Claves Del Día
Fecha de publicación: 2015-11-17
Antonio Lacayo fungía como presidente de la Junta Directiva de Frutales del San Juan, un megaproyecto de cultivo de naranjas en la zona del Río San Juan, en Nicaragua.

Antonio Lacayo dirigía un megacultivo naranjero en tierras antes minadas

Miembro del Consejo Editorial de Estrategia & Negocios, Lacayo concedió una amplia entrevista sobre las dos empresas que dirigía: Frutales del San Juan y Ticofrut, ambas propiedades de Carlos Pellas y de Stanley Motta, y esta nota fue publicada en la edición 188, correspondiente a Agosto-Septiembre del presente año.

Roberto Fonseca L.-estrategiaynegocios.net

Casi dos décadas atrás, en la finca San Pancho ubicada en la zona fronteriza con Costa Rica, no podía pastar el ganado, ni se podía sembrar. El Mojón número 12, ubicado dentro de la propiedad, estaba contaminado por minas antipersonal, colocadas por el Ejército de Nicaragua durante el conflicto armado en los años 80. Posteriormente, tras el desminado de la frontera Sur, en esas tierras nació Frutales del San Juan, la empresa que hoy cultiva 5.000 manzanas de naranjas para exportación.

“Esas tierras pasaron de ser de conflicto, a ser tierras productivas para la exportación”, afirmó Antonio Lacayo Oyanguren, presidente de la Junta Directiva de Frutales del San Juan, una empresa agropecuaria cuyos socios principales son Carlos Pellas y Stanley Motta, dos destacados empresarios centroamericanos.

En los años 80, durante el conflicto armado que vivió Nicaragua, el entonces Ejército Popular Sandinista colocó más de 170.000 minas antipersonal y minas antivehículos en la mitad del territorio nacional, incluyendo la Frontera Sur, colindante con Costa Rica, donde se ubica precisamente el Mojón número 12 y la finca San Pancho. El objetivo militar era prevenir e impedir la incursión de hombres y de vehículos armados desde los países vecinos.

Con el triunfo electoral de Violeta Barrios de Chamorro, en febrero de 1990, Nicaragua saboreó el fin del conflicto armado y el proceso de paz y de reconciliación nacional dio paso al Programa Nacional de Desminado, que se extendió por varias décadas con el apoyo de la comunidad internacional y que concluyó oficialmente en octubre de 2010. El balance de esa titánica labor fue: 74 municipios desminados, 1.029 campos de minas despejados y 179.970 minas destruidas, sin incluir más de 100.000 minas en inventarios del Ejército.

Una de las áreas desminadas fue el Mojón número 12, que se encuentra en la finca San Pancho, donde los zapadores del Ejército de Nicaragua barrieron y limpiaron 194.000 metros cuadrados, de acuerdo a información oficial proporcionada por fuentes del Programa de Asistencia para el Control de Armas y Destrucción de Municiones en Centroamérica, de la Organización de Estados Americanos (OEA).

“La gente (de la zona) tiene presente que allí no se podía entrar porque estaba minado, a ambos lados del hilo fronterizo”, entre Costa Rica y Nicaragua, refiere Lacayo.

Una vez completamente despejado el terreno de esos artefactos explosivos, el empresario costarricense Carlos Odio, propietario de la empresa Ticofrut, procesadora y exportadora de jugos de naranja y de piña, visitó Nicaragua y propuso a las autoridades nacionales y a empresarios destacados que se sembraran naranjas en la zona fronteriza con Costa Rica, para proveer a la planta procesadora.

Ticofrut se comprometía a suplir las plantas de naranjas de sus propios viveros y de comprar la cosecha a precios del mercado internacional. La idea resultó atractiva a un grupo de empresarios nacionales y surgió Frutales del San Juan. Entre sus socios originales estaban Juan Bautista Sacasa, Dionisio Chamorro, Leopoldo Riestra, Carlos Coronel y el propio Lacayo. Posteriormente se incorporó el costarricense Carlos Odio y luego, Carlos Pellas, el presidente del Grupo Pellas, un consorcio empresarial con negocios en diversos rubros y países.

Proyecto pionero

Lacayo ubica octubre de 1997, como la fecha en que inició la siembra de naranjas en una parte de la finca San Pancho. Continuaron haciéndolo en los dos años siguientes, hasta completar en 1999 alrededor de 560 manzanas de naranjas, de dos variedades: valencia y piña.

A partir del año 2000, la empresa se expandió y compró dos propiedades más: Isla Grande y Melchora.

“Actualmente manejamos 5.000 manzanas de naranjas y 2.000 manzanas de humedales, preservando así el medioambiente. Generamos trabajo permanente a más de 100 personas y en época de cosecha a más de 1.000 personas”, aseguró Lacayo. Esa extensión equivaldría a 3.494 hectáreas de naranjas.

Del lado de Costa Rica, la empresa Ticofrut, a la que Lacayo califica como “prima hermana” de Frutales del San Juan, ya que también pertenece a los socios Pellas y Motta, siembra un total de 10.000 manzanas de naranjas (6.988 hectáreas) en distintas fincas de su propiedad, todas ellas cerca de la guardarraya con Nicaragua.

