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Fecha de publicación: 2019-12-23

Transformar el paradigma de la educación superior en la región

Expertos académicos propugnan por abandonar el modelo de educación de los siglos 19 y 20, y transformar la forma de educar y de pensar. La cultura de la innovación es el denominador común en las universidades de primer nivel.

Textos : Gabriela Origlia

Tan heterogénea como la región del Caribe y Latinoamérica es su educación superior.

Expertos internacionales en el tema coinciden en que queda mucho por trabajar para que la enseñanza universitaria se acerque a parámetros de excelencia, no sólo académica sino de coordinación con un mundo laboral cada vez más dinámico y exigente de habilidades más que de títulos de estudio.

En Estados Unidos y Europa ya están instaladas y con uso creciente las métricas para evaluar, medir y documentar los procesos de aprendizaje y de adquisición de habilidades como la creatividad y colaboración; en base a esos datos las universidades rediseñan sus espacios de aprendizaje y sus currículas, pero no sólo modificando materias, sino que van más a fondo.

En paralelo, los recursos educativos abiertos se imponen, no sólo para reducir costos, sino porque es una adaptación a la flexibilidad que requieren los estudiantes; los enfoques multidisciplinarios dominan la educación superior en contraste con el enfoque tradicional que se impone en la región.

La cultura de la innovación es el denominador común en las casas de altos estudios de primer nivel, sean públicas o privadas; el aula funciona no sólo como espacio donde brindar contenidos, sino que se busca generar un ambiente propicio para el emprendimiento, la experimentación y también el compromiso social.

Los expertos subrayan que los mayores desafíos de Latinoamérica y el Caribe no pasan por instrumentar nuevas tecnologías (las que ya se usan), sino cambiar la forma de pensar, abandonar el modelo de educación del siglo 19 y 20.

Liz Reisberg, titular de la consultora Reisberg & Asociados especializada en educación e investigadora del Boston College, describió la situación en la región -con excepciones- como “estancada” y estructurada para responder a las necesidades de un siglo atrás.

“Todavía se asume que la formación del profesional pasa porque hay que dar toda la información en el aula, cuando la mayoría de los estudiantes tienen a su alcance gran parte de ese conocimiento todo el tiempo por otras vías”, resume.

La cuestión, admite, es por dónde comienza el cambio ya que los ministerios de Educación evalúan la calidad con listas de chequeo sobre cursos a cumplir; las agencias de acreditación definen a las carreras por materia; los docentes están formados en otro modelo; los colegios profesionales siguen criterios similares y los empleadores se quejan del perfil de los egresados.

Francisco Marmolejo, coordinador del programa de educación superior del Banco Mundial, coincide en que es “inocente” pensar que las universidades son “inmunes” a los cambios tecnológicos y culturales de las sociedades.

“El grado de desarrollo tecnológico está logrando una convergencia entre tecnologías digitales, físicas y biológicas que lleva a una nueva reconformación del concepto de conocimiento y empleo”, indicó en una conferencia.

“El escenario actual a nivel global es fértil para una nueva y mejor educación superior”, plantea y apunta a dos temas fundamentales a resolver en la región, la necesidad de trabajar para lograr “acceso con equidad” y acciones que permitan bajar “la alta deserción”.

El director ejecutivo de la Asociación Columbus (con sede en París), Daniel Samoilovich, advierte que hablar de la región es difícil porque incluso en cada país hay una segmentación a tener en cuenta.

“En algunos segmentos es muy dinámica, busca atraer estudiantes, tiene apertura internacional; pero hay una deuda en sistemas pedagógicos innovadores; hay una alta dependencia del financiamiento público cuando, en general, es más bajo que en otras regiones del mundo”.

Subraya que las universidades tienen que apoyar la innovación; tener estrategias en ese sentido; cambiar el rol del docente tradicional. "El hardware funciona cuando hay software y me refiero a la cabeza de la gente; siempre hay un porcentaje de docentes motivados para hacer algo distinto, pero para escalar se requiere de políticas, de una estrategia con inversiones y con la organización que implica contar con una estructura de apoyo, definir cómo se reclutan los docentes, cómo se los evalúa y promueve".

