Claves Del Día
Fecha de publicación: 2014-07-01
"La capacidad de un país para prestar servicios públicos decentes es crucial para su éxito en el control de la corrupción", asegura el experto Peter Hakim. (Foto: Archivo)

Corrupción en Latinoamérica: quién es quién

Según el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) de 2013, Uruguay, Chile y Costa Rica son los países menos corruptos de la región. El Salvador, también tiene credibilidad; es una de las naciones más pobres que están consideradas menos corruptas que la media mundial. Tres de los países más prósperos -México, Panamá y Argentina- entre los más corruptos, además de Venezuela.

Por: Peter Hakim-Infolatam

A excepción de unos pocos países, la corrupción es endémica en toda América Latina. A pesar de la retórica de los dirigentes políticos de todas las tendencias ideológicas, afianzada por tratados regionales, planes nacionales, y miles de campañas, la región ha hecho escasos progresos para acabar, o incluso modestamente frenar, las prácticas de corrupción en los últimos 20 años.

La corrupción aparece como un elemento permanente y generalizado en casi todos los países latinoamericanos. Es difícil llegar a una conclusión diferente a través del Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) de 2013, elaborado y publicado por Transparencia Internacional (acrónimo: TI), el observatorio global más importante sobre prácticas corruptas.

No hay otras encuestas o investigaciones que contradigan esos resultados. Sin embargo, la ausencia de una medida directa de la corrupción es una clara laguna en la metodología de TI, y plantea serias cuestiones acerca de la fiabilidad de sus resultados. Debido a que sólo se basan en la percepción, los resultados no pueden considerarse definitivos. Pero hasta ahora nadie ha ideado un método mejor. Y el hecho de que el índice de TI se relacione estrechamente con otras encuestas y estudios relacionados con la corrupción le confieren un mayor grado de credibilidad.

Panorama de la corrupción en Latinoamérica

No hay ninguna razón para esperar que las naciones de América Latina estén libres de corrupción, o situadas entre los países menos corruptos del mundo. En todas las encuestas, ya sea por TI o de otras organizaciones, públicas o privadas, existe una estrecha e inversa relación entre los niveles de corrupción y el ingreso per cápita (de acuerdo con los informes del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional).

Sólo uno de los 50 países menos corruptos del mundo, Ruanda, tiene un ingreso anual per cápita inferior a la media mundial de US$10.000. Asimismo, de los 50 países más corruptos del mundo, sólo Venezuela tiene un ingreso anual de más de US$6.000 per cápita y sólo tres otros tienen más de US$4.000. En resumen, la pobreza y la corrupción tienden a ir de la mano. Eso no es una sorpresa. La corrupción, tanto la oferta como la demanda, es mayor en los países de bajos ingresos.

Sin embargo hay buenas noticias acerca de la corrupción en América Latina. Veinte de los 25 países menos corruptos del mundo son países ricos, casi todos los cuales tienen una renta per cápita de US$40.000 por año o más. Pero, dos de los 25 son naciones latinoamericanas: Uruguay y Chile, con ingresos anuales de alrededor de US$16.000 (y los tres restantes son el pequeño estado caribeño de Barbados, las Bahamas y Santa Lucía). Uruguay y Chile, y sus vecinos del Caribe, están junto a países como Estados Unidos, Francia y Japón, cuando se trata de la corrupción.

Otro pequeño país de América Latina, Costa Rica, merece también mención. Se encuentra entre los 50 países menos corruptos del mundo en la encuesta de TI, en el grupo de Letonia, Malasia y Hungría. Lo cual no va a sorprender a nadie que esté familiarizado con ese país. Junto con Uruguay y Chile, Costa Rica, con un ingreso per cápita anual de unos US$10.500, es considerado como uno de los gobiernos de América Latina con mejores condiciones en la mayoría de los criterios.

Otro país centroamericano, El Salvador, también tiene credibilidad. Es una de las naciones más pobres que están consideradas menos corruptas que la media mundial.
Sólo otros dos países latinoamericanos -Brasil y Perú- tienen niveles de corrupción que están por debajo del promedio mundial. Brasil es el cuarto país latinoamericano menos corrupto, pero ocupa el 72 º en el ranking mundial, varios lugares por debajo de su nivel de ingreso per cápita.

