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Fecha de publicación: 2018-09-14
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5 consecuencias de que EEUU sea (de nuevo) el mayor productor mundial de petróleo

La producción de crudo estadounidense está por encima de la de Rusia y Arabia Saudita. El salto ya genera repercusiones de alcance mundial

Por estrategiaynegocios.net

Por primera vez desde 1973, Estados Unidos es el productor de crudo de petróleo más grande del mundo, según estimados preliminares publicados este miércoles por el Departamento de Energía.

La hazaña demuestra cómo se ha reformado el auge del petróleo de esquisto de Estados Unidos en el panorama global de energía. La producción de petróleo de Estados Unidos se ha más que duplicado en la última década.

“Es un hito histórico y un recordatorio: nunca apuesten contra la industria petrolera de Estados Unidos”, dijo Bob McNally, presidente de Rapidan Energy Group, una firma de consultoría.

Texas es el epicentro del boom del esquisto. La producción en el Permian Basin del oeste de Texas ha crecido tanto que en febrero Estados Unidos superó a Arabia Saudita por primera vez en más de dos décadas, según la Energy Information Administration (EIA) de Estados Unidos.

La producción de Estados Unidos siguió aumentando en junio y agosto, alcanzando cerca de 11 millones de barriles por día. Esto empujó a Estados Unidos por encima de Rusia por primera vez desde febrero de 1999, estima la EIA.

Estados Unidos no espera ceder su corona muy pronto. La EIA espera que la producción de petróleo de Estados Unidos esté por encima de Rusia y Arabia Saudita hasta 2019.

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El juego cambió

Este logro subraya el profundo impacto de los rápidos avances tecnológicos en la extracción. El fracking ha desbloqueado grandes sumas de petróleo y gas natural que habían estado atrapadas bajo tierra. Los costos de la extracción se han reducido dramáticamente.

“Eso cambió el juego para Estados Unidos. Significa que podemos ser resilientes y competitivos”, dice Ben Cook, director de portafolio en BP Capital Fund Advisors, una firma de manejo de inversiones de energía.

Esa resiliencia fue requerida luego de que los precios del petróleo empezaran a caer a finales de 2014. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) lanzó una guerra de precios para recuperar la cuota de mercado perdida ante Estados Unidos y otros productores de petróleo. La caída de los precios dejó fuera del negocio a varias compañías petroleras de Estados Unidos y causó una pérdida generalizada de trabajos.

La producción de petróleo de Estados Unidos cayó, pero no tan dramáticamente como se temía. Y cuando los precios empezaron a recuperarse en 2016, las compañías de esquisto pidieron recuperarse rápidamente y salir adelante. Sus gastos fueron menores y la tecnología había mejorado.

Otro cambio importante: Estados Unidos ahora tiene clientes petroleros alrededor del mundo. A finales de 2015, el Congreso levantó una prohibición de 40 años para exportar crudo de petróleo. Estados Unidos ahora exporta petróleo a Suramérica, Europa y China.

Su empuje, fomentado por el apoyo a las exportaciones del gobierno de Donald Trump.

Más allá del mercado del crudo, el avance estadounidense también tendrá repercusiones geopolíticas y económicas en diferentes áreas del planeta.

La BBC enumeró cinco consecuencias derivadas de que EE.UU. se convierta en el mayor productor de petróleo del mundo:

1. El fin de la guerra de precios de Arabia Saudita y la OPEP

Para la gran petromonarquía del Golfo Pérsico, verse superada por su aliado pero también competidor EE.UU. supone la constatación de los daños colaterales de su tradicional política de control de precios.

Principal actor en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Riad la utilizó tradicionalmente para controlar los precios en el mercado aumentando o reduciendo la oferta a su conveniencia.

Pero en los últimos años, la aparición de técnicas como el fracturado hidráulico de la roca (fracking) y el incremento exponencial de la producción estadounidense restaron efectividad a esta estrategia.

Arabia Saudita intentó acabar con el sector del "fracking" estadounidense.

Antonio de la Cruz, presidente del centro de análisis Interamerican Trends de Washington, asegura en conversación con BBC Mundo que "la decisión de que Estados Unidos aumentara la producción en las regiones del fracking, en realidad la tomó la OPEP cuando apostó por mantener los precios en lugar de producir más".

El reino saudita intentó en 2014 ahogar a los promotores del fracking en EE.UU. inundando el mercado de crudo.

Pretendía saturarlo y que los precios se desplomaran hasta que a las compañías afincadas en EE.UU. no les fuera rentable seguir explotando los campos de petróleo y gas shale (el obtenido mediante fracking).

Pero el sector del fracking resistió. Logró reducir sus costes y salvar sus márgenes de rentabilidad.

Aunque el barril de Brent llegó a caer hasta los US$30, dos años después, Arabia Saudita cedió y persuadió a sus socios en la OPEP para, poco a poco, volver a propiciar una subida de los precios del crudo.

Ahora las tornas se han invertido y es la ingente producción estadounidense la que tira de los precios a la baja y estabiliza el mercado.

En este contexto, la nueva élite rectora en el país pérsico ha adoptado una nueva estrategia que contempla iniciativas sin precedentes como la privatización parcial de Saudi Aramco, la compañía energética estatal.

Es parte de los cambios que promueve el príncipe Mohamed Bin Salman, hombre fuerte del gobierno decidido a reformar la economía del país.

Sin embargo, aunque Estados Unidos supere a Arabia Saudita en volumen de producción, hay analistas que subrayan que la batalla no se mide solo por la cantidad de barriles diarios.

Samantha Gross, experta en seguridad energética de la Brookings Institution de Washington, afirma que, aunque produzca menos que su competidor, Arabia Saudita conservará su posición en el mercado energético global.

