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Fecha de publicación: 2016-10-20
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Psicópatas, entre nosotros

Es un fenómeno cada vez más extendido: personalidades de tinte psicopático ocupan cúspides de poder para manipular a su antojo.

Por: Javier Argüello Lacayo

La mayoría de las personas se sorprenden cuando leen la definición de lo que es un psicópata y comprueban cuan frecuentemente se filtran sus impactos en nuestras vidas. El no saber identificarlos, no sólo dificulta reconocerlos sino que también les facilita ser los predadores sociales que son.

Los psicópatas suelen ser inteligentes y carismáticos, frecuentemente ocupan posiciones de liderazgo en la política y/o el mundo financiero, por la personalidad que poseen. Los expertos sobre el tema de la psicopatía coinciden en señalar una desconcertante similitud psicopatológica entre los mundos del delito, de la política y de la economía, que suelen fundirse en un solo universo turbio y ominoso.

Los psicópatas tienen más probabilidad de florecer en países pobres con Estados de Derecho frágiles ya que violan leyes con mayor facilidad y se aprovechan de las personas menos educadas y de escasos recursos para defenderse.

A pesar de que estudié psicología, no me enteré que había crecido con un psicópata hasta que la distancia, las consecuencias y el tiempo me educaron. Lo que más dificultó protegernos del “psicópata entre nosotros” fue la inmunidad explicita que se le extendía a un miembro de nuestro núcleo, la cual venía subsidiada directamente por los códigos sociales y religiosos que predominaba en el entorno.

En esta interpretación de la religión se practica que la fe se forja con el sufrimiento y que la lealtad se expresa con el silencio absoluto. Esta mezcla es óptima para un psicópata, ya que le permite hacer daño con inmunidad e impunidad mientras el dolor “acerca a sus víctimas a Dios”, a través de una forma torcida de la fe.

Lo mismo pasa en la política y en las empresas donde los líderes psicópatas pueden abusar de su poder para destruir, pero hacen pensar a sus seguidores que sus actos son nobles o, por lo menos, normales. Igual funcionan las sectas que siguen a sus líderes de forma ciega, lo cual es un extremo del mismo espectro. Lo que tienen en común es que se pierde la objetividad mientras somos manipulados para distorsionar nuestra realidad.

Los psicópatas son expertos en encontrar o crear estas dinámicas donde pueden explotar debilidades y abusar del amor que reciben por ser miembros de una familia, o del poder que obtienen al manipular, explotar y engañar a los demás.

Lo más probable es que cualquier individuo que sea educado y racional conozca a un psicópata, pero no sepa que lo es. Y, en el mejor de los casos, si alguien no llega a tener una relación directa con un psicópata, seguramente su vida está indirectamente afectada por uno de ellos. Luego explicare por qué.

Los psicópatas tienen atributos que nos atraen, suelen ser inteligentes y carismáticos. Son increíblemente hábiles en hacer sentir importante a la persona con la que hablan.

Lo que no es evidente y los hace peligrosos es lo que los hace ser psicópatas: desconocen la empatía. No tienen la capacidad de sentir o actuar por el bien de los demás. Sin poder sentir, son capaces de causar un daño enorme a los demás por lograr un beneficio marginal o mínimo para ellos mismos.

Pocas personas los saben reconocer porque lo que los hace psicópatas es la herramienta oculta de ellos, lo cual les facilita ser más efectivos aún.

Navegan en vastos mares

Los psicópatas son especialmente exitosos en el sector financiero y en la política. El populismo seduce cuando los niveles educacionales del país son bajos y/o las frustraciones con el sistema económico y político corrupto son altas. Las leyes son interpretadas como sugerencias para los tontos, pero no para los “astutos”. Donde las personalidades de Mesías impermeables a la moralidad e inmunes a las leyes son remuneradas política, económica y socialmente. Incluso, en países pobres es más común celebrar la riqueza de alguien que la moral o cuestionar como llegaron a su riqueza. Cuando la sociedad premia el fin y no cuestiona los medios, nos convertimos en una sociedad que indirectamente cultiva y celebra a los psicópatas.

Entre más débiles son las leyes que previenen el abuso del poder y/o abuso económico de las clases más vulnerables, más atractivos son los países para los banqueros con síntomas de psicopatía o los políticos populistas con complejo de Mesías.

Según estudios psicológicos, las dos cosas que juzgamos cuando conocemos a alguien es si son confiables y competentes. Los psicópatas son competentes y como son expertos en leer a los demás, aparentan ser confiables. Por ejemplo, pueden ser ingeniosos y elocuentes, encantadores pero superficiales, con un ego enorme y un gran sentido del derecho. Y, debido a que no tienen empatía o remordimientos, mienten muy fácilmente y manipulan para engañar prácticamente a todos con los que se relacionan.

