Claves Del Día
Fecha de publicación: 2016-04-06

NYT: Canal de Nicaragua, cada vez más complicado

El proyecto del millonario chino Wang Jing de construir una vía interoceánica en Nicaragua parece complicarse por momentos, asevera el diario estadounidense The New York Times en un amplio reportaje sobre ¿el sueño? de US$50.000 millones.

Por: The New York Times

En este lugar, un explorador español realizó la primera inspección para unir los océanos Pacífico y Atlántico en el siglo XVI. Napoleón III de Francia soñaba con esa hazaña. El magnate de los ferrocarriles Cornelius Vanderbilt tuvo los derechos, pero solo por un tiempo breve. La historia de Nicaragua está marcada por docenas de planes fallidos para hacer un canal.

Pero hace un año, cuando el billonario chino Wang Jing oficialmente clavó la primera pala en un campo a las afueras de este tranquilo pueblo de la costa del Pacífico, muchos nicaragüenses pensaron que finalmente sí tendrían su canal.

Y no uno pequeño: tres veces más largo y dos veces más profundo que el Canal de Panamá; atravesaría 270 kilómetros de la parte sur del país, y arrasaría con ecosistemas frágiles, selvas vírgenes y paisajes de increíble belleza. Permitirá que pasen los barcos más grandes del mundo, naves del tamaño de un rascacielos que son demasiado grandes para el Canal de Panamá.

Pero 16 meses después, el proyecto de Wang —lo que sería el movimiento de tierra más grande en la historia del planeta— está plagado de dudas y produce protestas agresivas. Hace meses que el Presidente Daniel Ortega no menciona el proyecto en público. Tampoco hay señales de progreso. Las vacas pastan en el campo donde Wang oficialmente comenzó el proyecto.

Los expertos dicen estar estupefactos por el canal de Wang. Tal vez esté respaldado por el gobierno chino como parte de su creciente interés en América Latina o simplemente se puede tratar de una inversión privada que se fue a la deriva por las convulsiones del mercado bursátil chino y la desaceleración de la economía.

Al momento de la inauguración en diciembre de 2014, el gobierno chino dijo no estar involucrado en el proyecto. Esto y los recientes contratiempos de Wang, quien supuestamente ha perdido el 80 por ciento de su fortuna de diez mil millones de dólares, llevan a unos expertos a pensar que el trato está muerto.

Sin embargo, otros dicen que las costumbres de los negocios chinos son tan opacas que es difícil saber qué está pasando. Facilitar el movimiento de bienes del Pacífico hacia el Atlántico va en línea con los intereses chinos y el costo del proyecto difícilmente sería un obstáculo si el gobierno de China quisiera seguir adelante (si es que está involucrado).

“Es un proyecto poco transparente”, comentó Margaret Myers, la directora del programa China y América Latina en Inter-American Dialogue, un instituto de políticas públicas en Washington. Ella cree que lo más probable es que el proyecto haya fracasado por escasez de recursos, pero como la mayoría de los expertos, tampoco está segura.

Lo que sí parece evidente es que los críticos del proyecto —ambientalistas, partidarios de derechos humanos y economistas— han alzado más su voz y se han organizado. En esta parte del país, muchos propietarios han pintado esténciles de “¡Que se vayan los chinos!” en las fachadas de sus casas, y casi todos los carteles de la campaña de reelección de Ortega están manchados con bolas de tinta negra.

Cuando anunció el acuerdo en 2013, Ortega, miembro de la guerrilla de izquierda convertido en un político a favor de los negocios, prometió que el canal transformaría a Nicaragua y crearía cientos de miles de empleos, lo cual tarde o temprano llevaría a la duplicación del producto interno bruto. Muchos nicaragüenses, esperanzados con un mejor futuro, acogieron la idea. Muchos todavía creen en ella.

Pero un número aún mayor sostiene que los beneficios del acuerdo no están tan claros.

Algunos se preguntan si el canal será rentable. En las aguas hay pocas naves superpetroleras y barcos mercantes que no podrán pasar por el nuevo Canal de Panamá, que expandió su capacidad y empezará a operar pronto. Además hay pocos puertos lo suficientemente grandes para recibir a esas meganaves. Algunos expertos dicen que a corto plazo, la combinación de los canales de Panamá y Nicaragua generará exceso de capacidad y, a su vez, una guerra de precios.

También hay preocupaciones por la actividad sísmica del área y por los volcanes cercanos. Algunos analistas señalan el expediente poco alentador de China en asuntos ambientalistas y la falta de experiencia de Wang en construir lo que sea, mucho menos un canal de 50 mil millones de dólares (aunque algunos dicen que es de 80) que atravesaría kilómetros de áreas protegidas (hábitat de muchas especies en extinción, como el jaguar) y tierras indígenas reconocidas por la ley. Wang, muy poco conocido, hizo su fortuna en las telecomunicaciones y no en la construcción.

