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Fecha de publicación: 2018-11-20
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RSE en Centroamérica: Empresas que le ganan la batalla a la pobreza

Las empresas del Istmo saben muy bien sus costos sociales y económicos, y desde hace años tratan de apoyar a sus empleados, trabajando con los más desfavorecidos dentro de sus organizaciones.

Por Daniel Zueras
Colaboraron: Velia Jaramillo, José Barrera, Roberto Fonseca, Gloria Rodríguez y Luis Sierra

La sociedad centroamericana no puede cerrar los ojos ante uno de los grandes flagelos del área: la pobreza.

Programas como la Alianza de Empresas sin Pobreza Extrema (aglutinadas, a través de IntegraRSE, múltiples compañías de la región), o iniciativas como el Índice de Pobreza Multidimensional empresarial (IPMe), lanzado en Costa Rica y pionero a nivel mundial, tratan de identificar los principales problemas de los colaboradores, para atacar el problema con ‘mira telescópica’.

La labor con el público interno (los trabajadores) es fundamental para que la Responsabilidad Social no sea una mera pintura de cara al exterior, y es valorada por los empleados, creando mayor compromiso para con la empresa.

Las cifras en Centroamérica son claras. Un alto porcentaje de sus 50,4 millones de habitantes son pobres. Honduras, con un 68,9 % de personas que viven por debajo de la línea de la pobreza (no satisfacen sus necesidades básicas) es el ejemplo más claro, aunque en Guatemala (59,3 % de pobres) tampoco alcanza la mitad de la población a cubrir sus necesidades.

Más grave aún cuando hablamos de pobreza extrema (ingreso igual o inferior al costo de la Canasta Básica Alimentaria), en Honduras alcanza un insostenible 44,2 %, y en Guatemala un también altísimo 23,4 % (los datos de este país son de 2014). Estas cifras contrastan con el 6,2 % de Costa Rica, o el 6,9 % de Nicaragua).

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Conscientes de la gravedad del problema, muchas empresas del Istmo han decidido atacarlo desde donde más cerca lo tienen, sus empleados, gente con la que convivimos largas jornadas y que muchas veces no sabemos las duras realidades que tienen en casa.
La RSE debe iniciar desde casa, es decir, a lo interno de la empresa u organización. “Los colaboradores forman parte de los grupos de interés más directos e importantes, si estos no perciben un bienestar integral y oportunidades de mejoramiento, entonces ¿cómo se logra hacerlo para los de afuera?”, apunta Markova Concepción, directora de Desarrollo Social de la organización panameña de RSE, Sumarse.

Si el empleado está satisfecho en su puesto de trabajo, donde se preocupan por su calidad de vida, así como en potenciar sus habilidades e instalarle capacidades, “se logra crear fidelización, compromiso, pertenencia y mayor productividad”, incide Concepción.
En ello abunda Luis Cerón, gerente de comunicaciones de la salvadoreña Fundemas: “los temas de público interno, siempre son una prioridad para las empresas, ya que saben que en ellos está su gran fortaleza".

Las empresas deben entender, además (para su propio beneficio) que hoy casi todo su público interno son millennials que valoran muchísimo los intangibles, “no pasa tanto por el salario sino si la empresa es socialmente responsable, si tiene programas de diversidad e inclusión, y necesitamos no solamente atraer los mejores talentos sino retenerlos”, explica Patricia Spat, directora del Programa de Inclusión de la guatemalteca Centrarse.

Hace unos años diversas empresas centroamericanas se pusieron manos a la obra.
Dejaron la charla, para pasar a la acción. En 2011, Holcim Costa Rica inició un programa de Cero Pobreza extrema dentro de la empresa, iniciativa que tomó la costarricense Asociación Empresarial para el Desarrollo (AED). A la fecha más de 90 empresas han pasado por el proceso de capacitación y utilizan actualmente la herramienta de diagnóstico sobre la situación socioeconómica de sus colaboradores. Pero no quedó ahí, la organización que engloba a todas las instituciones de RSE en Centroamérica (IntegraRSE), decidió que merecía la pena extenderlo a toda la región, y ahora múltiples empresas centroamericanas realizan ese diagnóstico a lo interno, con el que comprenden mejor las carencias y necesidades de sus empleados.