"El petróleo saudita lo produce todo una única entidad, Saudi Aramco, de propiedad y gestión estatal, por lo que no se rige solo por criterios de beneficio económico. La industria energética estadounidense nunca actuará de manera coordinada siguiendo las directrices del Estado", asegura Gross.

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2. Venezuela, con menos mercado y menos suministro en las calles

También en América Latina se dejarán sentir los efectos del nuevo panorama.

El gran gigante petrolero regional, Venezuela, verá todavía más castigada su maltrecha economía.

El analista De la Cruz cree que la ineficiencia y las carencias estructurales del sector petrolero venezolano lo harán totalmente incapaz de competir con los productores estadounidenses.

Mientras que la producción estadounidense se dispara como nunca desde la presidencia de Richard Nixon (1969-1974), la venezolana ha perdido 600.000 barriles diarios.

"La industria petrolera venezolana, por sus carencias estructurales y por la falta de inversión de los últimos años, ha perdido toda su capacidad de producción".

En las circunstancias actuales, desbocada en una imparable hiperinflación, "Venezuela no tiene capacidad para producir ni para importar. Ha ido cercenándose las posibilidades de ser un actor en el mundo petrolero actualmente", dice De la Cruz.

El crudo venezolano es además muy pesado, por lo que necesita importar naftas más ligeras de otros países, Estados Unidos entre ellos, para obtener una mezcla comercializable.

Pero la falta de liquidez venezolana ha afectado seriamente su capacidad de adquirir esas materias primas en el exterior.

"El petróleo aporta a Venezuela el 96% de las divisas que necesita imperiosamente, así que el Gobierno de Nicolás Maduro primará las exportaciones para obtenerlas y será el mercado interno el que irá quedando más y más desabastecido", señala De la Cruz.

¿Qué puede esto suponer para el venezolano de a pie? "Mas colas en las gasolineras", responde.

Los problemas de la petrolera Venezuela tendrán también efectos en el marco regional.

"El socialismo del siglo XXI utilizó la herramienta de la geopolítica del petróleo, con el suministro de crudo subsidiado a los países de Petrocaribe y a los del ALBA" (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América).

De acuerdo con su visión, muchos de ellos podrían sentirse tentados de escuchar las posibles ofertas de proveedores alternativos.

3. Posibles amenazas para el medio ambiente

Ha habido grupos ecologistas que han alertado de que la política de facilidades al fracking que sigue el gobierno de Donald Trump supone una amenaza para el medio ambiente.

El fin de las restricciones a las exportaciones y la autorización a la construcción de explotaciones en espacios protegidos como el Refugio Nacional para la Vida Salvaje de Alaska han hecho saltar las alarmas de los ambientalistas.

También temen que el nuevo panorama prolongue la vida de combustibles fósiles como el petróleo y desaliente la inversión en energías más limpias.

Lisa Viscidi, experta en energía y medio ambiente del centro de análisis The Dialogue de Washington, sostiene que "puede tener algún impacto si la producción se incrementa, pero esto depende más de los precios globales que de otros factores".

La analista asegura en conversación con BBC Mundo que "este es un mercado global y un solo país no hace la diferencia".

La experiencia de EE.UU. en 2014 indica que en contextos de mucha oferta y precios bajos se incrementa la demanda, pero esto no necesariamente tiene que implicar un aumento de las emisiones contaminantes.

"Todo depende de las políticas que siguen los países y compañías, de si son eficientes", señala Viscidi.

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4. Más independencia para EE.UU. en Medio Oriente

Ahora que tiene su suministro de petróleo garantizado, Estados Unidos puede liberarse de su tradicional dependencia del abastecimiento de los focos exportadores del Medio Oriente.

Escenarios como el de la Crisis del Petróleo de 1973 o la Guerra del Golfo de 1990, en los que las turbulencias en esta región hicieron que los precios del crudo se dispararan, son impensables hoy día.

"Aunque EE.UU. sigue importando siete millones de barriles diarios, ya no tiene por qué temer un embargo petrolero", explica De la Cruz.

"Se vuelve menos vulnerable ante un chantaje como los de la OPEP".

De este modo, "gana independencia para poder gestionar su propia política en la región" sin temor a que esto pueda afectar críticamente a su economía, como ocurría en el pasado.

"Ya no es dependiente de los países árabes".

Para el analista, esta es una de las claves que explica que Donald Trump se atreva a pasos sin precedentes como anunciar el traslado de la embajada de Estados Unidos a Jerusalén, que motivó protestas desde todo el mundo islámico.

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5. Más fuerza para los países europeos frente a Rusia

El paso adelante del gigante estadounidense afecta también a Europa, una de las áreas tradicionalmente más dependientes de la energía que produce Rusia.

En el pasado, Moscú ha utilizado el suministro de energía como herramienta de presión.

En varias ocasiones interrumpió el suministro de gas a Ucrania y otros países del este europeo a pocas semanas del comienzo del invierno.

De la Cruz explica que Europa "ahora estará en una mejor posición negociadora frente a suministradores rusos como la compañía gasística Gazprom, ya que podrá esgrimir la baza de otro potencial proveedor".

Ahora Europa podrá ofrecer una alternativa en la negociación con Rusia.

En cualquier caso, Rusia conserva una ventaja todavía determinante en esta área. Puede hacer llegar sus recursos mediante gasoductos y oleoductos, mientras que los barriles estadounidenses solo pueden llegar por mar a mayor coste.

Se trata de una desventaja competitiva que todavía pesa y que hará que "Rusia conserve su influencia".

Aunque De la Cruz no descarta que en pocos años también esta situación se revierta.

"El gas natural licuado puede ser el combustible del futuro y sustituir al petróleo. Desarrollar eso es uno de los proyectos fuertes por los que podría apostar la Administración Trump en los próximos cinco años".

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