nuevas habilidades se orienta a todos los nichos laborales. La creación de un mejor futuro del trabajo, requerirá la formulación e implementación de políticas efectivas para capacitar al capital humano de la región y así mitigar el impacto de la tecnología en los niveles de empleo, en la desigualdad y promover la inclusión laboral. Además, incidirá en una mayor incorporación de profesionales independientes en el mundo del trabajo.

Para Fernando Vargas, especialista en formación profesional de OIT-CINTERFOR, entre el 2025 y el 2030 los empleos más demandados podrían ser optimizador de tráfico de drones, minimizador de impacto del medio ambiente, gastrónomo molecular, psicólogos y terapeutas de plantas, arquitectos de realidades virtuales y terapeutas del aumento de la memoria.
“Suena a una escena irreal, pero en realidad son las tendencias que se vienen marcando. Esto trae desafíos a las universidades, escuelas y colegios, porque deben enfocarse en el desarrollo de competencias digitales, de inteligencia emocional digital y ahí las redes sociales juegan un papel muy importante, pues definirá cómo nos ve el mundo y los empleadores comienzan a hacer un análisis de los candidatos a través de sus páginas personales”, detalló Vargas.

La educación, señaló el especialista de OIT, deberá enfocarse en el aprendizaje a través de los retos, proyectos y soluciones de los problemas, porque la gente no puede continuar aprendiendo bajo el modelo educativo diseñado en el siglo pasado.

“Es vital aprender capacidades transversales, formarse en al menos un idioma adicional, el aprendizaje por asignaturas ya no es la vía, sino a partir de la generación de espacios para solucionar problemas. Pero es una tarea pendiente, pues muchas consultoras de recursos humanos aseguran que los empleadores tienen dificultades de llenar sus vacantes por falta de habilidades, como un estudio de Manpower que plantea que el 40% no logran encontrar al personal que requieren”, añadió.

Un trabajo lleno de desafíos

Los grandes cambios que ha experimentado el mercado laboral chocan de frente con una realidad que vive Latinoamérica,yenespecial,Centroamérica,relacionada con la urgencia de garantizar más y mejores trabajos para las generaciones más jóvenes, enfrentar el incremento del empleo informal y la reducción de brechas y oportunidades entre hombres y mujeres.
De acuerdo con Guy Ryder, Director General de la OIT, la región presenta signos de gran incertidumbre, en lo que respecta a los mercados del trabajo, luego de la desaceleración económica en el año 2014, seguida por una contracción y hoy una lenta recuperación.
“Para el 2014 se dio la tasa más baja de desempleo promedio que habíamos registrado en la OIT, para un 6,1% y en 2017 alcanzamos un 8,1%, la más alta de la década y para el primer semestre de este año llevamos un 8,8% y aunque hace unos meses pensamos que la tendencia se podía disminuir, ahora vemos que es poco probable que se revierta”, explicó Ryder.

El tema del desempleo resulta una preocupación para los países latinoamericanos, aunado a una fuerte presencia de la informalidad, que llega a tasa promedio del 53%.
Una cifra que se traduce en 140 millones de personas en América Latina y el Caribe que no cuentan con las garantías de seguridad social, cotizaciones para la jubilación, ni derechos laborales, expuestos muchos de ellos a condiciones de trabajo inseguras, ingresos irregulares y más bajos, así como extensas jornadas. Y claro está, la mayoría sin acceso a la formación en las áreas de Tecnologías de la Información y la Comunicación o al incentivo para desarrollar habilidades blandas.
Las mujeres son parte de los grupos más afectados por la informalidad y el desempleo, a pesar de que se han dado avances en inclusión al mercado laboral, ellas alcanzan una tasa de desempleo del 11%, en relación con un 7,8% en promedio de los hombres.
“Mientras la participación femenina pasó de un 49,8% en el 2017 a poco más del 50% en 2018, el desempleo de las mujeres es 1,4 veces más que el de los hombres; sumado a una importante brecha salarial y condiciones que las mantienen en desventaja”, indicó Ryder.

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