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Fecha de publicación: 2019-04-15
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2019, año de múltiples alertas para la banca en Centroamérica

La desaceleración en las economías de la región desincentiva proyectos de inversión y el consumo. ¿Cómo enfrentarán los bancos esta coyuntura?

Por Ana Cristina Camacho, estrategiaynegocios.net

El sector bancario centroamericano despegó el año moviéndose entre dos aguas desafiantes: apropiarse con celeridad de las tendencias tecnológicas disruptivas que el sector financiero de otras regiones del mundo ha acogido con beneplácito, en busca de mejorar su rentabilidad y eficiencia; y al mismo tiempo, actuar con la mayor cautela ante el contexto político-económico que se dibuja en la región.

Centroamérica enfrenta un contexto político y económico caracterizado por la incertidumbre. En el plano político se avecinan comicios presidenciales en Nicaragua y Panamá (y El Salvador pasó también por las urnas); en el escenario económico, las vicisitudes propias de cada país se combinan con un panorama mundial igual de convulso: las medidas económicas de Donald Trump, incluyendo lo que pueda ocurrir con las tasas de interés en Estados Unidos, China y la guerra comercial, la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, el llamado Brexit (Britain-exit), decisión tomada vía referendo en el 2016 y que se materializará este año.

A este singular contexto se suman otros agentes determinantes en el devenir financiero regional: la agudización o mejoría de los flujos migratorios centroamericanos hacia el norte del continente; el nuevo gobierno de ultraderecha en Brasil y de izquierda en México; la reelección de Nicolás Maduro en Venezuela.

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Camino Con pendientes

Se esperaría un 2019 con un mejor desempeño en los bancos y que muestren signos de recuperación tras una mala racha provocada por el deterioro de préstamos al sector privado y en general, de decrecimientos en su rentabilidad y liquidez.

Todos los países de la región centroamericana, con excepción del vecino del Sur, Panamá, mostraron ritmos de desaceleración del crédito desde el 2016, de acuerdo con informes de la Secretaría Ejecutiva del Consejo Monetario Centroamericano.

La coyuntura actual de tasas al alza, estrecha aún más la demanda por crédito. La desaceleración presente en la mayoría de las economías de la región y por consiguiente en muchos de los sectores productivos, desincentiva proyectos de inversión y el consumo.

De acuerdo con los expertos consultados, es una realidad que seguirá presente durante este año aunque tenderá a disminuir, pero para efectos de proyectar la colocación de crédito, es importante tenerlo en cuenta. Conforme las tasas (locales y en dólares) sigan subiendo, la banca sufrirá descensos en sus márgenes de intermediación.

La posición de KPMG por ejemplo, es que no será un año fácil debido a que pocos bancos proyectan crecimientos importantes en colocación y por el contrario, prevén que los márgenes sigan estrechándose. En términos generales los bancos de la región deben atender temas materiales como son: mejorar prácticas en gestión de riesgos, activos, pasivos, riesgos no financieros, riesgo cibernético; así como repensar la rentabilidad y los modelos de negocios para adaptar la entidad al entorno actual, eficiencia operativa, ajustar gastos, reforzar controles de morosidad, cuidar la calidad de la cartera de préstamos, matricularse con tendencias globales de financiamiento sostenible, verde e inclusivo.

Tecnología presente

La transformación digital de los bancos en el mundo es una realidad. De acuerdo con el estudio de CEO Outlook de la firma consultora KPMG, para el 95% de los ejecutivos de entidades de servicios financieros, la disrupción tecnológica es sinónimo de oportunidad. Es decir, que la coyuntura político-económica presente en la región no debería desenfocar a la banca, y hacer que desaproveche esa oportunidad de innovación tecnológica, ni la construcción de nuevos modelos de negocios a partir de ella.
Por nuevas tecnologías Eric Alfaro, socio líder de Servicios Financieros de KPMG en Costa Rica, lo resume en análisis de grandes bases de datos; la modernización de los medios de pago; sistemas cognitivos; la computación basada en la nube; robustecimiento de las herramientas para combatir el crimen cibernético.
Mientras todo ello ocurre en los bancos multinacionales, en Centroamérica apenas se analiza cómo realizar la transformación digital.
“El 86% de los CEO’s del sector financiero entrevistados por KPMG a nivel global, mencionó que ya está probando el valor y los beneficios del uso de la robótica e inteligencia artificial en sus organizaciones”, agregó Alfaro.

