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Fecha de publicación: 2021-02-26
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Pronósticos 2021: El Salvador, frágil esperanza por un mejor segundo semestre

El país comenzó enero de 2021 atravesando un rebrote de la pandemia del Covid-19 y en medio de un cargado enfrentamiento político previo a las elecciones legislativas y municipales de febrero. Se espera un lento crecimiento económico en el primer semestre, con las esperanzas puestas en la segunda mitad del año.

Por Pablo Balcáceres, estrategiaynegocios.net

El Salvador ha sido uno de los países más llamativos en el manejo de la pandemia del Covid-19. Por ejemplo, fue uno de los primeros en la región en cerrar su aeropuerto, estableció cuarentenas de un mes para los viajeros recién llegados al país, suspendió el transporte público e impuso una cuarentena rígida a la población durante seis meses.

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El gobierno de ese país priorizó evitar el colapso del sistema sanitario por sobre la economía. Llegado el fin del año, parece que logró cumplir el primer objetivo en 2020: ha sido el segundo país en América Latina con mejor manejo de la pandemia de toda América Latina, según el Instituto Lowy, de Australia.

El índice de este tanque de pensamiento australiano considera varios factores, entre estos: casos y muertes confirmadas, pruebas y casos confirmados como proporción de las pruebas. Una declaración que, vista con lupa, no es para festejar de sobremanera. De 98 países evaluados, el mejor país calificado en América Latina ha sido Uruguay, en el puesto 12, mientras que El Salvador se ubica en el número 56, es decir, en la segunda mitad de la tabla.

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De los países centroamericanos en este índice, a El Salvador le siguen Costa Rica (71), Guatemala (88) y Panamá (92), Nicaragua y Honduras no han sido medidos en ese ranking. México y Brasil son los últimos de Latinoamérica y de todo el mundo, en los últimos puestos, 97 y 98 respectivamente.

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En contraparte, la economía ha sido una de las de peores desempeños en la región. Se estima que el Producto Interno Bruto (PIB) de El Salvador bajó en un -7,2 % e según las perspectivas del Banco Mundial, la tercera recesión más profunda en el istmo, después de Honduras (-9,7%) y Panamá (-8,1%).

La reanudación de las actividad económica, congeniada con un inesperado crecimiento de las remesas, que superaron por primera vez en la historia a las exportaciones, propiciaron que el panorama económico fuera menos devastador del previsto en 2020. En octubre, el Banco Mundial estimaba que la economía del país iba a decaer en -8,7 %.

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Para este 2021, el PIB crecería en 4,6 % según el Banco Mundial. Hasta mediados de enero, era la proyección más optimista sobre El Salvador, pues que el Fondo Monetario Internacional le augura un 4,0 %, la Comisión Económica para América Latina, en un 3,5 %; y la oficial del BCR, entre un 3,5 % y 4,0 %.

La Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES) prevé que el PIB varíe entre -0,6 % a un 4 %. No será sino hasta 2022 cuando el PIB recupere su nivel de 2019, el cual era de US $27.023 millones.

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Pedro Argumedo, Investigador del Departamento de Estudios Económicos de Fusades, atribuye la fuerte caída de la economía a dos factores principales: el primero, una larga cuarentena, desde marzo ha agosto, la cual provocó una contracción del -19,8 % en el segundo trimestre y de -10,2 % en el tercer trimestre; y el segundo, la incertidumbre debido a la polarización política y la corrupción.

El enfrentamiento político se materializó en fuertes conflictos entre el poder Ejecutivo, la Asamblea Legislativa y la Sala de lo Constitucional, así como en la campaña pre electoral rumbo a las elecciones legislativas y municipales del 28 de febrero de 2021, una que, según las encuestas, cedería el control del órgano legislativo a los partidos aliados del presidente Nayib Bukele.

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La contienda ha venido girando en torno a dos narrativas: la de Bukele pidiendo a la población que le respalde con más diputados y alcaldes para consolidar el rompimiento con la anterior clase política; y la oposición, que acusa a Bukele de dictador tras los eventos del 9 de febrero de 2020 (9F), cuando arengó a la ciudanía a tomar en sus manos la insurrección contra los diputados frente al edificio de la Asamblea, y por la imposición de cuarentenas severas en todo el país durante la pandemia.

El escenario económico podría haber sido todavía peor sin las remesas familiares. “A pesar de los efectos económicos de la pandemia por Covid-19, los remitentes de remesas apoyaron en mayor medida a sus familias”, sostuvo el Banco Central de Reserva de El Salvador (BCR).

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Según la entidad, en 2020 el flujo de estas ayudas aumentó en 10 de los 12 meses del año pasado. En total, el dinero enviado por los salvadoreños en el exterior ascendió a US$5.918,6 millones, desde los US $5.649 millones de 2019.

Por el contrario, el monto de las exportaciones cayó a US $5.030,1 millones, un descenso anual del -15,4%. Por primera vez desde el año 2000, las remesas familiares superaron a las ventas de productos salvadoreños hacia el extranjero, un hito histórico que, no obstante, evidencia las carencias estructurales de esta economía.

“Debe ser preocupante, no motivo de orgullo”, reflexiona Abelardo Medina, encargado del área macrofiscal de ICEFI, sobre el papel que las remesas han tenido para los países del Triángulo Norte en la región y Nicaragua. Un descenso en las remesas o incluso un estancamiento habría profundizado las caídas de las economías centroamericanas.

