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Fecha de publicación: 2019-02-09
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2019: año crucial para los desafíos de Centroamérica

Este año podrían profundizarse las crisis política, social y económica que enfrentan varios países del Istmo, debido a un contexto complejo a nivel global y regional, falta de voluntad y factores de estructurales.

Por Roberto Fonseca, estrategiaynegocios.net

Miroslava Cerpas, activista del Centro de Investigación y Promoción de los Derechos Humanos de Honduras (Ciprodeh), ha dado acompañamiento a las caravanas de migrantes que han salido de San Pedro Sula con rumbo a los Estados Unidos y asegura que las razones que mueven a miles de personas a recorrer casi 5.000 kilómetros de distancia son dos: hambre y miedo.

“¿Quién quiere vivir en un país donde la gente es perseguida por grupos criminales?”, se preguntó Cerpas, y agregó: “El mayor flujo de migrantes en las caravanas son menores de edad, que huyen porque temen ser reclutados o asesinados por los grupos criminales. La desprotección del gobierno los obliga a salir del país”.

La primera caravana de migrantes partió de Honduras el 13 de octubre de 2018, y la más reciente el pasado 15 de enero de 2019. Son centenares de personas, de los países del Triángulo del Norte, viajando en condiciones precarias, cobijados bajo el sueño de ingresar a los Estados Unidos y transformar sus vidas y las de sus familias.

“La migración de hondureños hacia Estados Unidos ha sido histórica, se produce día a día, el problema para el gobierno es que las caravanas han visibilizado la crisis en Honduras”, afirmó Cerpas.

Migración desesperada

Manuel Orozco, director del programa Desarrollo, Migración y Remesas del centro de pensamiento Diálogo Interamericano, con sede en Washington, confirmó que la violencia y la inseguridad son los principales detonantes de la migración de ciudadanos de los países del Triángulo del Norte y reiteró que estos –Honduras, El Salvador y Guatemala– muestran problemas comunes, entre ellos redes del crimen organizado, corrupción, crisis política por abusos de autoridad y lento crecimiento económico.

En términos de inseguridad, indicó que más gente ha muerto durante el periodo del post-conflicto armado que en la propia guerra civil de los años 80. En ese sentido, señaló que en el año 2000 los homicidios en Centroamérica sumaron 9.490, mientras en 2018 alcanzaron la cifra de 14.235.

En el caso de Honduras estimó que el incremento del 1% en la tasa de homicidios empuja la migración en un 120%; en Guatemala en 100% y en El Salvador en 188%. Del 2009 al 2018, refirió que el número de migrantes de Guatemala hacia Estados Unidos aumentó de 43.485 personas a 67.069, mientras de Honduras creció de 50.205 a 58.492 en el mismo periodo.
Solo en el caso de El Salvador disminuyó de 61.000 personas a 26.547 en el mismo lapso de tiempo. Se estima que el 85% de ellos lo hizo cruzando las fronteras de forma irregular.
Sin embargo, las detenciones en las fronteras también aumentaron en el mismo lapso de tiempo. De 29.911 a 30.000 salvadoreños, de 39.050 a 70.000 guatemaltecos y; de 32.501 a 50.000 hondureños.

En cuanto a deportaciones, las cifras indican que en 2018 las autoridades devolvieron a sus países a 20.000 salvadoreños, 50.000 guatemaltecos y 18.695 hondureños.

“Las cifras confirman que la población siguió saliendo a pesar de que aumentó la retórica de la
política anti-inmigración, y a pesar de que creció el número de detenciones y de la aplicación de la ley por parte de Estados Unidos. O sea, que la migración ocurre independientemente de cuáles son las determinantes de la política de Estados Unidos”, afirmó Orozco.

En el caso de Honduras, el experto indicó que el crimen organizado es el detonante de la migración fuera del territorio nacional. Entre los factores que impulsan esa ola migratoria están la violencia entre pandillas, extorsión, chantajes, reclutamiento por la fuerza, violencia sexual e inseguridad generalizada. Al respecto, reiteró que la demanda de pagos por
extorsión y el reclutamiento de niños y menores de edad, obliga a las familias a huir y emigrar. Y agregó que las casas de los migrantes son a menudo despojadas por las pandillas, y son ocupadas, vendidas o bien, son reducidas a escombros.

“Los factores que están haciendo que salga la gente de sus países tienen que ver con las condiciones en los países, el deterioro político, y el bajo rendimiento económico en la región, que no está creciendo como debería desarrollarse. Por otro lado, hay una fuerte demanda de mano de obra en los Estados Unidos. Y, un tercer factor, hay familias que quieren reunificarse y hacen lo necesario para lograr ese objetivo”, apuntó. Orozco agregó que otro elemento cautivador es que las remesas han venido creciendo en los últimos años.

