Centroamérica & mundo
Fecha de publicación: 2021-09-11

Loris Zanatta: El historiador que desnuda el populismo

En su nuevo libro el historiador italiano sigue de cerca la unión entre iglesia y política y analiza cómo hacen sinergia en los países latinoamericanos.

Por Gabriela Origlia / Revista E&N

El historiador italiano Loris Zanatta, conoce América Latina y la estudia, como pocos. Vive y enseña en Bologna (Italia) y sigue al detalle lo que pasa al otro lado del océano. Está convencido de que el populismo es la forma en la cual Latinoamérica, en época de secularización, “vive la guerra de religiones que Europa vivió cuando se fragmentó la cristiandad en el siglo XVI y XVII”. Acaba de publicar su libro “El populismo jesuita. Perón, Fidel, Chávez, Bergoglio” en donde analiza cómo iglesia y política se unen por el anticapitalismo y el antiliberalismo.

En diálogo con E&N advierte que si, en Nicaragua, Daniel Ortega, usa de forma “tan descarada la represión es porque se siente fuerte y porque el entorno geopolítico lo protege”. Sostiene que el nicaragüense sabe que “forma parte de una familia política donde también están (Andrés) López Obrador, (Alberto) Fernández en la Argentina, Nicolás Maduro en Venezuela. Sabe que tiene protección”.

Durante la conversación pone la lupa sobre el rol de la Iglesia respecto de estos regímenes populistas en la región, el del Papa Francisco y proyecta los tiempos de la post pandemia, donde espera que las sociedades demanden más y los “populismos y autoritarismos” se encontrarán con problemas para dar respuestas.

¿Le preocupa lo que está pasando con Daniel Ortega en Nicaragua y el impacto que podría tener en la región?

El de Ortega es un tema que viene de lejos, casi todo el mundo se hace el no enterado de por qué se repiten situaciones en la región de revoluciones populares que anuncian un “mundo nuevo, un hombre nuevo” basado en una idea redentora. Es igual en Nicaragua, Cuba, o Venezuela. Hoy Ortega es analizado como si no fuera el mismo que fuera celebrado como un “héroe” de la revolución…

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En la región hay “condenas” a Ortega, ¿debería haber algo más?

Creo que si Ortega usa de forma tan descarada la represión es porque se siente fuerte y porque el entorno geopolítico lo protege. Hay que reconocer que la región no ha hecho mucho para limitarlo, los gobiernos aparecen como tolerantes y sus medidas son simbólicas. Es que Ortega forma parte de su familia política donde también están (Andrés Manuel) López Obrador, (Alberto) Fernández en la Argentina, Nicolás Maduro en Venezuela… Sabe que tiene protección.

Mencionó el concepto de “idea redentora”, ¿qué papel cumplió o cumple la iglesia latinoamericana en este contexto?

Con la Iglesia pasa siempre lo mismo con todos estos regímenes incluido el de Ortega, quien tuvo sacerdotes como ministros, creían que el régimen era cristiano marxista, el punto cúlmine del diálogo cristiano marxista. Es lo que yo llamo populismo jesuita, cree en políticas que tienen un imaginario, un lenguaje, una ideología de tipo religioso, son mesianimos seculares con los pies bien plantados en la tradición religiosa. Es un patrón que se repite con el peronismo, el castrismo, el sandinismo.

En un primer momento la Iglesia tiene un rol relevante no solo de apoyo político sino de aval de esa visión del mundo con “líderes herederos” que crearán un orden de tipo cristiano, pero después termina por chocar, porque los regímenes crean religiones políticas, transforman su política en religión es una especie de competencia. Y fracturan a la Iglesia porque hay una parte que ve en el régimen la realización de la ideología de la cristiandad, pero la jerarquía no puede tolerarlo. Ya había pasado en Europa, pero la irrupción protestante modificó eso.

¿Por qué cree que se repite cíclicamente esa conducta? ¿No aprende la Iglesia?

No aprendieron y hay una razón; no es porque sea tonta la Iglesia, que no lo es, todo lo contrario. En la historia de cristiandad se repite lo de la fusión de orden político y religioso, se mantuvo porque no hubo reforma protestante como en Europa, donde se fragmentó; en Latinoamérica la idea de unidad se sigue plasmando profundamente, esa es la visión del mundo del catolicismo latinoamericano.

