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Fecha de publicación: 2017-02-13

Odebrecht: el caso de corrupción en Latinoamérica que se destapó con 'Las confesiones del fin del mundo'

Es, quizás, el mayor proceso por corrupción en la historia del continente. Y todo comenzó con la declaración de Marcelo Odebrecht.

Por El Espectador

Lo dijo alguien en redes sociales: “Lo que no logró Bolívar lo hizo Odebrecht” . Es decir: unir a todo el continente. Aunque en su caso en un escándalo de corrupción que promete tumbar gobiernos. No es gratuito el nombre que la prensa brasileña le dio a las declaraciones que dieron origen a este proceso: “Las confesiones del fin del mundo”.

Se trata de los testimonios de Marcelo Odebrecht y otros 77 directivos de esta multinacional. Declaraciones que tienen en la mira de la justicia a varios presidentes y expresidentes latinoamericanos. Y eso que apenas se conoce una parte de lo que ellos le han dicho a la justicia. Es la punta del iceberg. Y mientras más se desenreda la madeja, más involucrados salen a la luz.

Ha sido una constante en este proceso que permanecería en las sombras de no ser porque la justicia brasileña se topó con él investigando un caso de corrupción menor (aunque de gigantescas proporciones). Por ello, para comprender lo sucedido con este imperio caído en desgracia, hay que remontarse en el tiempo, por lo menos hasta 2013. Así comienza esta vertiginosa historia:

A mediados de 2013, mientras la justicia brasileña investigaba a un cambista ilegal, Carlos Habib Chater, dio con una red mayor. Se trataba de una red de lavado de activos comandada por Alberto Youssef, quien tenía varios lavaderos de carros, por lo que el caso fue bautizado como Operación Lava Jato.

Un pez chiquito llevó a las autoridades a uno más grande, y éste a un pez gordo: el exdirector de Abastecimiento de Petrobrás, Paulo Roberto Costa.

Y todo por un regalo: una Land Rover de la que Costa se antojó y que Youssef le regaló muy acomedidamente. Los investigadores, tratando de entender por qué Youssef le había regalado a Costa una camioneta de US$80 mil, se dieron cuenta de que la red que Youssef comandaba lavaba activos producto de sobornos que Costa cobraba para favorecer a empresarios con contratos con la mayor empresa del país.

Entre ellos, uno cobrado al Consorcio Nacional Camargo Correa, para que se quedara con el contrato para la construcción de la Refinería Abreu e Lima, en Pernambuco, cuyo valor ascendía a US$806 millones, aunque al final se pagó casi el triple. Ambos, Youssef y Costa, fueron detenidos en marzo de 2014. Primero Youssef, cuando trataba de salir de Brasil y, unos días después, Costa.

En poco tiempo decidieron colaborar con la justicia a cambio de beneficios jurídicos. Y ahí empezaron las delaciones. De repente fue claro que las autoridades estaban ante el hasta entonces mayor caso de corrupción en Brasil y que la red que desangraba a Petrobrás involucraba a políticos de todos los partidos y empresarios. Se calcula que la cantidad de dinero desviada pudo ascender a los US$5.000 millones, una cifra mucho mayor a la percibida por el Gobierno colombiano por la venta de Isagén.

Otros peces gordos, como el exdirector de Servicios de Petrobrás Renato Duque, fueron cayendo gracias a las declaraciones de Costa. Gracias a este testimonio la justicia brasileña puso sus ojos sobre la multinacional de la construcción Odebrecht después de que Costa confesara haber recibido sobornos por US$31 millones por parte de esta empresa. Odebrecht, por supuesto, negó todo, pero el cerco en contra de Marcelo Odebrecht se cerraba.

Se abrieron varios frentes. En marzo de 2015, el magistrado Teori Zavascki (fallecido este año en un accidente aéreo) empezó a investigar a por lo menos 46 políticos involucrados con la Operación Lava Jato. Una lista que se fue engrosando con el tiempo.

En otro frente, Marcelo Odebrecht, nieto del fundador de la multinacional, era el objetivo principal. El multimillonario empresario fue detenido en São Paulo en junio de 2015. Todo estaba en contra de Odebrecht. La justicia tenía información en su contra, entre otras una carpeta (hallada durante un allanamiento y al parecer olvidada por una secretaria) en la que figuraban los nombres de otros presuntos miembros de la gigantesca red.

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El continente empezó a temblar. Odebrecht hacía presencia en varios países de América Latina y los coletazos eran inevitables. En Brasil, una frase del padre de Marcelo, Emilio Odebrecht, daba una idea de lo que podía pasar: “Tendrán que construir tres celdas más: para mí, Lula y Dilma” . Fueron las palabras, quizá premonitorias, del expresidente de Odebrecht.

En marzo de 2016, Marcelo Odebrecht fue condenado a 19 años y cuatro meses de prisión. Entonces la justicia le hizo una oferta que, aunque quería, no podía rechazar: colaborar con la justicia a cambio de que le rebajaran la pena y de evitar la muerte del imperio de su abuelo, fallecido en 2014.

Odebrecht empezó a colaborar con Brasil y con otros países, y fue el inicio de todo. El 3 de noviembre de 2016 el acuerdo fue confirmado: a Odebrecht se le redujo la pena a la mitad y se acordó que el empresario quedaría en libertad condicional en diciembre de 2017, a cambio de que colaborara.

El acuerdo empezó a dar resultados en diciembre de 2016, cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos dio a conocer que Odebrecht se había comprometido a pagar US$3.500 millones por “el mayor caso de soborno internacional de la historia”.

Entre otras, el informe del Departamento de Justicia reveló que entre Petrobrás y Odebrecht existían vínculos más estrechos de lo que se pensaba, que las unía una empresa petroquímica que había pasado de agache en todo este escándalo: Braskem.

“En Odebrecht y Braskem tenían un departamento que operaba de manera oculta pero completamente funcional, un ‘departamento de coimas’, por decirlo de alguna forma, que pagaba cientos de millones de dólares a funcionarios de gobierno corruptos de todo el mundo de manera sistemática” , dijo el subprocurador de la División Penal del Departamento de Justicia, Sung-Hee Suh.

Y eso que el subprocurador se quedó corto. El informe lo dijo más claro: entre 2001 y 2016, Odebrecht pagó, aproximadamente, US$788 millones en sobornos para quedarse con “más de 100 proyectos en 12 países, incluyendo Angola, Argentina, Brasil, Colombia, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, México, Mozambique, Panamá, Perú y Venezuela”. Quedaba claro que Odebrecht era una experta en sobornos y que el escándalo adquiriría pronto dimensiones internacionales.

Luego vino una segunda parte de la colaboración cuando 77 directivos de Odebrecht, entre ellos Emilio Odebrecht, se comprometieron a hablar con la justicia de su país. El 20 de diciembre de 2016, el Supremo Tribunal Federal recibió los 77 testimonios, algo así como una megadelación sólo comparable al Maxiproceso italiano que puso contra las cuerdas a la mafia de ese país.

Seguramente, estas confesiones le van a dar a este proceso una dimensión aún mayor, sin contar un nuevo frente que se ha abierto: el de las empresas que le ayudaron a Odebrecht a lavar los activos provenientes de sus actividades.

El pasado 9 de febrero, Ramón Fonseca y Jürgen Mossac, de la firma Mossack Fonseca, protagonista de los Panama Papers, fueron detenidos en ese país por su presunta implicación en este escándalo. El caso Odebrecht promete poner en jaque al continente, algo así como “el fin del mundo, parafraseando a la prensa brasileña.

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