Perú, con la sexta puntuación en corrupción de América Latina, ocupa el lugar 84 º a nivel mundial, casi donde está en su escala de ingresos. (Cuba está clasificada por TI como menos corrupta que Brasil o Perú, pero la excluyo de este análisis debido a que su economía, política y sociedad son tan diferentes de todos los demás países de América Latina, y a que sus estadísticas mucho más escasas y menos fiables.)

Pero por desgracia, las malas noticias son muchas más que las buenas. Según el informe de TI, la corrupción en conjunto de los 13 países de América Latina es superior a la media mundial. Dos tercios de los países latinoamericanos son más corruptos que el 50 % del resto del mundo, a pesar de que el ingreso per cápita de América Latina en general está por encima de la media global de todos los países del mundo.

Peor aún, tres de los países más prósperos de América Latina - México, Panamá y Argentina- están en el 40 % más bajo de los niveles de corrupción. Sin embargo, cada uno de estos países cuenta con ingresos per cápita de más de US$10.000, situándolos en el tercio superior del ranking de naciones por los ingresos.

Tendencias a lo largo del tiempo

Llama la atención que desde 1995 (cuando se iniciaron los informes de TI) en América Latina han tenido lugar cambios drásticos, mientras que el ranking de corrupción internacional y regional de la mayoría de los países de la región no ha cambiado mucho durante ese período de casi 20 años.

Con pocas excepciones, la corrupción en América Latina se muestra hoy en día más o menos igual que lo hizo hace dos décadas. El cambio que se ha producido ha sido más bien un cambio de situación a peor que una mejora en general. América Latina puede estar perdiendo terreno frente a la corrupción.

Uruguay ha realizado con mucho el mayor progreso con su clasificación como país menos corrupto; en TI del 2000 ocupaba el puesto 35 y mejoró al 19 en 2013 (cuando fueron analizados casi el doble de los países). Sólo otros tres países -Ecuador, Bolivia y Argentina- pueden tener progresos importantes en algún punto en los últimos diez años.

En relación con otras, el ranking de las 19 naciones de América Latina apenas ha cambiado desde el cambio de siglo. En la encuesta de TI (y prácticamente en todas las demás) Chile, Uruguay y Costa Rica siempre han sido juzgados como los países menos corruptos de la región, año tras año. Eso no es sorprendente. Las tres naciones constituyen “historias de éxito” de América Latina. Son políticamente abiertas y estables, con altas puntuaciones en todas las evaluaciones de calidad de sus instituciones y de su gobernabilidad. Sus indicadores de desarrollo humano y social son los mejores de la región y tienen una consistente marca de política económica sólida y de crecimiento sostenido, a pesar de los importantes cambios ideológicos de sus gobiernos a través del tiempo.

En el otro extremo del espectro, Haití, Venezuela, Paraguay y Honduras han estado en los últimos lugares de todas las encuestas de corrupción en las que fueron incluidos. Y Guatemala, Nicaragua y República Dominicana no han funcionado mucho mejor. Los sistemáticamente altos niveles de corrupción percibida en la mayoría de estos países no son sorprendentes. Todos ellos, excepto Venezuela, se han situado durante mucho tiempo entre los países más pobres de la América Latina. Cuatro países centroamericanos del grupo todavía están pagando los múltiples costes de las guerras de esa región. Tres de ellos están sufriendo algunos de los más altos niveles de violencia criminal en el mundo.

El nivel de corrupción de Venezuela es el más alejado de su puesto en relación con su riqueza y el ingreso per cápita-tanto a nivel regional como mundial. También es la nación que ha experimentado la transformación más profunda en América Latina en los últimos años. Con la elección de Hugo Chávez en 1998 se inició un reordenamiento radical de la política del país, la economía y las relaciones en el extranjero. Sin embargo, las puntuaciones de corrupción en Venezuela, según las encuestas de TI, no se han visto afectadas. En la primera encuesta en 1995, Venezuela ocupó el puesto más corrupto de los 49 países participantes-y, desde entonces, la nación bolivariana se ha mantenido en el nivel inferior de los países del mundo.

Algunos otros países de América Latina con altos ingresos, por ejemplo Argentina y México, se han clasificado mucho mejor que Venezuela en la mayoría de los índices de corrupción, pero todavía están muy por debajo de lo que podría esperarse de países con sus niveles de ingresos.