Los regímenes tocan una cuerda muy sensible que es la de devolver a la región a su pasado mítico y comparten con sectores de la Iglesia la idea de que el verdadero enemigo es el liberalismo, el capitalismo en cuanto fruto de la civilización protestante. Así se explica que caigan en el mismo patrón, en que si la economía de mercado se expande amenaza con corromper al pueblo “puro”. Prefieren un régimen con desviaciones pero que, al final, va sobre lo mismo que ella.

Y a veces la Iglesia participa…

Volviendo a Nicaragua, tenemos el caso de Ernesto Cardenal, brillante poeta, que siempre se enamoró y se quedó decepcionado. Fue ministro de Ortega y se decepcionó; se enamoró de Chávez y lo mismo. Es como una visión milenerarista de la historia, de que allí está la salvación del hombre, pero se dan la cabeza contra la pared.

¿Qué rol juega el Papa Francisco en esta dinámica?

Misterio. Si uno le pregunta tendrá la típica respuesta políticamente correcta de que al Papa no le es indiferente esta situación, pero es muy respetuoso de la autonomía de Conferencias Episcopales y las deja en la lucha a ellas. Por haber estudiado a fondo a Jorge Bergoglio (NR: Papa Francisco) estoy convencido de que no solo hay que prestar atención a lo que dice sino a lo que no dice; en todo este tiempo dijo lo menos posible pero no miremos no tanto la palabra cuanto los gestos que son significativos.

Retiró de Nicaragua, en el momento más conflictivo con el Gobierno, un arzobispo con la excusa de protegerlo; al cardenal Jorge Urosoa de Caracas le aceptó su pedido de jubilarse al llegar a los 75 años, no era de su línea teológica. La diplomacia vaticana no hizo ningún paso significativo. El Papa no tiene ninguna simpatía por Maduro u Ortega, eso es así, pero ve en estos movimientos a “ovejas descarrilladas” pero que pertenecen al bando nacional popular, tienen raíces cristianas, aunque sean heréticas, peor es el riesgo de que podrían venir el “tremendo liberalismo” y el capitalismo “antipopular y extraño a las raíces católicas”. Lo que hace es lo que vemos también en Cuba, tratar de recuperar al redil.

¿Puede la pandemia haber ahondado estas tendencias autoritarias?

Entiendo que es demasiado pronto para saberlo, todavía tiene que desencadenar todos sus efectos socio económicos y eso pasará a medida que se achica la dimensión sanitaria. Hasta ahora diría que sí, especialmente en Latinoamérica donde por mal gobierno o por falta de recursos la pandemia se gestionó muy mal. La emergencia sanitaria es una excusa para concentrar poderes y limitar las libertades individuales. No sólo es una tendencia populista, sino que la sociedad -en emergencia- pide más Estado, más protección, más y más…

Los problemas se empezarán a ver cuándo se requiera de buenos gobiernos para salir de la crisis, dar crecimiento, evitar la corrupción. La gente, todos, tenemos ganas de vivir y entiendo que el populismo va a pasar por muy malos momentos cuando lleguen esos reclamos, ya lo estamos viendo en Europa donde hay una resaca del populismo, donde se ve la brecha entre su relato y la realidad.

Creo que ineptitud se pagará por la demanda más exigente de la gente, la van a pasar mal.

¿Cuánto incide la tecnología en estas demandas?

Hace que las capas sociales marginadas y excluidas quieran una inclusión mayor; la tecnología puede favorecer a la escuela y al trabajo. Las pandemias, como las guerras, generan una destrucción creativa. Hace siglos el economista Joseph Schumpeter planteó que para avanzar y que haya progreso se pasa por una destrucción tecnológica que por supuesto causa conflictos y es un sacrificio, pero también abre las oportunidades de incluir más, de ser más productivos.

Vamos a seguir viendo una transformación tecnológica espectacular, ese es uno de los grandes temas y hay que ver la capacidad de la sociedad de contrastar con el populismo. Es probable que esos regímenes empiecen con un relato anti tecnológico de ver la tecnología como un peligro que rompe vínculos sociales, que destruye empleo y despersonaliza. Espero que haya un discurso político más positivo para incluir más.

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