En Costa Rica hay más 1,2 millones de personas en condición de pobreza, y otro millón en condiciones vulnerables cercanas a la pobreza. “Dicho de otro modo, de cada cinco personas que transitan por la calle, dos son pobres o viven en condiciones frágiles, que las pueden hacer caer en la pobreza en cualquier momento. ¿En qué medida representa esta estadística la realidad de los colaboradores y colaboradoras de su empresa? ¿Sabe su empresa en qué medida estas condiciones afectan la estabilidad y productividad de cada uno de ellos?”, comenta Erika Linares, directora de Dimensión Social de la AED.

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Lo más probable es que muchas de las personas que aportan su trabajo todos los días en su empresa, “en realidad proceden de familias que carecen de ingresos suficientes, de una vivienda digna y oportunidades de estudio, o experimentan situaciones permanentes de falta de liquidez debido a un excesivo endeudamiento”, abunda Linares. Muchas de esas personas carecen de la información y el apoyo adecuado, con lo que ignoran cómo aprovechar la oferta institucional existente para ayudarles a mejorar su calidad de vida.
“En estos casos, a través de la Alianza, las empresas pueden jugar un papel determinante
para servir como puentes entre sus personas colaboradoras en condición de vulnerabilidad y los programas sociales que ofrecen las instituciones”, concluye.
En este espacio las empresas comparten buenas prácticas y experiencias en cuanto a las acciones con su público interno, dice Matthias Dietrich, director ejecutivo de la nicaragüense Unirse, para quien “dicha iniciativa es un excelente ejemplo de cómo se están transfiriendo casos de buenas prácmerecía la pena extenderlo a toda la región, y ahora múltiples empresas centroamericanas realizan ese diagnóstico a lo interno, con el que comprenden mejor las carencias y necesidades de sus empleados.

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Empresas que actúan

En Nicaragua, cuatro empresas trabajan en esa línea: Corporación Montelimar, Compañía Cervecera de Nicaragua, Cafetalera Nicafrance, y Holcim Nicaragua. Una de las doce empresas panameñas que también están dentro de la Alianza de Empresas sin Pobreza Extrema es La Casa de las Baterías (con presencia en Panamá, Costa Rica, Guatemala, El Salvador y Nicaragua).
Angie Aguirre, jefa de Responsabilidad Social y Servicio al Cliente a nivel regional del grupo, asevera que la herramienta “nos permitió conocer el entorno socio económico de nuestra gente y así poder brindarles herramientas valiosas para que puedan salir adelante ante cualquier situación de necesidad y además, que sepan que cuentan con el apoyo de la compañía”.
A juicio de Aguirre, los resultados “nos han abierto los ojos a realidades que antes no conocíamos de nuestros colaboradores”, lo que les ha permitido enfocar sus esfuerzos en acciones “que realmente tengan un impacto positivo y sostenible” para los empleados y sus familiares.
Cementos Progreso es una de las 37 empresas chapinas que llevan años trabajando en el programa Juntos (como se denominó en Guatemala), en este caso desarrollando ‘Juntos por tu hogar’, que busca disminuir el déficit habitacional, apoyando a 100 trabajadores para la construcción de su vivienda, lo que representa hacer la entrega de 100 casas sostenibles, habiendo entregado 94 hasta la fecha.

Héctor Ortiz, gerente de Organización y Desarrollo Humano de Cementos Progreso, explica que la iniciativa “genera un efecto multiplicador, ya que quienes han sido beneficiados se muestran más comprometidos, buscan practicar el valor de la solidaridad y donar para que más compañeros reciban este soporte. Asimismo, hay un impacto en el clima laboral porque estos programas implican una inversión que trasciende para que juntos construyamos el país donde queremos vivir”. Y el programa va a evolucionar. Según Juan Pablo Morataya, director de Centrarse (Guatemala): “La idea es que se está haciendo ahora un remake del programa original que va a ser Juntos 2.0 a la Alianza por Empresas contra la Extrema Pobreza para lanzar en 2019, donde aparte de las Alianzas Público-Privadas (APPs) que ya se habían hecho, ahora la idea es hacer alianzas entre empresas para poder brindar herramientas eficientes en temas como seguridad nutricional, mejores prácticas de educación y temas de vivienda digna”.

