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Fecha de publicación: 2020-05-18
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Banca centroamericana: ¿En riesgo de contagio de COVID-19?

La pandemia del coronavirus ha estremecido los cimientos de la economía real provocando un descomunal impacto que ha contagiado al sistema financiero regional. ¿Será capaz la banca de generar los anticuerpos para mantenerse saludable, tal como lo manifestaron los resultados de finales de 2019?

Texto y análisis Pablo Balcáceres/ Unidad de Inteligencia E&N

El coronavirus representa un ‘game changer’ para la banca, nada será lo mismo, y se dará paso a una nueva normalidad, dice el experto Óscar Jasaui. La pandemia emerge como una prueba a la continuidad del servicio bancario, apunta Martínez, de Fitch Ratings. En el escenario post-Covid, los expertos anticipan mayor celeridad para adoptar cambios que faciliten la inclusión financiera a través de medios electrónicos, tales como monederos electrónicos, operaciones sin contacto y transacciones financieras móviles.

COSTA RICA: PRIMEROS IMPACTOS DEL CORONAVIRUS

Al cierre del informe del Ranking de Bancos de Centroamérica, las primeras cifras oficiales -a marzo de 2020- comenzaban a salir a la luz. En Costa Rica, la cartera crediticia a marzo de bancos privados y comerciales del Estado retrocedió a un ritmo anual de -1,17 % y los créditos vencidos aumentaron ya en un 21,8 %, según datos de la Superintendencia General de Entidades Financieras (SUGEF), en el comparativo en moneda local.

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La conversión a moneda extranjera mejora los datos costarricenses en marzo −y de hecho un fenómeno similar sucedió en diciembre, gracias a una apreciación del colón costarricense en el último año. De esta manera, vista en dólares estadounidenses la cartera crediticia costarricense muestra un crecimiento anual del 1,5 % (US $24.995,9 millones) en marzo.

En Costa Rica la situación ha sido complicada por un tema fiscal, con un Producto Interno Bruto (PIB) que creció 2,9 % el año pasado y una desaceleración de los créditos que allá por 2016 venían expandiéndose en 15 % anual y el año pasado se estancaron, al verlos en moneda local. “Se empezaron a ver reflejos de la reforma fiscal y obviamente no había incentivo para obtener créditos. Para este año proyectamos un -2 % negativo de crecimiento en los créditos al sector privado”, comenta Ricardo Rodríguez, analista económico Sénior de Central American Business Intelligence (CABI).

GUATEMALA: FORTALEZA NOTABLE; EL SALVADOR, CIFRAS POSITIVAS

Aún con todo y el panorama incierto del coronavirus, en Guatemala las cifras a marzo exhibieron una fortaleza notable: los créditos del sistema bancario subieron en 7,3 % anual, el activo se fortaleció por el orden del 9,1 % y los depósitos en 10 %, según las variaciones estimadas en quetzales. Se trata de un movimiento que causa “un poco de sorpresa”, adereza Rodríguez, de CABI, puesto que el crecimiento de la cartera crediticia antes del coronavirus, en febrero, rondaba el 5,5 %.

“Ahí deberíamos empezar a ver un primer efecto de Covid-19, y eso lo hemos podido constatar en encuestas a empresarios, que han recurrido al sector financiero para hacerse cargo de planilla, proveedores, servicios, etc. Lo que vemos como primer efecto es que la mayoría de empresas está recurriendo al sector financiero para obtener recursos”, explica Rodríguez, de CABI.

El Salvador también reportó cifras positivas en la presentación de resultados interanuales a marzo 2020: un incremento del 6,14 % en los préstamos, superior al 9 % en activos y de 13,3 % en los depósitos. Acostumbrados a un entorno de crecimiento bajo, los bancos salvadoreños han venido mejorando su calidad de cartera, rentabilidad y su liquidez, analiza Rolando Martínez, director Senior de Instituciones Financieras de Fitch Ratings en Centroamérica.

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FLEXIBILIDAD, EL PRIMER PASO

El Covid-19 apareció en Wuhan, China, a finales del año pasado y se expandió rápidamente a escala global. La enfermedad predominantemente respiratoria ingresó a Centroamérica en marzo. La pandemia evoluciona continuamente.

