Claves Del Día
Fecha de publicación: 2019-09-07
Más de 260 habitantes de las islas Ábaco, las más golpeadas en Bahamas, llegaron a la capital Nassau tras un viaje de siete horas en un ferry fletado por el gobierno
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La tragedia sigue en Bahamas: miles tratan de escapar de los escombros

Cientos de personas hacen cola en el puerto y el aeropuerto. Barcos privados e incluso grandes cruceros llegan para ayudar en la evacuación.

Por AFP

Bahameños que lo perdieron todo tras el paso del devastador huracán Dorian se apresuraban este sábado a escapar de las islas más afectadas, después de que la tormenta dejara al menos 43 muertos en el archipiélago, una cifra que las autoridades esperan aumente "significativamente".

Más de 260 habitantes de las islas Ábaco, las más golpeadas en Bahamas, llegaron a la capital Nassau tras un viaje de siete horas en un ferry fletado por el gobierno. Estaba prevista la llegada de otro ferry durante la noche.

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Los residentes describieron las condiciones brutales que enfrentan los que aún están en las islas. Relataron que el olor de los cuerpos aún por recuperar, junto con los montones de basura que se acumulaban rápidamente, era opresivo y antihigiénico.

FOTOGALERÍA: "Los damnificados buscan salir de las islas devatsadas por Dorian"

Varios hangares del pequeño aeropuerto de Marsh Harbour fueron destruidos por Dorian, pero su pista aún es transitable y cientos de personas aguardaban el sábado allí para embarcarse a Nassau.

"Ha pasado casi una semana, la gente no tiene comida ni agua. Los cuerpos siguen tirados, no es saludable quedarse aquí", dice a la AFP Chamika Durosier, que salió a respirar aire fresco fuera del aeropuerto para escapar del mal olor de los inodoros, que no pueden descargar por falta de agua.

"Algunos duermen aquí tres o cuatro días ya que la cantidad de lugar en los aviones es limitada", prosigue, aún conmocionada por el impacto del huracán que derrumbó el techo de su casa sobre ella y su hija.

En Freeport, miles de personas, algunas aún desorientadas por los eventos de la semana, hacían fila en el puerto con la esperanza de abordar un barco de la línea de cruceros Paradise de Bahamas que ofrece pasajes gratuitos a Florida.

El primer ministro Hubert Minnis confirmó la cifra de 43 fallecidos, precisando que 35 murieron en las islas Ábaco y otros ocho en Gran Bahama tras la monstruosa tormenta.

Con muchos desaparecidos, "se espera que este número aumente de manera significativa", advirtió su portavoz Erica Wells Cox, en la cadena estadounidense NBC.

El ministro de Salud, Duane Sands, había dicho que la eventual cifra final de muertos será "impactante".

"Cientos y hasta miles de personas, literalmente, están desaparecidas aún", dijo a CNN Joy Jibrilu, director general del Ministerio para el Turismo y la Aviación de Bahamas.

Miles de personas estaban sin hogar en Gran Bahama y Ábaco y muchos expresaban su frustración con la lentitud de la ayuda.

"No hay estaciones de combustible, no hay almacenes de comida, mi trabajo no existe", dijo Melanie Lowe de Marsh Harbour, cuya casa estaba parcialmente destruida. Antes de ser evacuados a Nassau, "estábamos 16 personas en una habitación de tres".

Según la ONU, más de 70.000 personas, prácticamente toda la población de Gran Bahama y Ábaco, necesitan ayuda luego de que la tormenta arrasara con sus hogares y trastornara sus vidas.

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Este sábado se esperaba la llegada a las islas de un cargamento del Programa Mundial de Alimentos de la ONU con 15.000 comidas y toneladas de equipamiento.

La Guardia Costera de Estados Unidos y organizaciones privadas han trasladado a habitantes de Ábaco y otras islas a Nassau.

El esfuerzo internacional, que también incluye la Marina Real británica y varias ONGs, ha sido dificultado por las inundaciones en las pistas de aeropuertos, destrozos en los muelles y problemas en las comunicaciones.

Algunos habitantes de Bahamas desplazados por la tormenta dormían en carpas instaladas en el aeropuerto de Nassau, no muy lejos de donde los aviones aterrizaban y despegaban.

En Canadá

Mientras, las autoridades realizaban labores para atender los cuerpos de los fallecidos y contabilizar los desaparecidos.

En Marsh Harbour se veía a trabajadores de la morgue con trajes blancos, guantes azules y máscaras cargando en camiones cadáveres metidos en bolsas verdes.