Mientras a unos 90 kilómetros de distancia de la frontera, cerca de Ciudad Quesada, en el cantón de San Carlos, en Costa Rica, se levanta la planta Ticofrut, empresa procesadora y exportadora de jugos de naranja y de piña. Lacayo calcula que la planta procesadora, más las plantaciones agrícolas de ambas empresas, suman activos superiores a los US$200 millones.

De cada diez naranjas procesadas en la planta Ticofrut, Lacayo estima también que tres provienen de Frutales del San Juan, 6 de las plantaciones de Ticofrut y 1 de productores individuales (pequeños y medianos) de Costa Rica, que a lo largo del tiempo se han convertido en proveedores establecidos.

“La meta es mejorar la productividad en campo, que estaba muy caída”, indicó Lacayo.

La productividad promedio asegura que anda por las 500 cajas de naranjas por hectárea y cada caja equivale a casi 100 libras. Por tanto, la productividad correspondería a 500 quintales por hectárea.

Con la asesoría de un experto brasileño en cítricos, han determinado que con buenas prácticas de cosecha –mejor fertilización y poda- podrían aumentar la productividad hasta en 600 cajas por hectárea en la cosecha 2016. Además, tienen previsto incorporar el riego por goteo.

Una nueva amenaza

De acuerdo con un artículo publicado en el semanario oficial Páginas azules, titulado “Megaproyecto naranjero en zona desminada” y correspondiente a julio de 2004, en la zona San Pancho-San Carlos, el Ejército de Nicaragua registraba un total de diez campos minados a finales de los años 90, los cuales contenían alrededor de 292 minas antipersonal de los tipos PPMIRS-II y POMZ.

Pero, no era la única área contaminada. Según esa publicación, que citaba a fuentes del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Nicaragua, hasta finales de los años 90, a lo largo y ancho de toda la frontera Sur de Nicaragua existían un total de 127 campos minados, en un total de 96 kilómetros.

Gracias a la labor de los zapadores, se despejaron 386.654 metros cuadrados, destruyéndose 2.319 minas antipersonal de los tipos PPMIRS-II, POMZ y PMN. Una vez concluida la labor de desminado, la frontera Sur fue declarada “Zona libre de minas” el 20 de abril de 2001, en un acto público. Fue la primera en Nicaragua, de acuerdo a la publicación Páginas Azules, que circuló inserta en los diarios nacionales durante la administración de Enrique Bolaños Geyer (2002-2006).

Hoy, después de más de una década, la amenaza es otra. Según un artículo publicado en el portal de la BBC en febrero del presente año, bajo el título “El insecto asiático que amenaza al mayor productor de naranjas de EE.UU.”, investigadores de la Universidad de Florida han determinado que la amenaza a los naranjales es un insecto portador de la bacteria Candidatus Liberibacter asiaticus, que provoca la enfermedad bacteriana mortal llamada Huanglongbing (HLB), también conocida como enverdecimiento de los cítricos.

Lucasz Stelinkski, de la Universidad de Florida, aseguró a BBC que el insecto portador pudo haber incursionado en ese estado norteamericano desde 1998, sin embargo no se detectó hasta 2005. Desde entonces y hasta la fecha, la enfermedad ha provocado una verdadera devastación en la industria cítrica de la Florida, el segundo productor mundial.

De acuerdo al citado reporte periodístico, la producción de naranjas en la Florida, Estados Unidos, ha caído en un 63%, las pérdidas económicas suman US$9.000 millones y más de 8.000 personas se han quedado sin su puesto de trabajo en la última década.

Lacayo aseguró a E&N que la enfermedad no ha incursionado con fuerza en Nicaragua y Costa Rica, a diferencia de Brasil y la Florida, sin embargo afirmó que se mantienen alerta, monitoreando día a día las plantaciones de Frutales del San Juan y de Ticofrut.

“La bacteria, que la transmite el insecto volador, va atrofiando los vasos de la planta y el árbol se va volviendo más débil. Comienza a morir de forma lenta, pero segura”, indicó.

La vigilancia sanitaria se lleva a cabo en la copa de los árboles donde se posa el insecto y, cuando se sospecha la presencia de la bacteria en las hojas, los trabajadores toman muestras y las remiten a los laboratorios. Si se confirma su presencia, se elimina el árbol inmediatamente. Además, las plantas cercanas deben ser objeto de medidas profilácticas para evitar su expansión.

Oportunidad de crecer

Ticofrut es una de las tres plantas procesadoras de la región, que abastecen de jugo de naranja a Coca-Cola Company, las otras dos están en Brasil y en la Florida, Estados Unidos.

“Somos la empresa más pequeña, pero la calidad del jugo a Coca-Cola le parece extraordinaria y quieren más, así que hay una oportunidad de crecer, y queremos hacerlo fomentando la productividad y motivando a productores privados en Nicaragua a incursionar en el cultivo de naranjas”, indicó Lacayo.

En el caso de ambas empresas, Frutales del San Juan y Ticofrut, en la cosecha 2016 la meta es producir hasta 6.000.000 de cajas de naranjas, de las cuales 2.000.000 de cajas corresponderían a las plantaciones en Nicaragua.

“Con la actual extensión de tierras, podemos llegar en Frutales del San Juan a producir 3.000.000 de cajas de naranjas, la clave será productividad, innovación y comprometidos con la excelencia”, concluyó Lacayo.