Opinion
Fecha de publicación: 2017-03-28

La morosidad de Latam recae en la malacrianza de sus individuos

El mejor indicador de morosidad que puede tener un país, es su déficit fiscal. Aunque muchos lo definen como una guía sobra la mala recolección impositiva en las naciones, otros se escudan en decir que los gastos del presupuesto no son cubiertos por los ingresos que genera dicha nación.

Por: Daniel Suchar Zomer*

Lo que sí es cierto, es que la región de Latinoamérica goza de tener indicadores bastante deprimentes y de cifras bastante considerables. Con decir que si se realiza la suma de todos los “déficit fiscal” de las economías de la región, supera en US$17.000 millones a lo que puede ser el Producto Interno Bruto de Ecuador, el cual se registra al cierre del 2016, por el orden de los US$100.000 millones.

Claro saber, que por orden de tamaño (de las economías), el lógico pensar que Brasil lidera este ranquin en términos absolutos con un aporte de US$75.000 millones seguido por países como Colombia (US$9.000 millones), Argentina (US$7.900 millones), Ecuador (US$6.601 millones), Perú (US$6.240 millones) y por último México (US$3.038 millones).

Pero cada quien con su estructura. No por ser países más grandes, las naciones chicas no tengan problemas internos en la ejecución de sus presupuestos. Según la CEPAL, los estados de Costa Rica (-6,0% del PIB), Guatemala (-2,0% del PIB) o Panamá (4,0% del PIB), son aquellos que presentan complicados indicios para la recolección de sus ingresos fiscales. De hecho, calificadoras de riesgo como las empresas emblemáticas Moody’s , Standars & Poors y Fitch Ratings; han golpeado dichas calificaciones a naciones que no logran mejorar sus recaudos impositivos.

Entre tanto, mientras los gobiernos son etiquetados y/o evaluados por dichas compañías, no debe de olvidarse del ciudadano común, son quienes terminan liderando estos faltantes en la recolección fiscal. Lo peor de todo, es que la situación es cada vez más grave cuando los latinoamericanos se vuelven parte del juego entre deudores y acreedores. Es notorio resaltar como la macroeconomía es determinada por el deficiente e irresponsable manejo de las finanzas personales y corporativas dentro de cada país.

En la región es normal ver los inmensos esfuerzos que realizan los entes fiscales para mejorar su recolección, pero los mismos individuos se han encargado de echar a perder dicho esfuerzo. En Latinoamérica, la percepción de los pagos conduce a grandes obras de corrupción para no “darles dinero” al gobierno de turno. La mala imagen que han dejado los empleados públicos en las altas esferas de varios países, se traduce en la truculenta razón de evadir los impuestos a más no poder.

Pero yendo más profundo, el ciudadano común también es cómplice de lo que pasa, pues no le exige a sus propios gobiernos que sean más efectivos. Luego de una jornada futbolística, se siente en el ambiente la exigencia sobre jugadores del deporte rey para ganar sus partidos, pero nunca un grado de reclamación a los funcionarios públicos que realicen sus obras en el tiempo que prometieron. Como siempre, hay excusas para evadir las responsabilidades y retrasar las actividades, que al final, se convierten en gastos de dineros públicos innecesarios para cada país.

De igual forma ocurre con las personas en sus negocios día a día. En la Edad Media, cuando se realizaban los “Pactos de Caballeros”, las personas se estrechaban las manos, se miraban a los ojos, y lo demás es historia. Prácticamente era “santa palabra” y el incumplimiento de la misma era derogado como un insulto a la víctima. Tanto es así, que los nobles y plebeyos de esa época, eran satanizados con destierros, cárcel, castigos inhumanos y hasta la humillación más publica frente a las plazoletas de sus respectivos pueblos. Definitivamente, el evadir la promesa pactada era aun peor que cualquier error humano que se pudiera cometer.

Hoy en día, lejos de encontrar caballeros armados y protegiendo la esencia crucial de la vida que es la sinceridad y el respeto a los demás; se convive con la viveza criolla, el oportunismo, el amiguismo y sobre todas las cosas, la “victimización en pleno” de los pactantes que ofrecen viñas y castillos, y no son capaces de cumplir con lo prometido.

En otras palabras, los incumplimientos de los individuos han pasado a ser una cuestión de aprovechamiento financiero para no ceder la comodidad de aquellos que “juegan de vivos” y “se salen con las suyas”. Personas que no respetan el dinero ajeno, les importa poco sus propios nombres o sencillamente, se llenan del “listado de excusas” para no pagar a sus proveedores, empleados e incluso, a sus propias municipalidades o arcadias.

Es increíble pensar que hay personas que piden y exigen que se les trate bien, confiando en la buena fe (porque ya no hay caballeros hoy en día), y no puedan cancelar sus deberes en los términos pactados. Las naciones tienen un cumulo de victimas descaradas que suelen ser parte de un grupo de cómplices que viven de las buenas acciones de los demás. En redes sociales se desquitan pidiendo infraestructura, cero corrupción, ganar el dinero fácil y estar endeudados hasta más no poder, pero en realidad son el reflejo de la sociedad que ha olvidado lo aprendido en la Edad Media.

Pero lo más increíble es que los que hacen bien las cosas, pasan a ser los “malos de la película”. Otorgarles un beneficio (servicio o bien) a un plazo acordado, para llegar al día del cobro y no recibir más que excusas tras excusas, es la Latinoamérica que se ve en estos tiempos. Es muy fácil escudarse en que los tiempos están malos, que hay gastos que pagar, que el dinero fue usado para otras cosas o simplemente, hundir la confianza de los “buenos” en la laguna ácida de los “no tan buenos”. Al final de todo, la cadena de valor se ve truncada por aquellos “vivazos” que desean sacar mejores partidas de las personas más nobles.

Hoy en día no hay plazoletas, ni tierras ni títulos que puedan ejecutarse a como hacia el Rey Arturo en sus mejores épocas. Tampoco hay que librar una batalla campal como lo hizo William Wallace al liberar Escocia de los Ingleses (Película Corazón Valiente) ni tampoco ser el mismísimo Robin Hood para robarle a los ricos y darles a los pobres. Lo que debe prevalecer en las naciones es volver a los valores, a la ética y por supuesto, a la confianza de los individuos entre sí, pues con el rescate de estos principios básicos de la vida, es que se construyen los grandes países y no con la malacrianza de sus individuos.

*Analista Económico. Profesor Universitario.

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