Claves Del Día
Fecha de publicación: 2021-09-05

Opinión: La pandemia como símbolo del Bicentenario

A pocos días de celebrar el Bicentenario de nuestra independencia nos encontramos con que somos pasajeros de una región y de un tiempo extraordinario, de incertidumbre, de angustia y dolor, afirma el empresario guatemalteco Dionisio Gutiérrez.

Por Dionisio Gutiérrez,
Empresario, sociólogo, comunicador y presidente de la Fundación Libertad y Desarrollo

Un tiempo en el que la política y el Estado perdieron sentido y propósito, y dejaron de funcionar ante el asombro, la complicidad y la indiferencia de ciudadanos y sociedades que debimos actuar con más responsabilidad.

Más que una saga de héroes y villanos, que los hay, ésta es la historia de este tiempo; es el espacio de una época en la que una generación de ciudadanos decidió ser prisionera de sí misma; y hoy, más que nunca, está pagando las consecuencias.

Las condiciones para la construcción de naciones exitosas son mucho trabajo, buenas ideas, valores éticos y sacrificios. Si es cierto que lograrlo toma siglos, las generaciones de ciudadanos que estamos por llegar a un Bicentenario para celebrar, no sé qué, debiéramos al menos, discutir sobre el diseño, los cimientos y las bases sobre las que, algún día, estará el pedestal que abrazará el futuro que, todavía, debemos construir.

Como si nuestro saldo vital, ciudadano y societario no fuera cuestionable, desde aquella independencia hace 200 años, el permanente enfrentamiento entre el ser humano con las fuerzas de la naturaleza decidió darnos la sorpresa de un virus nuevo, para el que, en especial, el mundo subdesarrollado no estaba preparado para recibir.

Cada día son más personas las que están perdiendo a un conocido, a un amigo, a un ser querido. Así son las pandemias. Y en una región como el nuestra, es poco lo que se puede hacer. Así lo decidimos y lo permitimos sus habitantes. Por eso, solo el tiempo, los esfuerzos que se puedan realizar y la suerte nos sacarán de este laberinto de vacíos, penas y ausencias.

Si es cierto que las pandemias duran 4 años, todavía nos falta llegar al final del primer tiempo, y todo el segundo tiempo. Enfrentar este desafío con efectividad y lograr un segundo tiempo menos malo que el primero dependerá de la responsabilidad, del trabajo en equipo, de la ciencia y de los recursos con que contemos.

A través de la historia de la humanidad, el diseño de la mente, del corazón y del estómago, los 3 lugares donde se sienten los miedos, las tristezas y las alegrías, ha demostrado tener un propósito de protección y preservación. Ese diseño tan humano es la dimensión que mejor expresa nuestra condición humana. En las guerras, las hambrunas y las pandemias, éste ha sido el seguro y el andamio que ha funcionado para que la especie humana garantice su continuidad. Menos mal.

Por eso, los latinoamericanos, más que soportar, prevaleceremos porque somos parte de una especie que, a pesar de todo, tiene alma, mente y corazón; pero en especial, los latinos tenemos un espíritu capaz de la compasión, del sacrificio y la sobrevivencia.

Al final, se trata de que entendamos el verdadero significado de lo que es ser, un ser humano, en libertad, y con frecuencia practicante de la indisciplina; pero libre, y como tal, mortal, frágil y susceptible. Por eso, comprometernos a ser ciudadanos responsables y presentes; personas honorables, humildes y agradecidas, es un buen seguro de vida. Por eso, asumir la responsabilidad de luchar por los valores éticos que construyen naciones exitosas es el mejor legado que podemos y debemos dejar a la siguiente generación.

Así, para el mundo hispanoamericano, en especial para quienes hoy lo habitamos, el Bicentenario, la política, nuestro subdesarrollo y una pandemia solo deben ser oportunidades para ejercer, con responsabilidad, el valor más preciado que tenemos: nuestra libertad.


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