Y luego está la zanja de 80 kilómetros que se excavaría en el suelo del Lago de Nicaragua —el cuerpo de agua dulce más grande de Centroamérica— la cual muchos temen que podría acabar contaminando o matando el lago.

Los economistas y defensores de derechos humanos también se oponen a los poderes que tiene Wang para expropiar tierra a precios muy inferiores a los del mercado, y afirman que los términos de la concesión de Wang podrían desalentar a cualquiera de invertir en Nicaragua.

Este aspecto ha suscitado protestas, a veces violentas, por parte de algunos campesinos. Los expertos dicen que Wang tendrá que pagar solamente el costo avaluado, o un 5 por ciento del valor en mercado, por todas las tierras de las que se apodere. Pero muchos campesinos no tendrían derecho ni siquiera a eso. En un país con pocas carreteras adecuadas y escasas oficinas de gobierno, muchos no tienen el título de propiedad oficial de las tierras que han cultivado por generaciones.

Juan Sebastián Chamorro, director general del Instituto de Investigación Funides y quien está abiertamente en contra del canal, dijo que el acuerdo con Wang, que pasó rápidamente por el parlamento y quedó consagrado en la constitución, generó inseguridad jurídica para todos los terratenientes del país.

“En teoría, si Wang quisiera llevarse este edificio donde estamos ahora para su proyecto, podría hacerlo”, comentó Chamorro, moviendo su mano a lo largo de su oficina en el centro de Managua. “¿Quién querría comprar o construir aquí con esa posibilidad?”.

Bajo el plan actual, el canal comenzaría en una sección de playa prístina en Brito y después atravesaría el Lago de Nicaragua, uno de los principales destinos turísticos del país por los dos volcanes que emergen del agua. Llegaría a la costa del Caribe después de cruzar las tierras de los ramas y krioles, en áreas que por ahora no son accesibles por carretera.

Pero el plan es mucho más amplio que solo un canal. La visión de Wang incluye aeropuertos, puertos en ambos lados del canal, lagos nuevos en las montañas para asegurar que el canal tenga suficiente agua y nuevas islas en el Lago de Nicaragua para deshacerse del sedimento y piedras excavadas.

Un estudio del proyecto de 1100 páginas, realizado por la consultora británica ERM y publicado hace cinco meses, enfatizó los riesgos del proyecto. Recomendó que se hicieran más estudios en muchas áreas antes de continuar y señaló que se necesitarían esfuerzos para subsanar los daños, como reforestación y entrenamiento laboral.

Kamilo Lara, miembro de la Comisión del Canal de Nicaragua, un grupo designado por el gobierno para supervisar el proyecto, dijo que muchos de los que criticaban el proyecto eran oportunistas políticos. Lara explicó que el plan del canal había sido ajustado para enfrentar problemas como posibles terremotos, tsunamis y preocupaciones ambientalistas. Y la gente que podría ser desplazada por la construcción, según él, podría mudarse a ciudades pequeñas con escuelas nuevas y servicios que nunca habían tenido.

“He estado en China. He visto el capital tan increíble que tienen para construir”, observó.

En respuestas a preguntas escritas, Pang Kwok Wai, el vicepresidente ejecutivo de la compañía de Wang, la Hong Kong Nicaragua Canal Development Investment Company, dijo que Wang estaba hablando con posibles inversionistas y que haría público cualquier progreso “a su debido tiempo y manera”. Añadió que Wang había invertido 500 millones de dólares de su propio bolsillo.

Asimismo, afirmó que aunque no estaba obligada a hacerlo, la compañía pagaría las tasas del mercado por las tierras que quería. “Estamos en Nicaragua para llevar el progreso y jugar limpio”, comentó.

Mientras tanto, se ha convertido en un pasatiempo nacional especular sobre el canal, aunque las encuestas muestran que cada vez hay menos nicaragüenses que creen que se va a construir.

“Antes hablábamos de eso todos los días”, recordó Carlos Fernando Chamorro, editor de Confidencial, una revista de periodismo de investigación. “Ahora solo lo hacemos cada dos días”.

Algunos todavía esperan que el canal saque a este país de la pobreza.

Pero en Brito y la cercana ciudad de Rivas, los que podrían ser desplazados están molestos. Teresa de Jesús Henríquez Delgado, de 31 años, es una de las residentes que escribió “¡Que se vayan los chinos!” en la fachada de su casa.

“Me resistiré con todas mis fuerzas cuando lleguen las excavadoras a derrumbar mi casa”, enfatizó. “Pelearé hasta la muerte. Tengo que hacerlo por mis hijos. No pueden quitarle esta tierra a mi familia”.

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