Las contramedidas para reducir los contagios se vienen sumando día con día, al mismo tiempo que se busca minimizar los impactos económicos. Dado que se trata de una “crisis sin precedentes”, todavía es muy prematuro determinar si las medidas tendrán efectividad, dice Martínez.

La gravedad económica del Covid-19 es irrefutable. Ha llegado a cambiar incluso el mismo concepto de “crisis”, que en el pasado podría significar reducciones del 10% o superiores en los ingresos, por ejemplo.

El embate del coronavirus ha significado cero ventas para muchas compañías, expone Óscar Jasaui, presidente de Pacific Credit Rating (PCR). La pregunta clave es: ¿Cuánto tiempo pueden soportar las empresas sin recibir ingresos por su actividad comercial? Se estima que menos del 45 % de las compañías podían cumplir con todas las obligaciones sin trabajar por un mes, y apenas el 6 % tiene capacidad de soportar tres meses, apunta el experto.

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“Para el sistema financiero este no es un momento para decirle a sus clientes: no me pagues en abril, pero en julio paga en tres cuotas, sino de dar las facilidades, porque te podrías enfrentar a un cliente que fue bueno, pero se quedó sin empleo. La recuperación puede tomar de seis meses a un año”, cree Jasaui.

La estrategia clave de las autoridades ha sido la de relajar las regulaciones para permitirle al sistema el acceso a la liquidez. Al menos entre dos y tres meses, según cada país, los bancos pueden mantener la calificación de riesgo de los clientes con retrasos en los pagos y de aquellos que acudan al refinanciamiento. Esta medida técnica deriva en un impacto significativo para la liquidez de la institución financiera, puesto que en condiciones normales un crédito en mora les obliga a constituir una reserva monetaria como acción preventiva ante un impago, privándoles de recursos valiosos.

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Así, se posibilita el refinanciamiento y la reestructuración de los créditos que traen períodos de gracia, exención de pagos mínimos, extensión de plazos, disminución de intereses, reducción de comisiones, u otros, dependiendo de las políticas de la institución bancaria y el riesgo que representan los deudores. “Existe la percepción de que esto se hace solo para los bancos, pero en realidad es para las empresas y para las familias, para que la cadena de pagos no quede interrumpida y se produzca un quebranto generalizado, es más o menos lo que han hecho todos los países del mundo”, profundiza Jasaui.

PRÓRROGAS Y MEDIDAS DE ALIVIO, DESDE LA BANCA

El Banco Nacional de Costa Rica (BNCR), el principal banco comercial del Estado en ese país, aplicó prórrogas a unas 126.218 operaciones, que representan el 62,6 % de las operaciones del banco, en un reporte efectuado el 20 de abril.

El valor aproximado de estas prórrogas ronda los US$2.472,4 millones, de los cuales el 61,45 % trajeron un alivio a las pequeñas y micro empresas, el 17,89 % al crédito corporativo, un 16,4 % a los deudores de créditos personales, vivienda y consumo y el 4,27 % a tarjetas de crédito. En este último rubro, aunque el monto sea el menor, significó la prórroga de 51.968 operaciones, el 41,17 % de las solicitudes. “Todas nuestras subsidiarias, así como el banco mismo, han realizado las gestiones necesarias para ofrecerle una salida a los clientes que vieron impactado su ingreso de manera negativa, ante esta crisis sanitaria”, manifestó Gustavo Vargas, Gerente General del Banco Nacional de Costa Rica.

Por lo menos hasta el 23 de abril, el colombiano Grupo Aval tomó acciones para aliviar la carga crediticia de más de 1,1 millón de sus clientes, unos 248.321 de ellos en Centroamérica, con un alcance de US $3.200 millones en el istmo centroamericano. Asimismo, las transacciones de banca móvil subieron en un 48 %, en los bancos del grupo, según la institución. Centroamérica representa el 30 % de los activos de Grupo Aval, propietario de Banco de América Central (BAC) a través de su subsidiaria, Banco de Bogotá. Su operación consolidada en la región le significa un crecimiento anual del 4,6 % en préstamos brutos y del 11,1 % en depósitos.