Los nuevos modelos de negocios permiten más eficiencia, mejoran rentabilidad sin necesidad de asumir riesgos más elevados. Para la agencia internacional de calificación crediticia, Fitch Ratings, el sector debe poner atención a aspectos tales como la inclusión financiera por la vía de canales alternos de costo más bajo, pues ello ampliaría su base de clientes y su cobertura geográfica.
Igualmente, a los puntos de atención tradicionales se ha sumado la telefonía móvil y esto, incrementa el número de canales de atención. Desde su óptica personal, Alfaro considera que los bancos del Istmo deben alinear sus modelos de negocios en tres direcciones: hacia la innovación: ajustando con rapidez el modelo operativo y tecnológico para convertirla en la ‘nueva moneda de negocios’ y evitar fracasos; hacia la competencia: trabajando en una estrategia de defensa a partir de operaciones capaces de evitar pérdidas de clientes a gran escala; y hacia el cumplimiento: contar con un plan de acción para acatar hoy y en el futuro, los requerimientos de reguladores.

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Gestión de riesgo y calidad de carteras

Paralelo a la urgencia por alinearse a los ritmos de la innovación y la tecnología, existen dos consideraciones adicionales que enfrenta la banca regional y los cuales además son determinantes para garantizar por un lado, mejores niveles de competitividad y por otro, cuotas de mercado. Se trata de la forma cómo abordan la gestión de riesgos y qué tan robustas son sus carteras.

En relación con riesgo y eficiencia operativa, Marcela Galicia, directora de Instituciones Financieras y de procesos de calificación en Centroamérica de Fitch Ratings, avizora la gestión de riesgos y la eficiencia operativa como elementos claves para lidiar con una competencia elevada y tasas de interés crecientes, sobre todo con la orientación de la banca regional hacia cambios drásticos en el modelo de sucursales: más pequeñas, enfocadas más a generación de negocios y a ofrecer a sus clientes canales alternos para sus transacciones.

KPMG reconoce que el enfoque integrado de riesgo-entorno debe primar en el sector, especialmente cuando algunas entidades bancarias tienen debilidades en el área de tecnologías de información al ser esta fragmentada, aislada y algunas veces ineficiente.
Contar con TI moderna, automatizada y con herramientas de análisis de datos, ayuda sin duda a una adecuada administración de riesgos. Para Alfaro, los Centros de Servicios Compartidos es una opción conveniente, pues reduce costos (entre un 15%y y un 20%), ayuda a concentrarse en funciones estratégicas que generan mayor valor para el negocio, mejora rentabilidad en procesos operativos y en funciones de soporte al negocio de departamentos tales como finanzas, recursos humanos, TI, servicio al cliente y mercadeo.

En cuanto a la calidad de las carteras, en momentos donde prevalecen crecimientos menores en la demanda privada de crédito, se hace ineludible un esfuerzo mayor por controlar el costo del crédito. La experiencia de Fitch Ratings hace ver que aquellos bancos con fuertes modelos de comportamiento de pago y con parámetros de colocación adaptados a la realidad cambiante, logran un mayor control de los costos crediticios.
Es necesario –advierte KPMG– que continúen innovando en la gestión de recuperación de crédito y eso pasa por convertir ese proceso en un centro de costos pensado en recuperar lo máximo posible, generar al mismo tiempo valor, mejorar los niveles de morosidad y calidad de los activos del banco.

Los modelos de riesgos creados como rebote de la crisis financiera del 2008 ha obligado a los bancos a clasificar riesgos de sus clientes a partir de parámetros basados en su desempeño y acompañarse de políticas de mitigación.
Para la coyuntura actual, se recomiendan nuevos métodos y herramientas para la gestión de riesgo de crédito y optimizar los procesos de recuperación; medir e integrar los modelos de pérdida esperada según lo establecido por el Acuerdo de Basilea (II) y por las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF 9). Es aconsejable también tener límites más estrictos para las concentraciones en el balance (cartera de préstamos, inversiones, depositantes grandes) con el propósito de reducir la vulnerabilidad de los bancos ante cambios inesperados en el entorno económico.

¿Y los riesgos no financieros?