La puntuación de corrupción de Argentina se encuentran en su punto más bajo después de su colapso financiero en 2001 – 2002, y aunque ha mejorado un poco desde entonces, no tanto como para tener una puntuación más que mediocre en el ranking internacional dentro de América Latina. Su situación no es en absoluto sorprendente, dado que las más altas autoridades de la nación han sido creíblemente acusadas de corrupción, y que el país ha desinformado durante varios años sobre su inflación y tasas de crecimiento, y el gobierno de manera constante ha roto contratos con empresas locales, extranjeras, agencias internacionales, y con sus propios ciudadanos.

La débil situación de la corrupción de México casi no ha variado en los últimos 15 años a pesar de sus impresionantes cambios políticos. Después de 71 años de gobierno autocrático, el Partido Revolucionario Institucional (con el acrónimo PRI) fue echado del gobierno en 2000, un acontecimiento anunciado como el inicio de un gobierno más abierto y democrático en México. Tampoco tiene tanto impacto en la percepción de los niveles de corrupción en el país la sangrienta guerra que México ha emprendido desde el año 2006 con los cárteles de la droga.

Colombia, que en las puntuaciones sobre corrupción de TI se coloca sólo ligeramente mejor que Argentina y México, también ha mostrado un cambio mínimo en los últimos doce años. Una vez más, el nivel invariable de la corrupción es difícil de explicar, dadas las mejoras excepcionales en la situación de Colombia en cuestiones de seguridad, el crecimiento sólido del país en este período, y la demostrada capacidad de resistencia de sus instituciones.

Entre los otros países de América Latina, Brasil, El Salvador y Perú están, en casi todas las encuestas de TI desde 2000, en el tercio menos corrupto de los países latinoamericanos, aunque todos ellos tienen una puntuación relativamente mala en comparación con el ranking mundial. Brasil mostró una mejoría considerable en su puntuación entre 1995 y 1998, momento en que el gobierno de Fernando Henrique Cardoso llevó a Brasil al final de la hiperinflación y la reforma de la gestión fiscal. Desde 1998, sin embargo, la puntuación de la corrupción de Brasil apenas ha cambiado en absoluto, a pesar de que durante este período Brasil disfrutó de casi 8 años de rápido crecimiento (que ahora ha disminuido), una fuerte expansión de su peso e influencia internacionales y un crecimiento de la clase media que ha demostrado con fuerza su descontento con la corrupción pública y el derroche.

Una cuestión que ha surgido en los últimos años es la de si la corrupción en Brasil se ha subestimado por TI. Más que cualquier otra cosa, ha sido el llamado escandalo “mensalão” en 2005, el que señaló la profunda corrupción política. Se encontró que altos funcionarios del gobierno y dirigentes del Partido de los Trabajadores utilizaron fondos públicos para ofrecer sobornos mensuales a cambio, directamente, de votos favorables en el Congreso. Después de ocho años de juicios y apelaciones, 20 personas de las implicadas fueron condenadas y enviadas a prisión. Para algunos analistas, esto sugiere que Brasil puede haberse vuelto menos tolerante con la corrupción. Bien podría ser el caso, pero los procedimientos judiciales también mostraron cómo el sistema judicial de Brasil es disfuncional y en muchas aspectos tiende a proteger a los acusados de delitos cuando se tienen recursos y conexiones.

Los niveles de corrupción en El Salvador y, en menor medida, de Perú, por razones desconocidas, parecen casi impermeables a la situación política, económica y de seguridad de los países. A pesar de su relativa baja renta per cápita, y de que tiene unos niveles de violencia criminal excepcionalmente altos y una amplia “cultura de bandas” entre su juventud, El Salvador ha sido clasificado entre el tercio de los mejores países de América Latina, en cuanto a transparencia y ausencia de corrupción. Perú descendió en el ranking en la década de 1990 cuando la malversación del presidente Fujimori tuvo gran resonancia, pero mucho menos de lo que cabía esperar.

Además de Uruguay, sólo hay dos países de América Latina que han mejorado sustancialmente sus puntuaciones de corrupción de TI desde el 2000: Bolivia y Ecuador. De hecho, ningún otro país ha mostrado mucha variación ni para bien ni para mal. Los progresos en Ecuador tuvieron lugar principalmente desde 2008, tras la elección del presidente Rafael Correa, quien ha gobernado de forma autocrática mientras persigue una agenda populista y se alía con las políticas anti-Estados Unidos de Venezuela.