Desafíos en diferentes terrenos Columbus es una asociación de universidades de Europa y América Latina; su objetivo principal es promover la cooperación internacional y el desarrollo institucional, a través del perfeccionamiento de los procesos y estructuras de gestión.

“Así como los estados requieren reformas, las universidades deben modernizarse; hacerse más ágiles; incorporar a sus órganos de dirección a sectores externos; también están más obligadas a captar recursos financieros”, señala Samoilovich.

El experto agrega que en Europa hay una tendencia a que las universidades públicas se gestionen como organizaciones privadas; por ejemplo en Portugal coexisten los dos sistemas, pero se avanzó hacia fundaciones públicas de derecho privado, en las que la mitad de los recursos son de fondos propios.

Hugo Juri, rector de la Universidad Nacional de Córdoba -fundada en 1613 es la más antigua de la Argentina y la cuarta fundada en América- insiste en que uno de los aspectos pendientes es avanzar hacia multidisciplina y facilitar la educación continua, “porque las carreras terminan pero los procesos de capacitación deben seguir, más orientados a las necesidades de ese momento, en tiempo real, con conocimientos adaptados efectivamente a las necesidades laborales”.

También entiende que la universalización de la tecnología es un aliado clave para reemplazar la educación presencial y llegar a todas las regiones de una forma “más accesible y económica”.

“Somos eficientes y efectivos, en general, en formar en carreras tradicionales y por eso es difícil cambiar, porque se está haciendo bien -añade-. Hay una estructura de siglos, con facultades separadas y hay resistencia a la mirada multidisciplinaria, pero hay que ir hacia ese formato, no hay opciones”, insiste.

Para Marmolejo es una “paradoja” que las instituciones de educación superior que, en teoría, son el mejor laboratorio social de cambio, “no tienen en la región una significativa capacidad” en ese sentido.

“Es necesario pensar en una mejor diversificación de nuestro sistema, una mejor articulación al interior del sistema en su conjunto, más flexibilidad, y no enfocarse sólo en el acceso sino también en la relevancia y titulación oportuna”.

Está convencido de que hace falta pensar “más allá de lo convencional, buscar nuevos paradigmas”.

Un modelo de avanzada El Olin College (Needham, Estados Unidos) orientado a las ingenierías es, para Reisberg, un modelo de avanzada.

Fue concebido por profesionales egresados de las mejores universidades del mundo que pusieron en duda la pertinencia del conocimiento recibido y la forma en que se impartía.

Reorientaron su mirada; todas las carreras son interdisciplinarias; avanzan en emprendimientos; los viernes no tienen clases porque se dedican a asignaturas orientadas a la creatividad (teatro, música, dibujo); el aprendizaje es en base a proyectos y se trabaja en equipos para generar nuevas ideas para enfrentar nuevos problemas.

En el segundo año, una vez por semana durante seis semanas, los estudiantes deben visitar un espacio de su comunidad y después de ese tiempo de observación regresar con una propuesta para mejorar ese entorno.

Desde 2003 el presidente de Olin es Red Miller, a quien Reisberg le reconoce “su compromiso en formar personas, no ingenieros; personas responsables, que miren al mundo con los ojos abiertos”. Frente a este tipo de experiencias, la especialista enfatiza la importancia de la formación multidisciplinaria y el reconocimiento de contenidos cursados aunque se cambie de carrera.

“Es la herramienta para luchar contra la deserción alta en la región; la integración de pasantías es clave en este punto, conseguir un trabajo profesional pagado después del primer año permite ganar perspectiva, experiencia y orientación”, indica.

Las “experiencias garaje” (como se denomina a las de jóvenes que, fuera de la universidad, crearon empresas como Amazon o Apple) son consideradas por los estudiantes y, en muchas oportunidades, sirven como excusa para determinar que el nivel superior no se necesita o, al menos, no como está diseñado hoy en la región.

Juri reconoce que los jóvenes son capaces de autoformarse, pero no se debe perder de vista que en el panorama global, esos casos de éxito son los menos.

“Y todos ellos han llegado o pasado por la universidad aunque no la hayan terminado; no debemos olvidar que hay competencias que requieren de la universidad; se trata de un mix, no es blanco y negro”, concluye.

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