Son de particular importancia los psicópatas que operan desde el poder, puestos que buscan y llenan de forma innata ya que les gusta controlar y manipular a la gente para su propio beneficio. Es lógico, entonces, que intentarán alcanzar posiciones de poder, usando cualquier truco, engaño y manipulación que puedan. Para ellos, el fin justifica los medios y la moral no es parte de la ecuación ya que son incapaces de sentir culpa.

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Por amor al poder

Supuestamente, el único amor incondicional que existe es el amor de una madre. La política nicaragüense comprobó ser la excepción a esa regla con el país entero de testigo.

Daniel Ortega, quien hoy funge como presidente inconstitucional de Nicaragua, fue acusado por su hijastra, Zoilamérica, de ser violada desde que tenía once años hasta que cumplió veinte. Su madre, Rosario Murillo, hizo lo que ninguna madre haría y solo una psicópata podría hacer. Traicionó a su hija. No lo hizo por odio o falta de intelecto. Más bien, fue un cálculo político tan frio que el mismo Macchiavello se congelaría. Defendió a quien apostó llegaría al poder, donde ella eventualmente lo ejercería con o sin Ortega.

Su cálculo político funcionó. Hoy en día se postula a la vice-presidencia en una elección sin contrincante. Ella es la arquitecta de la fórmula presidencial que ganará las próximas elecciones presidenciales en Nicaragua. A esta pareja no los unió el amor entre ellos, más bien la sinergia entre dos tipos de psicópatas. Rosario y Daniel son una formula psicópata efectiva ya que sus estilos de psicopatía son sumamente complementarios. Daniel abusa intelectualmente de la población pobre, hambrienta, sin educación y ansiosa por una figura paternal que les prometa un Estado que provee. Rosario podrá ser más astuta y calculadora, pero es menos carismática.

Murillo, por lo tanto, en su afan necesitó afiliarse a un populista para llegar al poder donde ella ha demostrado su apetito insaciable de transformar al Estado en un vehículo familiar. Ambos sufren del mismo trastorno de personalidad antisocial que caracteriza a los psicópatas y líderes populistas que surgen cuando faltan leyes y comida. La cultura política nicaragüense ha heredado y preservado el vicio del nepotismo, el cual era parte del sistema colonial.

Según el doctor Emilio Álvarez Montalván, el tipo de personalidad básica de cualquier sociedad evolucionada es “aquella configuración del carácter que es ejercida por la gran mayoría de un grupo humano, como resultado de experiencias tempranas que compartió”. Esto sería: capacidad de solucionar los conflictos por diálogo; aceptación de la diversidad de puntos de vista; apego a un Estado de Derecho; interés del ciudadano para participar en asuntos sociales; posesión de una identidad nacional y solidaria. Según Álvarez Montalbán, “se trataría, en resumen, de una cultura democrática cuyos elementos básicos son pluralismo y negociación.

En Nicaragua (y varios países de Latinoamérica), se produce exactamente lo contrario”.

En sus escritos, el doctor Álvarez Montalván desarrolla ampliamente y con ejemplos históricos los elementos de la cultura política nicaragüense, que son sus contravalores a los de una sociedad avanzada: personalismo y sus consecuencias; amiguismo; caciquismo; autoritarismo y centralismo; dictadura; caudillismo; familiarismo y sus consecuencias: a) la familia extensa; b) paternalismo; c) nepotismo; d) patrimonialismo (corrupción); f) cortoplacismo y arreglismo; g) autoritarismo y violencia.

Esta cultura “atrasada”, como la llama Álvarez Montalván es tierra fértil para ser gobernada por psicópatas.
El problema con esta cultura es que fomenta la pobreza donde suele haber falta de educación. La frustración social genera vulnerabilidad y furia hacia el statu quo. Cuando hay inequidad extrema o falta de desarrollo socio-económico, como fue el caso en Nicaragua por demasiados años en una democracia incipiente, somos vulnerables a ser gobernados económica y/o políticamente por psicópatas.

Más allá de la política

La megalomanía que caracteriza a los psicópatas no se limita a los líderes políticos, también despierta el apetito insaciable y despiadado de los líderes del sector privado que justifican ser predadores económicos con la excusa de que son empresarios y no políticos.

Esto suele crear oligopolios o condiciones que ahuyentan a los inversionistas extranjeros. La escasez de reglas para proteger a los consumidores crea el ambiente idóneo para la oferta de productos que explotan a los consumidores que carecen de opciones, educación, poder adquisitivo o protección legal.

El sector financiero suele ser óptimo para este abuso. Especialmente el sistema financiero informal donde crece la usura, tal cual ocurre en Centroamérica. Un ejemplo del mismo son los prestamistas que roban descaradamente a personas que ni saben qué interés pagan. El préstamo enfatiza la cuota y oculta las tasas de interés exorbitantes. Este ambiente económico canceroso cultiva el resentimiento social y obstruye el desarrollo económico. En este ejemplo, los banqueros y políticos forman alianzas donde implícitamente acuerdan evadir las reglas del juego necesarias para combatir la pobreza. Este círculo vicioso entre la economía y la política mantiene pobre al país y es tierra fértil para el populismo y el dominio de los psicópatas.