Montoya incide en el tema de la pobreza multidimensional implica que no solo se es pobre por un tema de ingresos. “Se es pobre por su educación, por sus hábitos de consumo, es complejo”.

IPME, IR UN PASO MÁS ALLÁ

Más de 39 empresas, con 46.000 empleados suma ya la comunidad del Índice de Pobreza Multidimensional empresarial (IPMe, ver recuadro en página anterior), distribuida en diversos sectores de la economía: industrias, comercio, servicios, automotriz, agroindustria, manufactura, financiero y construcción.

“Empezamos con dos campeonas, que eran Grupo Purdy Motor y BAC”, allá por 2016, con un plan piloto, comenta José Aguilar, director de Horizonte Positivo, la organización que está llevando adelante el IPMe en Costa Rica, con las coordenadas del IPM de la Universidad de Oxford.

La herramienta ha sido adaptada al entorno empresarial, lo que permite utilizarla a las empresas, y que “puedan referir sus casos a programas públicos para ciertos servicios, realizar APPs, hacer estudios comparativos con otras empresas o entre sucursales de varios países, entre otras ventajas”, apuna Roxana Vìquez, directora regional de Sostenibilidad de BAC, grupo financiero regional que espera ya lo ha aplicado en Costa Rica, y que utilizará la herramienta en otros países en 2019, para alcanzar a toda su operación en Centroamérica con el programa Posibilidades BAC, para reducción de pobreza, en 2021.

En este momento las empresas insertas en el IPMe están en diferentes niveles de avance. Más de 16 ya formaron a sus cuadros en la capacitación para poder levantar información, aplicar el diagnóstico, tener estrategias de comunicación, y empezar en la estrategia de solución. El resto, están apenas arrancando.

Una de ellas es la multinacional agroindustrial Dole Tropical Products, cuya gerente sénior de Responsabilidad Social, Ana Cristina Obregón apunta que decidieron aplicar el estudio en su organización (con unos 6.500 empleados) “porque creemos que el conocer más ampliamente la situación socioeconómica de nuestros colaboradores y sus familias nos va a permitir enfocar mejor nuestros esfuerzos para lograr un cambio que genere un mayor bienestar social y económico”.

A juicio de Obregón, el IPMe va a permitir el desarrollo de soluciones integrales (incluyendo a las familias), atacando carencias de las comunidades inmediatas, “esperando que a futuro se logre un impacto positivo a nivel del país”.
En el entorno del IPMe, las empresas comparten las buenas prácticas ya realizadas, dejándolas documentadas para que el resto de empresas las apliquen en su entorno. Aguilar dice que así se generan “contaminaciones creativas”, en el mejor sentido de la palabra, que hace que las empresas vayan a una. No podemos ser ingenuos de que necesitan sacar ventaja competitiva, pero en este caso estamos con una lógica distinta de formar parte de una comunidad que está unida por los valores de buena fe, transparencia, cocreación y en la que todos se benefician”.

IPMe: ¿DE QUÉ SE TRATA?
1. El Índice de Pobreza Multidimensional empresarial analiza 19 indicadores de cinco ejes: salud, educación, empleo, vivienda y protección social, con data del Inec, en trabajadores de las empresas participantes.

2. Costa Rica es pionera a nivel mundial en aplicar el IPMe en la herramienta de la Universidad de Oxford, aplicada al mundo empresarial, dando mayor precisión con las medidas estudiadas, en favor de los trabajadores.

3. Se está trabajando en un sello internacional de la Universidad de Oxford que certifique a las empresas que apliquen y superen los estándares.

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