En 2017, alcanzaron la suma de US$8.192 millones en Guatemala, US$4.331 millones en Honduras y US$5.021 millones en El Salvador. Este flujo de divisas equivale al 17% del PIB de El Salvador, 10% del PIB de Guatemala y 17% del PIB de Honduras.

En todos los casos, las remesas superan los ingresos de las exportaciones de la maquila y del turismo en las tres naciones.
“Con muro o sin muro, la gente está predeterminada a movilizarse y asumir el riesgo de cruzar la frontera. Yo no veo que el fenómeno de las migraciones vaya a disminuir en 2019, al contrario, hay continuidad migratoria”, agregó.

Crecimientos, pero sin equidad

En 2019, de acuerdo a proyecciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), las economías de la región –con excepción de Panamá– no crecerán a fuerte ritmo en su gran mayoría y, en el caso de Nicaragua, sufrirán una contracción de -2% del PIB, lo que incidirá en la lucha contra la pobreza en nuestros países.
“Hay que observar el crecimiento, pero también la calidad de ese crecimiento. Para resolver los retos de la región es importante crecer, pero también observar el tipo de crecimiento. Se puede atajar la pobreza con un crecimiento menos concentrador”, afirmó Hugo Beteta, director de la sede subregional de la CEPAL en México.
Señaló por ejemplo que Honduras ha registrado crecimiento sostenido en los últimos cinco años (entre 3,1% y 4,8% del PIB), sin embargo, agregó que el problema es la elevada desigualdad, lo que hace mucho más difícil mejorar las condiciones para reducir la pobreza.

“No es sólo crecimiento, sino la calidad del crecimiento. Este es un tema cada vez más importante para Centroamérica. Mejorar los elementos redistributivos para una mayor dinámica interna, mayor consumo, evolución de los salarios, formalidad de los trabajos”, agregó.

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En el más reciente informe de la CEPAL titulado “Panorama social de América Latina 2018”, divulgado semanas atrás, se apunta que oficialmente la tasa nacional de pobreza en El Salvador corresponde a 29,2% de la población y de pobreza extrema al 7,9% de los habitantes en 2017. Mientras en Guatemala, en 2014, correspondía al 59,3% y 23,4% respectivamente; y en Honduras, al 60,9% y 38,4% de sus habitantes, respectivamente, en 2016.
Por otro lado, el gasto social en El Salvador en 2016 correspondió a US$316 constantes de 2010 per cápita; en Guatemala a US$220 y en Honduras a US$201, según la CEPAL. Mientras en Costa Rica se eleva a US$1.176 per cápita.

En el fenómeno de las caravanas migratorias, Beteta indicó que entran en juego dos factores: coyunturales y estructurales. En el primero ubicó la ola de violencia que se ha disparado en las ciudades o en poblados circulares, aunque insistió que no es generalizada. No obstante, empuja a la gente que se siente amenazada a abandonar el país. Entre los fenómenos estructurales ubicó la situación del café y de miles de pequeños productores que lo siembran y producen. Al respecto citó la enfermedad de la roya, el cambio climático y su efecto en las temporadas lluviosas que se han tornado irregular, desde provocar sequía hasta inundaciones.
“Está adquiriendo una característica estructural por el cambio climático y eso obviamente influye en la migración rural”, dijo Beteta. Agregó además el tema de la productividad, ya que un trabajador agrícola centroamericano en los campos de California –por ejemplo– alcanza una productiva altísima, que le permite devengar mayores ingresos. En cambio no es así en sus países y valora que está relacionado a la baja inversión que se hace en los países centroamericanos en infraestructura productiva, mejoramiento genético, control de plagas, investigaciones, etcétera.

Comercio a exterior a la baja

De acuerdo a la Organización Mundial de Comercio (OMC), el crecimiento del volumen del comercio se frenará hasta el 3,7%, mientras que el crecimiento del PIB mundial se reducirá al 2,9%. A ese contexto desfavorable para los países centroamericanos, se añade bajo crecimiento de la economía estadounidense, de China y tensión entre la Unión Europea y Gran Bretaña alrededor del Brexit, a lo largo del año.

“Organismos internacionales como la OMC y el FMI prevén una posible pérdida de dinamismo comercial en economías avanzadas, hecho que puede generar repercusiones en las interrelaciones comerciales de mercados internacionales. Es por ello que se podrían presentar escenarios a la baja en 2019 entre dos y tres puntos porcentuales respecto al ejercicio de 2018”, señaló Eduardo Espinoza, director del Centro de Estudios para la Integración Económica de la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA).
“Lo anterior se relaciona, principalmente, con las tensiones comerciales crecientes y con condiciones de acceso a mercados más complejas que en años anteriores y que involucran a socios comerciales importantes para la región”, agregó Espinoza.

