Claves del día
2017-11-12

Economía colaborativa: la creación de valor en un modelo en crecimiento

La economía colaborativavive un momento de especial protagonismo debido a su popularización como modelo económico en contraste con los tradicionales.

Por: Pablo del Arco Fernández*

El dinamismo de las sociedades se traslada también a los modelos económicos, con la proliferación de diferentes esquemas de funcionamiento para atender las expectativas de la población y aprovechar los desarrollos operativos, en una relación bidireccional de influencia mutua. Es el caso de la economía colaborativa, que si bien tiene sus raíces en los intercambios más ancestrales, vive un momento de especial protagonismo debido a su popularización como modelo económico en contraste con aquellos tradicionales caracterizados por una asincronía entre productor y consumidor.

Existen diferentes autores que han puesto la economía colaborativa sobre la mesa y contribuido a su conceptualización actual, caso de Lawrence Lessig y Rachel Botsman. Podemos definirla como la provisión de productos y servicios (incluyendo talento), principalmente infrautilizados en origen y sin transferir la propiedad, con o sin contraprestación económica, entre empresas, personas o ambas, especialmente a través de la conectividad entregada por plataformas tecnológicas. Cabe destacar que la utilización del apelativo de "colaboración" no está exento de polémica ante el desarrollo de relaciones comerciales, y que se plantea como alternativa el término "mutualización". Para su proliferación, destacan como claves: el cambio en el paradigma de consumo, del afán por la propiedad al foco en el uso, la confianza entre usuarios del entorno digital, que se está cimentando en la construcción de mecanismos de reputación online y la cotidianidad de la transacciones, y los avances tecnológicos que permiten la construcción de plataformas multifuncionales y la ya señalada conectividad.

Bajo el paraguas de economía colaborativa existe sin embargo una diversidad de modelos, que podrían clasificarse en tres categorías en base al rol que desempeñe la plataforma y la tipología de usuarios, como señalan desde Adigital y Sharing España. Como economía colaborativa "en sentido estricto" se encuentran los casos en que la plataforma funge únicamente como intermediaria y la relación entre los usuarios no considera a "especialistas o profesionales", pudiendo existir o no contraprestación económica (ej. AirBnB, Blablacar, Wallapop); se diferencia asimismo la economía bajo demanda, en que ya existe una intermediación entre "un profesional y un consumidor" y generalmente un pago (ej. Cabify, Uber), y economía de acceso, en que la empresa detrás de la plataforma también presta el servicio, caso del carsharing (ej. Car2Go, Emov) o coworking.

Si se analiza el origen de muchas plataformas, se verá la existencia de un fin social, lo que ha sido opacado por el éxito de aquellos casos de perfil más comercial, constituidos ya en grandes empresas. Es la disparidad entre plataformas con un propósito más centrado en el usuario consumidor, especialmente de sectores menos incluidos, y un enfoque más multistakeholder que incluye a inversionistas; la disyuntiva entre origen con propósito o propósito adquirido. En el primer caso se plantea el desafío de construir la viabilidad financiera que permita la sostenibilidad temporal e incluso la escalabilidad de la solución ofrecida por la plataforma, en el segundo la construcción de valor social al mismo tiempo que se obtiene el retorno financiero.

Enfocados en el segundo caso, de las grandes plataformas con modelos de negocio en consolidación, la estrategia para la construcción de valor pasa por una primera etapa de identificación de los impactos presentes y potenciales, para maximizar la huella positiva de la actividad y responder a aquellos efectos negativos, a través de iniciativas de responsabilidad social. Mucho se habla de la contribución ambiental, del aprovechamiento de los recursos materiales y energía de la mano del "uso" en lugar de la "propiedad", que permite maximizar la utilización de los bienes, y de la mayor eficiencia operativa de las plataformas. Si bien existe esa optimización de los recursos por transacción, es importante que las compañías también apuesten por una didáctica de consumo responsable, para evitar que la accesibilidad que están entregando a bienes y servicios no derive en un hiperconsumo de los mismos.

En el devenir histórico respecto de la relación empresa-sociedad, las compañías veteranas de modelos tradicionales han vivido la evolución de un enfoque especialmente filantrópico, hacia la responsabilidad social y en los casos más avanzados hacia el desarrollo de iniciativas de valor compartido. Se trata del planteamiento de soluciones sostenibles económicamente al generar retorno financiero para la empresa y que contribuyen a su vez al desarrollo social, basadas en el potencial de la innovación que caracteriza al sector privado. En este momento de construcción de grandes gigantes de la economía colaborativa, es importante lanzar el llamamiento a que se focalicen en estas aproximaciones más avanzadas, de soluciones ganar-ganar.

Asimismo, el desempeño de las empresas de la economía colaborativa respecto de la sociedad no se entiende sin el desarrollo de modelos de gobernanza inclusivos, que consideren la participación de los diferentes grupos de interés. Es en su caso especialmente reseñable el involucramiento activo de los usuarios proveedores y consumidores en la operación, así como el cuestionamiento sobre las relaciones laborales que puedan derivarse. La consideración de una perspectiva múltiple es esencial para una construcción de valor multistakeholder. Este momento de maduración es clave para asentar la relación con la sociedad en su sentido más amplio.

*Especialista en sostenibilidad, asesor y docente en la materia.

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