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Fecha de publicación: 2016-03-08

Rebeca Grynspan: “América Latina enfrenta la encrucijada del éxito”

"Hay que abandonar la idea de que la desigualdad es estructural y no hay nada que se pueda hacer con ella. Por el contrario, la experiencia de la mayoría de países latinoamericanos es que una adecuada combinación de dinamismo económico y políticas públicas inteligentes puede (y debe) aspirar a reducir la desigualdad", asegura la Secretaria General Iberoamericana, Rebeca Grynspan.

"Es tan importante que las instituciones logren ser más abiertas, más capaces de dialogar con los ciudadanos", señala Grynspan.

Por Cecilia Córdoba, estrategiaynegocios.net

En una sociedad global cada vez más consciente de sus derechos y con una clase media emergente, la articulación del desarrollo es un tema prioritario para gobiernos y organismos internacionales, entre ellos, la Secretaría General Iberoameri-cana (SEGIB).

Desde el 1 de abril de 2014, la costarricense Rebeca Grynspan lidera la SEGIB, con el mandato que le han otorgado 22 países que conforman la Conferencia Iberoamericana. Grynspan es una reconocida defensora del desarrollo humano, ha ayudado en gran medida a centrar la atención del mundo y de América Latina en temas críticos como la reducción de la desigualdad y la pobreza, la equidad de género, la cooperación sur-sur como instrumento para el progreso y el logro de los objetivos de desarrollo del milenio, entre otros. Dialogamos con ella, desde sus oficinas en Madrid, sede de la SEGIB.

¿Qué impronta ha querido dar usted a su gestión al frente de la SEGIB?

Mi gestión prioriza un proceso de renovación reclamado por los 22 países miembros de nuestro organismo, un proceso de renovación que, como dije muchas veces, debía darse “por las buenas razones”: porque el mundo y la región han cambiado y porque el mapa de las organizaciones regionales también ha cambiado. La Cumbre Iberoamericana pasó de ser, en sus primeros años, solo una Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno para convertirse, con la creación de la Secretaría General Iberoamericana en el 2005, en la Conferencia Iberoamericana, a medida que desarrollaba su institucionalidad y que convocaba al mismo tiempo diferentes reuniones ministeriales y foros temáticos. Hoy debe evolucionar nuevamente para construir y consolidar ya no solo una cumbre, o una conferencia, sino una comunidad iberoamericana.
Vivimos en un mundo más interconectado, de grandes desafíos globales que requieren de una respuesta global y coordinada, con instituciones internacionales que reflejen la realidad global, actual, política, social, ambiental y económica.

En ese mundo multipolar, la Comunidad Iberoamericana presenta un activo y un espacio de grandes potencialidades para nuestros países.

Por otra parte, Latinoamérica es una región muy distinta a la que participó por primera vez en la Cumbre Iberoamericana de Guadalajara en 1991. Hoy tenemos una región que ha mostrado importantes avances, con varias de sus economías entre las 30 más grandes del mundo, con un PIB per cápita que se ha cuadruplicado entre 1991 y 2012, y con avances muy importantes en el Índice de Desarrollo Humano. Es también una región que ha bajado sus índices de pobreza y de desigualdad, con una creciente clase media y que ha avanzado en su solidez institucional. Dado lo anterior, América Latina espera un tratamiento más horizontal y más simétrico con los países ibéricos. Una relación fluida, de intercambio y aprendizaje mutuo.

Finalmente, el mapa de las organizaciones regionales también ha cambiado. En 1991, la Cumbre Iberoamericana era el único espacio en el que se reunían todos los presidentes latinoamericanos. Hoy en día hay una multiplicidad de instancias regionales con nivel de representación presidencial. Esto demanda un esfuerzo de todos por buscar las complementariedades y las ventajas comparativas de cada quien. La Conferencia Iberoamericana y su Secretaría deben sumar y no restar, complementar y no competir, deben dedicarse a aquello que nos une y no a aquello que nos divide, y deben buscar las sinergias y potenciar los esfuerzos mutuos por contribuir al desarrollo de la región y mantenerla como una zona de paz, en que los diferendos se resuelvan dentro de la institucionalidad multilateral. En este contexto, la Secretaría se ha enfocado en la promoción de la cooperación iberoamericana en tres espacios prioritarios: cultura, conocimiento y cohesión social.

Vea el acto de instalación de Rebeca Grynspan como Secretaria General Iberoamericana:



Toda América Latina, Centroamérica en particular, afronta el reto de la desigualdad. ¿Cuáles son los pasos a dar para enfrentarlo?

Primero que nada, América Latina ha demostrado que es posible crecer económicamente al tiempo que reduce pobreza y desigualdad. Hay que abandonar esta idea de que la desigualdad es estructural y no hay nada que se pueda hacer con ella. Por el contrario, la experiencia de la mayoría de países latinoamericanos al inicio del Siglo XXI es que una adecuada combinación de dinamismo económico y políticas públicas inteligentes puede (y debe) aspirar a reducir la desigualdad, tanto en el ingreso como entre grupos que enfrentan vulnerabilidad y discriminación racial, étnica, religiosa o de género. Sin duda, esto pasa por crear condiciones propicias para la generación de empleo, pero también por la expansión en el acceso a la educación y la salud, el mejoramiento en la cobertura y la calidad de los servicios públicos, y la implementación de políticas sociales innovadoras, como las transferencias monetarias condicionadas o las pensiones para los trabajadores agrícolas y rurales. Lo que hemos aprendido es que no se puede atender únicamente una arista del problema, sino que se debe prestar atención a la interacción entre los factores crecimiento-pobreza-desigualdad.

Autores como Nora Lustig han demostrado que la reducción de la desigualdad en América Latina se explica por mejoras en el nivel educativo de la clase trabajadora (y una reducción de las desigualdades educativas dentro de esa clase trabajadora), aunadas a la expansión de las oportunidades de empleo y un gasto público redistributivo —deliberadamente orientado a los sectores más vulnerables—. La región debe mantenerse en esa trayectoria, procurando que las ganancias sociales adquiridas durante el quinquenio dorado no se reviertan en presencia de un crecimiento económico menor.

La demanda de justicia y de combate a la impunidad han sido los dos gritos de batalla que las sociedades de varios países de la región han dado en 2015. ¿Cree que estas transformaciones son de largo plazo?

Yo creo que estos cambios son irreversibles. América Latina se encuentra en la que yo he llamado la encrucijada del éxito: producto de las políticas implementadas, que han permitido el crecimiento de los sectores medios, enfrenta a una población más exigente, con más demandas, al mismo tiempo que encara una desaceleración económica y mayores restricciones fiscales. Por tanto es este un momento delicado, ya que hay una insatisfacción de la ciudadanía con la gestión pública y sus resultados, a la vez que sabemos que esto es parte de un proceso para mejorar la democracia y el espacio público. No solo en Centroamérica, sino en varios países de la región vemos esas demandas crecientes, una población que reclama y expresa sus frustraciones, buscando una respuesta institucional. Por eso es tan importante que las instituciones logren estar a la altura de los tiempos y se hagan más abiertas, más capaces de dialogar con los ciudadanos.

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