Claves del día
2016-12-02

Hiperinflación venezolana con caldito petrolero

700 % de inflación es la escandalosa cifra venezolana, un país con hiperinflación y dependencia en un 80 % del petróleo. Por cada US$1 que suba el precio del barril, Venezuela ingresa US$600 millones anuales, pero los cambios deben venir de raíz y no a punta de un caldito de pollo, que esta vez podría ser de petróleo.

Daniel Suchar Zomer*

Nada como terminar un año ubicándose en los primeros puestos del ranquin mundial a indicadores económicos se refiere. Existen algunos países que se esfuerzan por tener los mayores crecimientos (Producto Interno Bruto) como lo son India (+7,3%) y China (+6,9% con US$12.000 Bill). Otros están detrás de la facturación anual, citando a Estados Unidos (primer lugar por encima de los US$17,5 billones -millones de millones-) o Japón (tercer lugar con US$6,3 billones). Otros buscan equiparar sus ingresos (Coeficiente de GINI) hacia toda su población, siendo Eslovaquia (0,26), Países Bajos (0,27) y Finlandia (0,27) quienes lideran ese listado.

Pero también hay otros países que sus esfuerzos por llegar de primeros son la antítesis de lo correcto y económicamente moral para ubicarse en la "parte de arriba de la tabla". Malawi con 24% y Sudan con 37%, no le hacen ni cosquillas a los 700% que posee Venezuela con su indicador de inflación.

"Esto se lo llevó quien lo trajo" es la frase trillada que se encuentra en boca de todos los venezolanos cuando al acudir a un establecimiento comercial, debe debatirse entre la escasez de productos, especulación de precios y por supuesto, una escala abrumadora de precios inalcanzable debido a la gran cantidad de liquidez monetaria inorgánica que pulula en el país.

La inflación es necesario que exista en los países, pues con ella los distintos órganos del aparato productivo pueden beneficiarse para el cálculo de sus costes y precios, para después, repartir entre sus gastos operativos y salarios; los ingresos obtenidos de dichos productos. Pero en el marco de un desorden organizado por el Ejecutivo Nacional, aferrado a una guerra económica inventada por "gurúes financieros del lado oficialista venezolano"; cualquier teoría económica de este indicador de precios es borrada de todo libro de texto especializado en economía avanzada.

Solo es posible rescatar una etiqueta muy poco utilizada en este siglo 21 (por los años 80’s del siglo pasado si ocurrió) que es una de las enfermedades de una economía: La Hiperinflación.

La hiperinflación es definida como una inflación muy elevada, fuera de control, en la que los precios aumentan rápidamente al mismo tiempo que la moneda pierde su valor real y la población tiene una evidente reducción en su patrimonio monetario. Esto quiere decir que un bien o servicio puede cambiar de precio incluso horas después de comprarlo. México, Brasil y Argentina lo vivieron con secuelas muy graves en la población. Conlleva a desempleos, recortes masivos de gastos y una impresión de moneda sin respaldo alguno posible dentro de la economía.

Pero Venezuela no está contenta con la hiperinflación, pues estos países ya la tuvieron y el Ejecutivo no se puede permitir estar al mismo nivel histórico de otras naciones. Por lo tanto, el país del beisbol ha dado un paso adelante para diferenciarse de aquellas economías latinoamericanas que si la vivieron. El panorama en el país de las misses tiene el síntoma de un cáncer terminal pero en el ámbito económico. Este padecimiento se denomina: Estanflación.

En Venezuela la estanflación ha llegado en estas épocas decembrinas como regalo navideño de parte del Gobierno de turno. Esto quiere decir que existe un estancamiento en la economía (-8% para el año 2016 según el FMI) en un ambiente de hiperinflación, ya antes descrito. En palabras más digeribles, se juntaron todas las enfermedades en un solo paciente.

Venezuela no produce absolutamente nada. Su moneda se ve cada vez más devaluada, donde a finales de noviembre logró depreciarse en casi 200%, pasando de una cotización del dólar americano de BsF 1.800 hasta los casi BsF 4.200 en los mercados paralelos o negros; ubicación única para conseguir dicha divisa pues los mecanismos oficiales (SIMADI BsF 663,29) son casi imposible de obtener por el ciudadano común.

Pero justamente cuando empieza a llegar la época navideña, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) anunció con bombos y platillos, la reducción de las cuotas de producción de todos sus países miembros, donde Venezuela debe apegarse a dicho mandato. Todo esto con la estrategia de colocar un precio del barril de petróleo por encima de los US$ 50.

Lo que se debe saber es que Venezuela ya viene haciendo recortes de petróleo pero no por convenios sino por la inoperancia de sus empresas, que alguna vez llegaron a manejar más de 3 millones de barriles diarios, y ahora, previo al acuerdo petrolero ya había bajado hasta casi 2 millones. Con el acuerdo, baja la producción a unos 1,9 Millones con la pequeña particularidad de que el barril de petróleo venezolano aun es más barato (US$39) que el West Texas (US$50).

Por lo tanto, aunque se vengan los aumentos del precio del barril de petróleo; Venezuela va a necesitar un milagro internacional para que dichos valores superen los US$70, y poder así compensar un poco lo que ha visto destruir en los últimos 4 años.

Luego de rezarle a la Virgen de la Chinita suplicando ese aumento de precios, los venezolanos "de a pie" tendrán que pedirle a la Virgen de Guadalupe que el Gobierno no siga acaparando los dólares que provengan de esas ventas petroleras y "pueda soltarlos" al pueblo criollo. Y como último de los rezos es pedirle a la Virgen de Coromoto, patrona de todos "los vinotintos" que la confianza en el país reine en las cabezas de los empresarios y los oficialistas, para poder recuperar el aparato productivo del país tan necesario para salir, por lo menos, de la sangrienta estanflación.

Si bien es cierto que la hiperinflación se acomoda campantemente en Venezuela sin ánimos de querer salir de esa "comodidad del hogar"; estos ajustes petroleros podrían ayudar un poco a reactivar la economía venezolana que depende casi un 80% de los ingresos petrolero y sus derivados. Solo de hacer la matemática que por cada dólar (US$1) que sube el precio del petróleo, representa un promedio anual en ingresos de US$600 millones que podrían inyectarse al país que vio nacer a Aparicio, Vizquel y Galarraga.

Aunque el orden económico no se puede esperar de la noche a la mañana, es bien sabido que los cambios deben venir de raíz y no a punta de un caldito de pollo, que esta vez podría ser de petróleo.

*Analista Económico. Profesor Universitario.

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