Durante su mandato en el cargo, según el ranking de corrupción de TI, Ecuador ha pasado del puesto150 al 102 en el panorama mundial y de 18 al 8 en América Latina. Curiosamente, los progresos de Bolivia se realizaron antes de la elección en 2006 de Evo Morales, quien ha seguido un enfoque de izquierda anti-Estados Unidos similar al de Correa. Después de mejorar desde el puesto 15 al10 entre las naciones de América Latina en el período 2000-2006, la puntuación de Bolivia se ha mantenido prácticamente sin cambios hasta el 2013.

Algunas conclusiones y preguntas sin resolver

Durante los últimos 15 años, la gran mayoría de los países de América Latina han experimentado escasa variación en sus puntuaciones de corrupción según TI. La ausencia de un cambio así podría invitar a especular que la tendencia hacia la corrupción está estrechamente ligada a la historia y la cultura de cada país, y que sólo puede ser alterada con gran dificultad tras un largo período de tiempo.

De lo contrario ¿Cómo explicar que 15 años de gobierno de una fuerza política como Hugo Chávez no haya tenido prácticamente ningún impacto en las puntuaciones de corrupción en Venezuela, ni para mejorar ni para hacer que empeoren? ¿O que la transición ampliamente aclamada en México a un gobierno democrático no haya tenido un efecto en las prácticas corruptas de la nación? ¿Tampoco en Brasil tras los últimos años de rápido crecimiento y ascenso a la cumbre internacional? ¿Tampoco en Colombia con el resurgimiento de un estado casi fracasado, bajo el asedio de la guerrilla, los grupos paramilitares y capos de la droga, para convertirse en una historia de éxito en su lucha por la seguridad en América Latina?

Otras preguntas difíciles son, ¿Cómo es que El Salvador, que sufrió tanto como cualquier país de Centroamérica, durante las guerras e insurgencias civiles de la región, ha logrado constantemente mantener su puntuación en TI con un corrupción inferior al de otras naciones de bajos ingresos de la región como Guatemala, Honduras y Nicaragua? ¿O por qué algunos gobiernos de la izquierda, en Uruguay y Ecuador, por ejemplo, han logrado mejorar significativamente sus puntuaciones sobre corrupción en los últimos años mientras que otros como Nicaragua y Venezuela siguen siendo uno de los países más corruptos de América Latina, con pocos cambios desde su izquierda liderazgo llegó al poder?

Como se comentó anteriormente, el ingreso per cápita se relaciona estrechamente con las puntuaciones de corrupción, tanto a nivel regional como mundial. La abrumadora mayoría de los países menos corruptos según TI son los que tienen altos ingresos, mientras que la mayoría de los más corruptos son los más pobres. Ninguna otra simple medida ofrece una mejor explicación. Esto no ayuda a explicar por qué las puntuaciones Brasil está considerablemente mejor en la escala de la corrupción de TI que Argentina, México y Venezuela -a pesar de sus ingresos per cápita similares. O por qué El Salvador aparece mucho menos corrupto que el Paraguay y la República Dominicana. O por qué algunos de los países de más rápido crecimiento en América Latina en los últimos diez años, incluyendo Panamá, República Dominicana y Argentina han ganado tan poco terreno en las encuestas de TI.

Los escasos cambios en las puntuaciones de corrupción en más de 15 años y la clasificación de la mayoría de las naciones latinoamericanas también sugieren que las iniciativas de lucha contra la corrupción no han producido mayores diferencias en la región.

Ciertamente, la corrupción se ha convertido en un tema político cada vez más importante. En un país tras otro, los líderes nacionales se comprometen a hacer todo lo necesario para poner fin a la corrupción y castigar a los involucrados. Y la mayoría de los países han desarrollado marcos legales para frenar la corrupción y aumentar la transparencia.

En muchos sitios se han nombrado funcionarios especiales anticorrupción y las comisiones éticas son una práctica habitual. Los grupos no gubernamentales participan activamente en campañas anticorrupción. Y las organizaciones mundiales y regionales han adoptado una serie de convenios y programas para hacer frente a esos problemas y a la falta de rendición de cuentas y transparencia de los gobiernos. Sin embargo, las encuestas indican que la mayoría de los latinoamericanos creen que la corrupción está aumentando año tras año. El índice de TI sugiere que la corrupción realmente no ha subido mucho pero también que no está despareciendo.

La lección más importante que puede provenir de las naciones menos corruptas de América Latina. La experiencia de Uruguay y Chile nos dan la evidencia de que la capacidad de un país para prestar servicios públicos decentes es crucial para su éxito en el control de la corrupción.


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