"De parte de Estados Unidos, estamos trabajando duro, estamos con ustedes y que Dios los bendiga", dijo el mandatario estadounidense, Donald Trump, en un video en Twitter.

Dorian, un monstruoso huracán que alcanzó la máxima categoría (5) al atravesar las Bahamas el fin de semana pasado y con los días se degradó a categoría 1, volvió a subir a categoría 2 este sábado, con vientos de 155 km/h, mientras se dirigía a Nueva Escocia, en Canadá, según el boletín de las 18H00 GMT del Centro Nacional de Huracanes (NHC).

El CNH predijo un aterrizaje cerca de Halifax más tarde en el día y emitió alertas de huracán para algunas partes de Nueva Escocia y Terranova.

"La seguridad de los canadienses es nuestra principal prioridad y estamos listos para ayudar al Atlántico canadiense tras esta tormenta", tuiteó el primer ministro canadiense, Justin Trudeau.

Anteriormente, Dorian tocó tierra estadounidense en el cabo Hatteras, en Carolina del Norte, como huracán categoría 1, con vientos de casi 150 km por hora.

Hubo algunas inundaciones en la histórica ciudad de Charleston, Carolina del Sur, y decenas de miles de residentes se quedaron sin electricidad.

Pero no hubo daños importantes en las costas de los estados de Carolina del Norte, Carolina del Sur y Virginia.

La desesperación

"Aquí todos vamos a morir". Miralda Smith habla en un susurro nervioso mientras hace fila este sábado junto a cientos de otros cansados y conmocionados residentes de la devastada ciudad de Marsh Harbour que quieren abandonar las Islas Ábaco, en las Bahamas.

Smith, de nacionalidad haitiana, llegó a pie a las 4H00 (08H00 GMT), días después de que el huracán Dorian destruyera casi por completo el Mudd, un barrio marginal donde vivían ella y muchos otros trabajadores haitianos.

Mientras espera a trasladarse a la capital Nassau, donde vive su esposo bahameño, reflexiona sobre los sombríos eventos de la semana pasada.

"Solo quiero irme de la isla", dice, hablando en francés. "No tenemos agua ni electricidad. Estamos muriendo. Es realmente catastrófico".

"Cadáveres por todos lados"

Alfraed Othello, de 61 años, mira sombríamente los restos de su hogar a lo lejos. "No quiero caminar por ahí, hay cadáveres por todas partes", dice.

Se refugió en la casa de un vecino durante la tormenta, escapando solo con su pasaporte y la Biblia, dijo.

"Quiero partir en barco o en avión", dice Othello. "No tiene sentido quedarse aquí".

El caos también continúa en el aeropuerto de la parte sur de la ciudad. Unas 100 personas aguardan vuelos de la aerolínea nacional.

Algunos duermen en el suelo o en sillas mientras los niños juegan. Otro centenar de personas espera para entrar a la terminal.

"Vamos a sacar a todos de esta isla", les aseguró un trabajador del aeropuerto, "pero tenemos que trabajar juntos. Todo estará bien".

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Sin agua ni comida

Tanya McDermott espera desde hace horas con su esposo e hijo, pero su espera se está alargando, por la prioridad concedida a heridos y ancianos, así como a las madres solteras con hijos.

"Vamos a esperar todo el día si es necesario", dice.

Otra aspirante a evacuar, Chamika Durosier, describe las escenas desesperadas que enfrentan los que todavía están en la isla.

Ella y su familia tuvieron que salir a rastras de su casa después de que se cayera el techo, contó, y ahora solo quieren escapar.

"La gente no tiene comida. La gente no tiene agua, y no está bien", cuenta. "Todavía hay cadáveres y no es sano".

La pista del aeropuerto todavía se pueden utilizar, pero varios hangares fueron dañados o destruidos. Palmeras arrancadas bloquean parte del estacionamiento.

Pero no todos quieren irse. Kelly Louis-Pierre, un albañil de 54 años, sobrevivió a la tormenta relativamente indemne en su casa de concreto, al otro lado de la calle del Mudd.

Con su esposa y sus siete hijos, está decidido a quedarse y reconstruir. "Después del huracán, necesitamos trabajo, empleos, comenzar de nuevo desde cero", dice. "Tengo una casa para vivir y tenemos que reconstruir esta área".

En cuanto al Mudd, cree que debería ser derribado. Promotores podrían estar dispuestos a invertir en el área, dice, y agrega: "Podrían construir lo que quieran".

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