La amenaza de los riesgos financieros para la banca regional es tan relevante como los no financieros. En un artículo de opinión publicado en marzo del año anterior por Alberto Calles, socio responsable de la Unidad de Regulación Financiera de la PwC (PriceWaterhouseCoopers) se hace referencia a los distintos riesgos no financieros: “el riesgo legal, el de conducta, el climático, el reputacional, el estratégico o de negocio, el de modelo, el tecnológico y el relacionado con la ciberseguridad”, los cuales, según el experto, afectan toda la cadena de negocio, obligan a estar en alerta permanente y requieren una estrategia proactiva para enfrentarlos.

Los especialistas consultados de Fitch Ratings y KPMG coinciden en que la región hace esfuerzos por controlar el riesgo operativo tecnológico y mejorar las regulaciones. La seguridad cibernética y los riesgos reputacionales transitan con frecuencia en la banca regional y constituyen fuertes amenazas.

No obstante, se atienden con mayor diligencia aspectos como el desarrollo de escenarios para comprender la naturaleza de los incidentes y su impacto; aumentar regulaciones en materia de gobierno corporativo; fortalecimiento de marcos internos de control; diseño de entrenamientos obligatorios a la medida; mejora de la experiencia del usuario con las herramientas de seguridad.

Las pymes y la inclusión financiera

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha recalcado que el 2019 será un período de incertidumbres económicas. Particularmente, la banca está llamada a seguir tendencias globales en torno a inclusión financiera para las pymes y a ampliar posibilidades de ahorro, consumo e inversión.

Desde la óptica de la CEPAL, la integración de las pymes en las cadenas de valor es una apuesta favorable para el futuro de la región centroamericana como lo es también promover su diversificación con innovación tecnológica. El organismo reconoce la urgencia por aprobar políticas públicas para impulsar la inversión de pymes y así disminuir la alta concentración de la inversión en pocas empresas.
Es un hecho que las pymes de la región han encontrado limitaciones para acceder a financiamiento bancario, ya sea para invertir como para capital de trabajo.

“Como punto de partida, los gobiernos deberían empeñarse por lograr un entorno favorable para el financiamiento de proyectos productivos”, afirmó Eric Alfaro de KPMG Costa Rica, quien destacó el caso del Sistema de Banca de Desarrollo (SBD) costarricense que logró entre el 2014 y el 2017 otorgar financiamiento por US$746 millones mediante tres fondos distintos, colocando así el 75% de los recursos disponibles.
En el 2015 entró a regir en Costa Rica una reforma integral a la ley del sistema de banca para el desarrollo que permitió flexibilizar el otorgamiento de recursos proveniente justamente del impuesto a sistema bancario.
En criterio de Alfaro, el SBD tiene varias ventajas: integra a varias entidades especializadas en la materia, tanto estatales como privadas; está acompañado de una regulación prudencial diferenciada, que no implica reducir dichos requerimientos, sino que crea dentro del sistema un mecanismo de seguimiento y establecimiento de políticas de riesgo acordes con los segmentos de las pymes y sus proyectos.
Adicionalmente, el sistema promueve que las tasas de interés estén por debajo de las tasas de mercado para proyectos con similar riesgo.
Para Fitch Ratings, el potencial de bancarización es amplio pero según sea el segmento, los riesgos y vulnerabilidades pueden ser mayores ante los cambios del entorno. Marcela Galicia cree que la inversión tecnológica para ampliar la cobertura y controlar los riesgos inherentes al segmento serán muy relevantes para que el crecimiento en pymes sea sostenible y atractivo para los bancos.

Lentos avances

Regulaciones en cuatro frentes
En la última década –como consecuencia de la crisis financiera acaecida en el 2008– las regulaciones para el sector bancario se han movido en cuatro escenarios:
• La supervisión prudencial del capital, liquidez y gestión de riesgos.
• Aumento de la transparencia en el sistema financiero, incluyendo regulaciones tendientes a mejorar el gobierno corporativo de los bancos.
• Mayor promoción de la utilización de ratings de riesgo crediticio para una mejor medición (Basilea II, NIIF 9).
• Fortalecimiento de la capacidad de respuesta de las propias autoridades y los bancos a los riesgos que causen efectos sistémicos en los entornos financieros.

En Centroamérica, la normativa avanza pero quizás no a los ritmos deseados como para cerrar brechas respecto a los mercados financieros más desarrollados. Hay oportunidades de mejora en sistemas de administración de riesgos operativos, específicamente en legislación puntual sobre el tema.

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