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Fecha de publicación: 2020-10-08

Podcast E&N: Ana María Iraheta y Brisa Terezón, dos salvadoreñas que llevan el nombre de su país a otro nivel

Continuamos contando las historias de algunas participantes del especial Mujeres Desafiantes 2020 en formato podcast, permitiendo que las audiencias conozcan de su propia voz la historia que hay detrás de cada una de ellas.

Edición y Producción Gabriela Melara - estrategiaynegocios.net

En un nuevo podcast de Negocios Inteligentes conversamos con dos salvadoreñas que llevan el nombre de su país a lo más alto, a otras fronteras y demuestran el lado positivo de El Salvador.

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Tengo el poder de decidir y ser más independiente, y mientras haga lo que me gusta, y crea que puedo seguir haciéndolo, nada va a detenerme”, es la frase es con la que se presenta Ana María Iraheta de Hernández, la salvadoreña detrás de la marca Anihra, que produce y comercializa productos teñidos con añil, tinte textil (usado desde los mayas) que se obtiene de las hojas de xiquilite y es representativo de la cultura mesoamericana.

La diseñadora sabe que hay altas y bajas y la pandemia del covid-19 no fue la excepción, con un taller lleno de producto que anhelaba presentar en una importante feria en julio de 2020 y otros más empacados para ser enviados al exterior, decidió, en un primer momento de la pandemia, alejarse de las redes sociales y silenciarse, no promocionar sus productos por respeto a las personas que estaban sufriendo por la enfermedad.

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Brisa Terezón dirige el primer observatorio astronómico de El Salvador y sueña con desarrollar las primeras escuelas científicas de formación profesional para los futuros astrónomos de su país.

Sin acceso a un telescopio y guiada por su abuela, que le indicaba dónde iluminaba ‘el lucero de la mañana’, Brisa Margarita Terezón empezó a involucrarse en el mundo de la astronomía.

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“Mi abuela fue determinante, fue mi compañera en las noches de observación. Ella alimentó en mí lo que yo llamo ‘astronomía de cuna’ porque me mostraba dónde estaba la Luna, me contaba las historias de cómo se conocían las estrellas, por ejemplo ‘el lucero de la mañana’, que claro, luego conocí que no era un lucero, si no que era el planeta Venus. Entonces, después, ya con el conocimiento, siempre salíamos (con la abuela) a las observaciones en la noche o madrugada y ya yo le explicaba qué es lo que estaba en el cielo”, recuerda con nostalgia.

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