Las medidas gubernamentales de cuarentenas estrictas asestaron un golpe fuerte a las empresas. Según las encuestas de la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador (Camarasal), 9 de cada 10 enfrentaron cierres totales o parciales. Los rubros de turismo, hoteles y restaurantes han sido de los más afectados. Además, los empresarios fueron modificando negativamente sus perspectivas sobre la recuperación. Al inicio de la pandemia, el 68 % de los encuestados por Camarasal pensaban que en 9 meses lograrían la recuperación; en octubre, el 70 % pensaba que iban a demorar un año o más.

Las presiones de liquidez han sido el factor clave de sobrevivencia. Además, la reapertura adicionó otros costos. Cada compañía tuvo que invertir entre US $1.000 y US $5.000 para implementar medidas de bioseguridad y encontrarse con un bajo dinamismo en las ventas, describe Jorge Hasbún, presidente de Camarasal.

El líder gremial destaca que la solidaridad empresarial ha sido trascendental para salvar empresas. “Ha habido un gran apoyo de privados ayudando a privados para lograr sostener muchos de los negocios, de lo contrario, el daño habría sido enorme: personas disminuyendo o anulando el alquiler de locales, bancos difiriendo pagos, pasándolos a vencimiento, haciendo reestructuraciones para permitir a los clientes no caer en mora”, relata.

Un 2021 incierto

“Se podría hacer la analogía que la economía estuvo en cuidados intensivos en 2020 y para 2021 pasa por cuidados intermedios y logra el alta en el segundo semestre del año”, es la metáfora que utiliza Pedro Argumedo, de Fusades.

Un segundo semestre más amigable para los negocios dependerá, en gran medida, de la llegada y aplicación eficiente de la vacuna contra el Covid-19. Aunque como factor por sí solo, esto no es garantía, se requiere un acuerdo de entendimiento entre los sectores público y privado para impulsar el empleo, el crecimiento y la inversión.

“Es difícil esperar una normalización antes del segundo semestre del año, y eso en el mejor escenario. Vamos a arrastrar por lo menos una dinámica bastante baja de crecimiento, a lo cual ya estamos acostumbrados en El Salvador, pero no a este nivel tan bajo”, analiza Carlos Acevedo, economista y expresidente del Banco Central de Reserva.

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Hasbún coincide en que de la aplicación de la vacuna pende gran parte de la esperanza de cara al segundo semestre. El país comenzó en enero de 2021 en medio de una segunda ola de casos de Covid-19, hecho que cierne nubes negras sobre el futuro inmediato. “No vemos con mucho optimismo el primer semestre”, sentencia Hasbún.

El tejido productivo se encuentra dañado y la liquidez permanece como un tema fundamental. En esta sentido, Hasbún considera un acierto la creación de Firempresa, un fondo de créditos blandos para las mipymes destinado al subsidio de salarios y créditos, tanto en el sector formal e informal. El Banco de Desarrollo de El Salvador canaliza los fondos. “Si tienes liquidez en condiciones razonables va a subir la productividad, vas a tener empleos. Lo vamos a seguir apoyando y empujando, es un programa que tiene mucho sentido”, respalda Hasbún.

El presidente de Camarasal espera que no vuelvan las restricciones estrictas sobre la actividad empresarial. Contemplando en retrospectiva, sostiene que el tiempo ha demostrado que el postulado de la empresa privada era el acertado: se pude trabajar sin contagiar.

“Hay más contagios cuando hay más apertura, pero la mayoría de los contagios no se están dando en los centros de trabajo, no se están dando en los comercios, sino en las reuniones familiares. Se está demostrando que sí es posible trabajar sin enfermar respetando los protocolos y que fue un error cerrar por mucho tiempo la economía”, asevera.

Deuda pública, cerca del 100%

La recaudación cayó menos de lo esperado al inicio de la pandemia, dice por su lado Acevedo. El total de ingresos tributarios retrocedió en US -$297,6 millones en 2020 con respecto a 2019, una magnitud del -6,1 %; y varió en US -$541 millones si se compara con la meta inicial para este año, según las cifras oficiales del Ministerio de Hacienda.

“Estoy sorprendido de que la recaudación no haya caído como se esperaba, Nelson Fuentes (ex ministro de Hacienda) llegó a decir que probablemente iba a caer como US$700 millones... en medio de las malas noticias es una buena”, celebra Acevedo.

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En donde no hay nada que celebrar es en el incremento de la deuda pública salvadoreña ya se encuentra en niveles alarmantes e influirá la tónica de los próximos años. La relación entre deuda y PIB salvadoreño pasó de 69,9 % del PIB en 2019 a 90,3 % a finales de 2020, un incremento de 20 puntos, el mayor en el istmo.

“El Salvador deberá hacer algún esfuerzo para tratar de encontrar una trayectoria en la deuda para que se vuelva sostenible en el mediano plazo”, recomienda Medina, de ICEFI. Y es que a finales de 2021 la deuda salvadoreña subiría hasta un 94,1 % del PIB.

Tampoco se avizora un plan para hacerle frente a tal nivel de endeudamiento. “Nuestro problema ahora es la baja recaudación, el bajo crecimiento económico y el nivel de endeudamiento. Ningún otro país de Centroamérica tiene esa combinación fatídica”, analiza Acevedo.

No hay duda de que la estabilización de las finanzas públicas será un desafío permanente, si el país quiere evitar caer en impago. Argumedo, de Fusades, piensa que el camino debe ser alcanzar un acuerdo fiscal que cuente con la participación de un tercero creíble, como el FMI. Esto, acompañado de una estrategia sólida de atracción de inversión extranjera.

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