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Fecha de publicación: 2018-11-07
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Educación y conectividad, retos de Costa Rica para afrontar el futuro laboral

La alianza de los sectores público y privado se antoja fundamental para afrontar el reto de la robotización en el trabajo. 60 % de los empleos en el país mutarán o desaparecerán.

Por Daniel Zueras, estrategiaynegocios.net

En un país polarizado por la reforma fiscal, la opinión pública y los sectores de decisión no están poniendo atención a lo que viene en lo que ya es el corto plazo. Hablamos de la revolución que estamos viviendo en el entorno laboral, empujada por los avances tecnológicos.
Según el economista José Francisco Pacheco, “la agenda 2030 debe trascender no solo en contenido, también en la forma de organización” del Estado.

Un reciente estudio de Naciones Unidas muestra que el dinero público no alcanzará para todo lo que tiene por delante el país. Pacheco apunta que “el sector privado debe de verse como un socio en esta estrategia, si solo lo consideramos como el sector a garrotear, estamos mal”. El experto considera asimismo que el Estado debe replantearse su forma de trabajar, repensar cómo está organizado el sector público en su conjunto, teniendo en cuenta los efectos que va a traer (que ya está trayendo) la automatización en el empleo.
Porque, a grandes rasgos, habrá un incremento en la producción, pero habrá ganadores y perdedores en el tema del empleo, siendo los perdedores (en general), los de más baja cualificación laboral.
Uno de cada cuatro trabajadores de Costa Rica se dedica a labores básicas, y son los que más riesgo corren de perder su empleo, lo que hace vulnerable la estructura laboral del país, apunta un informe de la Asociación Horizonte Positivo, organizadora del conversatorio “Los retos de la automatización en la fuerza laboral costarricense y cómo enfrentarlos”.

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Por esa razón, si en EE.UU. el 47 % de los trabajos están en riesgo por la automatización, la cifra en Costa Rica asciende hasta el 60 %. Cuando hablamos de riesgo, no quiere decir necesariamente que vayan a desaparecer (si bien una parte sí lo hará), sino que será necesaria una readaptación de funciones.

A nivel mundial, los sectores perdedores serán servicios, ventas, servicios administrativos, manufactura simple y choferes; mientras que saldrán reforzados los de gerencia, administración, finanzas, o creatividad.

En Costa Rica, los empleos en mayor riesgo son los de limpieza, peones agrícolas, construcción, guardias de seguridad, hotelería, o choferes. Hay unas 300.000 personas en esas categorías. El 43,9 % de los trabajos en alto riesgo son las ocupaciones elementales; las que cuenta con mayor grado de informalidad son también las que tienen una mayor amenaza ante la automatización.

En el corto plazo, 65.000 choferes tienen la amenaza de los carros autónomos; y 20.000 personas que trabajan en call centers deberán evolucionar para conservar sus empleos, o cambiar de carrera; si bien estos últimos lo tienen más sencillo por su perfil, ya que son personas de 27 años, con 12 años de escolaridad promedio (frente a los 47 años y el sexto promedio de los conductores que, además, en muchos casos, no tienen acceso al seguro social tradicional). “Ahí está el reto -expresa Pacheco-, hay necesidad de políticas muy distributivas para grupos en distintos niveles de riesgo”.

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Pero la resistencia al cambio existe, y existirá. Los que se oponen al progreso “tienen 200 años de haber perdido todas las batallas, y esta también la perderán; la diferencia es la velocidad a la que está pasando”, asegura Roberto Sasso, presidente del Club de Investigación Tecnológica, ente que agrupa a más de 80 empresas en Costa Rica, una red de conocimiento para sus afiliados que trata de mantenerlos al día respecto de las innovaciones tecnológicas y su aplicación en el desarrollo organizacional.

Educación y conectividad, claves

La solución a este enorme reto es la educación continua del empleado (otra vez, con la participación del sector privado) y la creación de una mayor infraestructura tecnológica.
“Es importante que siempre cambiemos las habilidades de nuestros empleos. No importa dónde trabaje la persona, les damos estudios de distintas áreas, para mejorar sus habilidades”, afirma Munish Manchanda, Site Leader de Finanzas de Amazon para las Américas.

Otro punto importante es la legislación laboral del país, estas leyes “no son flexibles”, apunta Manchanda, quien explica que “tenemos trabajando más de 100 personas desde la casa, y para hacerlo tuvimos que cambiar procesos y políticas de la empresa”.

Un hálito de optimismo desprenden las palabras de Carlos Flores, director de Innovación y Soluciones Tecnológicas para América Central de Microsoft, quien comenta que “Costa Rica ha hecho algunas cosas bien”, especialmente en temas de educación, capacitación de los trabajadores y robótica. Flores asevera que hay talento “de nivel mundial”, de cara a la exportación de bienes y servicios tecnológicos, “pero luego no veo esa dinámica, ni hambre, hacia el mercado local”.
Según un estudio de la Cámara de Tecnologías de Información y Comunicación (Camtic), un 36 % de las exportaciones ticas están alrededor de la tecnología.

En todo caso, Sasso incide en la necesidad de “reentrenar” a la gente de manera rápida, y que incremente así su productividad en torno a la Inteligencia Artificial. Según este experto, no estamos ante una revolución, sino ante una “evolución tecnológica que no para nunca, y va a ser cada vez más rápida”, por lo que una de sus consecuencias es la de tener que aprender a lo largo de toda la vida.

Flores también comenta que el nivel de conectividad, respecto a la región es simplemente “bueno”, pero que hay que mejorar sustancialmente en la velocidad, así como en cobertura fuera de las ciudades.
Ante esto, Manchanda incide en la necesidad de invertir en infraestructura tecnológica. “Es necesaria una mayor velocidad y estabilidad de Internet. El país debe de invertir en tecnología”.

Efectos sociales

Parece claro que, en este marco, se resentirán las finanzas públicas al bajar la base imponible (si bien el incremento de la productividad y el ingreso en las rentas de los trabajadores podrían compensarlo); y se incrementará el gasto público.
Todo ello va a tener efectos en la pobreza, porque la pérdida de empleos afectará más a las personas en pobreza extrema, que por lo general realizan labores más básicas (con un promedio de escolarización es de seis años), con un riesgo inminente de automatización, elevando la cifra hasta el 86 %.

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