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Fecha de publicación: 2021-11-20

Las elecciones de Argentina y Chile: su impacto en el mapa político sudamericano

De los cinco procesos electorales que integran la abultada agenda electoral latinoamericana de noviembre, dos ya se llevaron a cabo y otros dos tendrán lugar hoy.

Por Daniel Zovatto. Director Regional. IDEA Internacional @zovatto55

El pasado domingo 7, Nicaragua vivió una farsa electoral. Una semana después, Argentina renovó en las urnas parte del Congreso. Este domingo Chile elegirá el sucesor de Sebastián Piñera, la totalidad de la Cámara de Diputados y 27 de los 50 senadores, mientras en Venezuela se elegirán autoridades regionales y municipales. Finalmente, las elecciones generales hondureñas del domingo 28, cerrarán esta maratón electoral. Este artículo pone foco en el análisis de las elecciones argentinas y chilenas; procesos electorales a ambos lados de los andes cuyos resultados y tendencias impactan y reconfiguran el mapa político sudamericano.

Argentina: una derrota oficialista amortiguada

Los comicios de medio período del pasado domingo 14 fueron una elección legislativa con sabor a referéndum y cuyos resultados se proyectan hacia la carrera presidencial de 2023. Se eligieron la mitad de los diputados (127/ 257) y un tercio del Senado (24/72).

A nivel nacional, el oficialista Frente de Todos (FdT) perdió por 8.6% frente a la coalición opositora Juntos por el Cambio (JxC): 42.5% a 33.9% (con el 98.7% de los votos escrutados).

La principal derrota del gobierno tuvo lugar en el Senado, donde el FdT perdió su quórum automático que tenía desde 1983. De 41 senadores pasa a 35, 2 por debajo de la mayoría propia, lo que le impedirá a Cristina Fernández de Kirchner, -quien en su condición de Vicepresidenta de la Nación ocupa la presidencia del Senado- imponer su propia agenda sin contar con el apoyo de otras fuerzas políticas.

El oficialismo perdió asimismo por estrecho margen (1.3%) en la provincia de Buenos Aires pero, gracias al “plan platita” –medidas económicas de fuerte contenido clientelar-, logró reducir la amplia ventaja que la oposición le había sacado en las primarias de septiembre y empatar en el número de diputados por ese distrito clave: 15 para el FdT e igual número para JxC.

Por su parte, en la Cámara de Diputados, el oficialismo perdió una banca (pasó de 120 a 119 diputados) mientras JxC sumó dos (subió de 114 a 116). Pese a ello, el FdT se mantiene como la primera minoría en la Cámara baja pero sin tener mayoría propia (necesita 129 diputados). Y, al igual que en el Senado, para avanzar con su agenda legislativa, incluido el acuerdo clave con el FMI, deberá contar con el apoyo de otras bancadas.

Balance: Las dos principales coaliciones (FdT y JxC) perdieron votos respecto de las elecciones presidenciales de 2019: 5 millones el FdT y 1.7 millones JxC; votos que se fueron a engrosar la abstención (29%), a la nueva fuerza de derecha libertaria que encabeza Javier Milei y a la izquierda dogmática que se convirtió en la tercera fuerza política a nivel nacional.

La remontada oficialista –perder por un margen menor al que se preveía- llevó al Presidente Fernández a poner en marcha una estrategia destinada a amortiguar su derrota y reposicionarse en el tablero político, basada en tres puntos: 1) calificar los resultados como una “derrota con sabor a victoria”-; 2) mostrar que el gobierno sigue teniendo un alto nivel de respaldo popular –con un acto masivo celebrado en la plaza de mayo el pasado miércoles en el que hizo un llamado a la unión del peronismo para ganar en 2023-; y 3) consciente de su debilidad en ambas Cámaras del Congreso –donde es primera minoría pero no tiene mayoría propia- invitó a la oposición, la misma noche de la elección, a un diálogo nacional. La gran interrogante al interior de JxC es ver cómo terminarán de acomodarse el Presidente y su poderosa Vicepresidenta a la luz de estos resultados adversos y de cara a la elección presidencial de 2023.

Por su parte, el opositor JxC si bien no obtuvo un triunfo contundente como el que esperaba, sí mejoró su posición en el Congreso y su presencia a nivel nacional. Sus desafíos pasan por mantener y fortalecer la unidad al interior de la coalición, definir una estrategia de relacionamiento con el oficialismo (un delicado balance entre cooperación y competencia) y seguir ganando apoyo ciudadano para intentar regresar a la presidencia en el 2023.

Chile: elecciones cruciales en el “oasis” latinoamericano

Estos comicios revisten una gran importancia: además de elegir al sucesor de Sebastián Piñera, sus resultados producirán una importante reconfiguración del mapa político y del Congreso chileno. Los mismos tienen lugar en un contexto atípico, a dos años del estallido social y de manera concomitante con el desarrollo del proceso constituyente. El país se ha visto muy afectado por la pandemia lo que ha implicado una importante crisis sanitaria, social y económica, actualmente en recuperación pero con muchas interrogantes sobre el futuro, que ha golpeado con fuerza la popularidad del oficialismo. La situación política se caracteriza por un alto grado de polarización a nivel de las élites y de volatilidad electoral.

Por otro lado, por primera vez en las últimas elecciones no hay un candidato que lidere de manera clara en las encuestas y por lo tanto hay mucha incertidumbre sobre los resultados de la elección presidencial. Si bien la mayoría de las encuestas -con todas las reservas que existen sobre las mismas- señalan que los candidatos Gabriel Boric, de izquierda (pacto de Apruebo Dignidad, del Frente Amplio y el Partido Comunista) y José Antonio Kast, de extrema derecha (pacto Frente Social Cristiano), la alta volatilidad electoral obliga a ser prudente y no descartar por completo la posibilidad de que Sebastián Sichel (pacto Vamos por Chile, continuidad del gobierno actual) o Yasna Provoste (pacto Nuevo Pacto Social, ex Concertación) pudieran pasar al ballotage.

Balance: Con siete candidatos presidenciales en que ninguno sobrepasa el 35% de la adhesión, y con un 23% de los electores todavía indecisos, la participación electoral en un país con voto voluntario y un abstencionismo estructural (entre 50 y 60% en elecciones presidenciales), el resultado dependerá en buena medida del nivel de participación electoral y de quienes –grupos etarios y socio-económicos- acudan a votar.

Todos los escenarios están abiertos y no hay que descartar una sorpresa de último momento. La única certeza es que la definición del próximo presidente no tendrá lugar hoy sino que habrá que esperar a la segunda vuelta del 19 de diciembre. El “oasis” chileno de ayer es hoy un mar agitado y lleno de incertidumbres.

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