Por estas razones, es que el doctor Robert Hare, experto en el tema de psicopatía, explica que la banca y la política atraen a los psicópatas de una sociedad. Son vehículos donde la falta de empatía favorece la acumulación de poder.
Un país no tiene que ser pobre para caer en manos de psicópatas.

Sudamérica ha tenido un auge de populistas psicópatas en el poder. Tanto Hugo Chávez en Venezuela, como Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, llevaron a países relativamente educados y con envidiables recursos naturales a niveles de empobrecimiento inimaginables. Ellos convirtieron su poder político en un sistema paranoico, totalitario, autoritario y anárquico que llegó a ser sostenido con actividades criminales que castigan a quienes buscan justicia.
Los psicópatas tampoco son exclusivos de la izquierda, ni el populismo le pertenece de forma exclusiva a ellos.

Estados Unidos, país emblemático de la abundancia, la prosperidad y el capitalismo, tampoco es inmune a los psicópatas populistas. Donald Trump es otro político psicópata que logra crear seguidores identificándose con el dolor económico y resentimiento a la política corrupta. Tanto el dolor económico como el resentimiento hacia la política de Washington son válidos, pero el hecho que Trump exprese crudamente el dolor del pueblo no quiere decir que él sea su anécdota.

Los psicópatas son esponjas que absorben las emociones de los demás para atraerlos, pero no tienen emociones propias. Si se exprime la esponja solo suelta aquello de lo que se alimentó, pero nada propio deja caer.

Si una sociedad no quiere ser gobernada por psicópatas debe comenzar aprendiendo a reconocerlos y luego tener el coraje y compromiso social de no permitir que los predadores sean los ídolos de las sociedades.

La clase alta y pudiente tiene que dar el primer paso en definir y exigir un estándar ético del liderazgo social, político o económico que los acompaña. Luego, debe comenzar una transformación cultural, que no será fácil o ligera, para finalmente superar la cultura política heredada de la época colonial donde se fusionaron la ignorancia y mística de la cultura indígena con el oportunismo y nepotismo de la colonia. Debemos promover y reconocer los valores humanos que deseamos nos identifique como sociedad si queremos realmente merecernos una democracia pluralista con Estado de Derecho civilizado.

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CÓMO RECONOCER A UN PSICÓPATA

Robert Hare es psicólogo, académico, autor, e investigador especialista en el área de psicología criminal. Desarrolló una lista de las características más sobresalientes de los psicópatas.

MUCHA LABIA y ENCANTO SUPERFICIAL. Una tendencia a ser encantadores, hábiles, con facilidad verbal. El encanto psicopático no es en absoluto tímido, prudente, ni con miedo a decir algo. Un psicópata nunca enmudece.
AUTOESTIMA OSTENTOSA. Una visión extremadamente alta de sus propias capacidades y de lo que valen; seguros de si mismos, testarudos, vanidosos y presumidos. Son personas soberbias.
NECESIDAD DE ESTÍMULOS. Una necesidad excesiva de estímulos nuevos, emocionantes y apasionantes, corriendo así riesgos (drogas, infidelidad). Los psicópatas a menudo tienen una baja autodisciplina para completar tareas.
MENTIRAS PATOLÓGICAS. Moderadas o altas. De forma moderada serán sagaces, mañososy listos; en la forma extrema, serán engañosos, inescrupulosos, manipuladores y deshonestos.
ENGAÑO Y MANIPULACIÓN. El uso de engaño para hacer trampa, estafar o defraudar a otros para su ganancia personal; distinguiéndose del punto 4, en cuanto a que aquí la explotación y la crueldad insensible están presentes, reflejando una carencia de preocupación por los sentimientos y sufrimiento de sus víctimas.
CARENCIA DE REMORDIMIENTO O CULPA. Una falta de sentimientos o preocupación por las pérdidas, dolor y sufrimiento de las víctimas. Tienden a ser indiferentes, desapasionados y carecientes de empatía.
AFECTO SUPERFICIAL. Una pobreza emocional o una gama limitada de emociones profundas; frialdad interpersonal, a pesar de dar señales de ser gregarios.
INSENSIBILIDAD Y CARENCIA DE EMPATÍA. Una carencia de sentimientos hacia la gente en general; es despiadado, despectivo, desconsiderado y sin tacto.
ESTILO DE VIDA PARASITARIO. Dependencia financiera intencional, manipuladora, egoísta y explotadora de otros, con poca autodisciplina. Inhábiles para asumir responsabilidades que no tengan conexión a un beneficio personal.
CONTROL POBRE DEL COMPORTAMIENTO. Cuando no están actuando carismáticamente en público, pueden ser lo opuesto en privado, manifestando expresiones de irritabilidad, molestia, impaciencia, amenazas, agresión y abuso verbal.
COMPORTAMIENTO SEXUAL PROMISCUO. Una serie de relaciones breves, superficiales, y una selección indiscriminada de compañeros sexuales; varias relaciones mantenidas simultáneamente.

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