En El Salvador, otras medidas que se han implementado se relacionan con la liberación de reservas por parte del Banco Central (BCR) con el propósito de inyectar liquidez al sistema financiero, explica Álex Pinilla, Vicepresidente de Finanzas de Banco Agrícola. “Esto se ha dado en dos fases, en ambas la dinámica ha sido liberar reservas con las cuales una parte se orienta a compra de títulos de gobierno, como un apoyo al país, y la otra parte queda disponible para la administración de los bancos”, detalla.

Las facilidades para el uso de tarjeta de crédito también se han hecho presentes durante la emergencia. Por ejemplo, BAC Credomatic Guatemala ha dado margen para que los tarjetahabientes obvien de forma voluntaria los pagos mínimos desde el 23 de marzo hasta el 31 de mayo. A la vez distribuirá las compras en supermercados, farmacias, educación, clínicas y hospitales en plazo de 48 meses, con tasas de interés de 1 % mensual, asegura Juan Gabriel Aguirre, gerente de Mercadeo de la institución.

Desde marzo, al decretarse la pandemia en Panamá, “implementamos medidas de alivios financieros orientadas a apoyar a los clientes que estaban siendo afectados por la coyuntura. Banistmo. de manera voluntaria, inició estos esfuerzos, brindando soluciones especiales a más de 94.000 clientes al 15 de abril”, informó Aimeé Sentmat de Grimaldo, Presidenta Ejecutiva de Banistmo. Con su cartera de clientes de Pymes, Empresas y Gobierno, Banistmo analiza y negocia caso por caso “estamos trabajando en soluciones puntuales para ayudar a estos negocios, de acuerdo a las realidades de cada uno y de cada sector”, detalló Sentmat.

En Honduras “Como sector nos hemos alineado para ofrecer ayudas a los clientes que más lo necesitan en estos momentos, ofreciéndoles un alivio de deuda que les permitirá readecuar sus gastos, libres de cargos moratorios, por un plazo de tres meses. Esperamos aportar al bienestar económico de miles de familias hondureñas que están siendo afectadas”, informaron voceros de Grupo Ficohsa. Otra respuesta ha sido poner a disposición de sus clientes nuevos servicios digitales para ayudarlos a quedarse en casa. “Durante el primer trimestre de 2020 hemos visto un aumento de la demanda en el uso de las diversas plataformas digitales que tenemos”, apuntaron.

IMPACTO EN LA CARTERA

Los bancos y los reguladores están conscientes de que muchas personas y empresas tendrán dificultades para pagar por diferentes motivos, como el cierre de negocios por la cuarentena. Estas medidas van a impactar los ingresos por algunos meses, pero les permitirían retomarlos más adelante y no deteriorar la calidad crediticia, evalúa, por su lado, Martínez, de Fitch Ratings.

Sin embargo, la flexibilidad regulatoria en la fase de emergencia podría terminar cuando ésta pase. Será entonces que se pondrá a prueba la solvencia de cada entidad, dadas sus posiciones de capital y la sanidad de su cartera crediticia resultante.

“La morosidad estará disfrazada estos meses por las medidas adoptadas que permitirán refinanciar y apoyar a deudores. Eso, sin embargo, no será sostenible y tarde o temprano se deberá sincerar la calidad de cartera. En ese contexto, no sorprendería ver sistemas financieros con morosidades superiores al 10 %”, opina Jasaui, de PCR.

Semejante nivel de morosidad podría ser manejable siempre y cuando sea momentáneo. “Podría haber casos donde la cartera se viera tan afectada por el desempleo y, en una situación externa, alguna institución financiera podría contemplar seriamente recurrir a fusionarse como una solución”, advierte el analista de riesgo.

Por su lado, CABI plantea que si un crecimiento rápido de la economía ocurre en 2021 los indicadores de cartera con atraso regresarán a los niveles de 2019. Y esto es muy probable si la crisis toma la forma de V, es decir, una caída rápida y una recuperación igual de rápida.