Por otro lado, agregó que el aumento del precio del petróleo, debido a la demanda sostenida de este bien y a la disminución de existencias, ha pasado de los US$53 por barril en 2017 a US%56 en 2019, de acuerdo a las previsiones de la OMC (2018). Esta alza impactará la inflación de los países centroamericanos, aunque a menor escala del promedio inflacionario de los mercados emergentes y economías en desarrollo.

A este entorno complejo, Espinoza agregó que la sequía acontecida por el fenómeno de El Niño, presente en 2018, impactó los cultivos de los principales alimentos básicos, generando presión en el precio del resto de alimentos, cuya tendencia afectará los precios hasta este año.

“Para 2019 se vislumbra una ralentización del comercio regional, explicada principalmente por la potencial desaceleración en la demanda de los principales socios de la región y el efecto de la disminución de los precios de los principales bienes de exportación de la región”, por tanto, prevé que la región centroamericana presentará resultados muy por debajo de los obtenidos en 2017.

Además del contexto global, Beteta agregó que el comercio intarregional entre los países centroamericanos se verá impactado por la contracción de la economía nicaragüense, que en 2018 se estimó en -4% y en 2019 se proyecta -2%.

“El principal socio comercial de Centroamérica es Centroamérica, y el hecho de que haya una contracción en Nicaragua, que es un destino de comercio pero también de inversiones, afecta por supuesto a toda la región. Esa contracción de la economía nicaragüense ya tiene efectos en las exportaciones de la subregión a Nicaragua. Y, por otro lado, está el flujo de migrantes de Nicaragua a Costa Rica, presionando el mercado laboral y los servicios sociales en el país vecino”, indicó Beteta.

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Crisis políticas

Nicaragua y Guatemala enfrentan crisis políticas e institucionales de diferentes orígenes, pero que están afectando su desempeño económico, el flujo de inversiones extranjeras directas a esos países y; las esperanzas de sus poblaciones. En el país del norte del Istmo, se celebrarán comicios generales el próximo 16 de junio.

“En Guatemala hay una incertidumbre de tipo política generalizada y con conflictos. Eso puede afectar la confianza de los inversionistas, pero también de los consumidores. Será una transición bastante larga, con un contexto de mucha polarización social. Será un año de incertidumbre”, valoró Beteta.

Por su parte Orozco, Senior Fellow del Diálogo Interamericano, apuntó que el presidente Jimmy Morales y el sector privado están haciendo “una apuesta muy peligrosa”, ya que ellos creen que cesando la labor y la estadía de la CICIG en Guatemala, la impunidad ya no será un tema de nación, pero indicó que es todo lo contrario.

“La impunidad en Guatemala es profunda, es estructural, e incluye a todos los sectores económicos del país y a todos los sectores políticos. Hay un número de diputados que está implicado en temas de corrupción, al igual que grupos económicos también.

Para esos sectores es de mutua conveniencia eliminar esa molestia que es la CICIG. Sin embargo, es querer tapar el sol con un dedo”, añadió el experto. En el caso de Nicaragua, el director de la sede subregional de la CEPAL en México afirmó que en un contexto de contracción económica es muy difícil contar con un proceso de reducción de pobreza y de desigualdad. “Si ya con las cifras en negro es difícil, imagínese ahora con contracción”, comentó.

Agregó que sectores como construcción y turismo, intensivos en mano de obra no calificada y de mujeres, respectivamente, están sufriendo una fuerte desaceleración y contracción en Nicaragua, que ha repercutido en pérdidas económicas y en mayor desempleo, lo que incidirá negativamente en la pobreza, ya que los salarios son la principal fuente de ingreso en los hogares.
Por su parte, Orozco confirmó que el primer escenario que se vislumbra para Nicaragua es el desgaste gradual de la situación económica y social del país, que incluye la neutralización de la oposición al régimen en base a la fuerza, en medio de un deterioro económico bastante fuerte.
Al respecto, cabe señalar que Nicaragua cerró el 2018 padeciendo una profunda crisis económica.
Según documentos presentados por el sector privado nicaragüense en diciembre pasado, el crecimiento del PIB cayó del 5% en 2017 a -4%. Asimismo, la captación de impuestos por parte del gobierno se desplomó de una tasa de crecimiento del 10% en 2017 a una tasa de -4% en 2018.
Orozco indicó que la población nicaragüense tiene a su favor un capital político relativamente
unificado, pero no tiene el monopolio de la fuerza, mientras que Daniel Ortega tiene el monopolio de la fuerza, aunque no tiene capital político.
“Entonces, esa situación lo que hace es mantener el conflicto de manera prolongada”, concluyó el experto del Diálogo Interamericano.

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