Los bancos de la región se encuentran en una posición sólida como para hacerle frente este nuevo reto. Esto viene dado, por un lado, debido al fondeo mediante depósitos, una fuente más barata de recursos; y, por otro lado, debido a un manejo de liquidez adecuado, aporta Alfredo Calvo, de S&P Global.

“Al depender de depósitos, pulverizados en un número importante de ahorradores y normalmente de bajo costo para los bancos, creemos que las presiones de liquidez de la banca podrían estar contenidas. Además, hemos visto que los bancos que calificamos en América Central tienen un manejo de liquidez adecuado”, plantea.

LOS PRONÓSTICOS

Aparte del coronavirus, S&P Global observa otros riesgos principales para este año 2020: el shock en el precio del petróleo, que llegó a cotizarse en negativo en los mercados internacionales, y la volatilidad de los mercados financieros internacionales. “La preocupación que tenemos para los sistemas bancarios en la región es el riesgo de que esta pandemia se alargue y el shock sea más pronunciado”, opina Alfredo Calvo, de S&P Global Ratings.

Los bancos centrales ya están modificando oficialmente a la baja sus perspectivas de crecimiento para este año 2020. El Banguat ya introdujo la probabilidad de recesión para este año en su predicción económica más reciente al cierre del informe: la economía guatemalteca experimentaría una recesión de -1,5 % o, en el mejor de los casos, un crecimiento del 0,5 % en el Producto Interno Bruto. A pesar de ello, los créditos aumentarían en 3,5 % para este año, y lo harían a una tasa superior al 8 % para al próximo ejercicio.

El BCCR también reajustó a la baja su pronóstico para Costa Rica, con un durísimo -3,6 %, que sería el comportamiento más desfavorable desde 1950. En su razonamiento, la entidad califica al coronavirus como “la peor recesión mundial desde la Gran Depresión”.

“La economía costarricense enfrenta dos choques en forma simultánea. Por un lado, un choque externo por la significativa caída en el crecimiento de la demanda externa y el endurecimiento en las condiciones financieras internacionales, solo parcialmente mitigado por la caída en los precios del petróleo”, sostiene la banca central costarricense. Los rubros más vapuleados por el Covid-19 en ese país serán los de hoteles y restaurantes, construcción y comercio; en tanto que la Intermediación Financiera experimentará un retroceso del -2,5 %, entre los menos afectados junto a Agricultura, que decrecería -2,3 %.

La reducción en los planes de inversión, el cierre de empresas y el deterioro en la capacidad de pago de los deudores confluyen para deprimir la demanda de crédito, así como los ingresos por comisiones de las instituciones financieras en Costa Rica.

Aunque para 2021, se pronostica un crecimiento de la economía, esta vez por el orden del 2,3 %; en ese marco, el rubro financiero se recuperaría en un 2,6 %.

Por su lado, Martínez, de Fitch Ratings, piensa que el Covid-19 emerge como una prueba a la continuidad del servicio bancario, justamente uno de los aspectos que las calificadoras de riesgo ponen a prueba: cuáles son los planes de las instituciones financieras para sortear una interrupción de operaciones, en una diversidad de escenarios de riesgo.
En esta crisis, los bancos están probando la fortaleza de sus esquemas de riesgo operativo. “En muchas instituciones la mayor parte del personal está haciendo teletrabajo y las sucursales no están operando normalmente debido a personal reducido, horario reducido, y por eso vemos un movimiento hacia más transacciones por canales digitales”, apunta Martínez.

La regulación también se verá motivada a buscar cambios de más largo plazo, sobre todo aquellos que faciliten la inclusión financiera a través de medios electrónicos, tales como monederos electrónicos, operaciones sin contacto y transacciones financieras móviles, que no implican tener una cuenta bancaria, apunta Jasaui, de PCR. En suma, el coronavirus representa un ‘game changer’ para la banca, pues se dará paso a una nueva normalidad, agrega el especialista. El golpe de la emergencia ha sido fuerte, pero se mantiene en pie. No obstante, también ha dejado en evidencia que hay muchas áreas de oportunidad para lograr la inclusión financiera de amplios sectores de la población, sobre todo de aquellos de menores ingresos.


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