Finanzas
Fecha de publicación: 2021-01-13
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Opinión: Cómo los agentes bancarios y fintech complementan, y no amenazan, a la banca tradicional

Las fintech han erosionado la posición dominante de la banca y la pandemia ha levantado muchos de los obstáculos para su crecimiento. Sin embargo, las fintech de la región no pueden sustituir la labor inclusiva de la banca tradicional y los agentes bancarios, sino complementarla.

Por Marisela Alvarenga y Gabriela Mera, BID Invest

En años recientes, el ascenso de las fintech y agentes bancarios alternativos ha sido percibido por muchos en la gran banca como una amenaza a su modelo de negocio. Pero Banco de Guayaquil y otras entidades de América Latina y el Caribe están mostrando cómo el nuevo mundo digital puede complementar sus operaciones.

Uno de los efectos inmediatos de la pandemia fue gran preocupación sobre el futuro de la banca tradicional. Pensemos en las colas, en el modelo tradicional de sucursal con grandes cantidades de gente concentrada, esperando su turno, siendo atendida por un grupo pequeño de empleados, en un lugar cerrado, frecuentemente con poca ventilación. Cuando, al comienzo de la pandemia, el gobierno de El Salvador quiso entregar ayudas a la población, rápidamente tuvo que echarse atrás en el plan de distribuirlas vía sucursales bancarias.

Por si eso fuera poco, la llegada del COVID-19 ha motivado a muchos reguladores bancarios en el mundo a retirar, o al menos flexibilizar, una de las grandes barreras de entrada para competidores a la banca tradicional: si antes te exigían firmar papeles para cualquier trámite (quién no ha recibido ese mensaje de “pásese a firmar por la oficina cuando tenga un rato”), la pandemia ha llevado a digitalizar al menos parte de los servicios financieros, y permitir que los documentos escaneados y las firmas digitales sean aceptables para muchos trámites. Podría decirse que estas circunstancias han hecho realidad los sueños de las fintech, las empresas digitales emergentes que han erosionado el monopolio de la banca sobre los servicios financieros en la última década, al levantar muchos de los obstáculos para su crecimiento. El entusiasmo sobre el futuro de las fintech tiene lógica, y lo compartimos, pero tengamos en cuenta varias puntualizaciones.

Para empezar, no olvidemos los problemas de escala: la mayor parte de fintech han aparecido y se han desarrollado dentro de un nicho de mercado, en el que frecuentemente se encuentran muy cómodas – pagos, transferencias internacionales, micro-préstamos, etc – pero que está circunscrito a una o, como mucho, unas pocas actividades restringidas. Las fintech frecuentemente son muy buenas en lo que hacen, pero sus productos y servicios aún son limitados y no ofrecen el servicio financiero integrado típico de la banca tradicional que muchos clientes demandan.

Otro problema a tener en cuenta es el de información: más allá de los negocios puros y duros de pagos y extracción de dinero en métalico, las fintech tienen dificultades para acceder a información detallada sobre los clientes. Esto no es tanto un problema en países de niveles altos de renta, como EE.UU. – donde es más o menos fácil usar algoritmos y crear estimaciones de crédito individualizadas sobre la base de patrones de gasto, o incluso adquirir información crediticia a proveedores – pero sí lo es en gran parte de América Latina y el Caribe.

Pongamos el caso de Ecuador, donde sólo en torno a la mitad de la población está bancarizada. La información que puede recibir una fintech está muy limitada; y su acceso también lo está. De hecho, los bancos tradicionales tienen ventaja competitiva no sólo por su red de sucursales, sino también por la expansión de redes de agentes bancarios.

Los agentes bancarios son comercios minoristas privados o establecimientos del sector público – desde tiendas de celulares hasta oficinas de correo – contratados por una institución financiera para procesar transacciones de sus clientes, incluyendo pagos de facturas, retirada de efectivos e incluso solicitud de pequeños préstamos.

Banco de Guayaquil recientemente emitió un bono, con la colaboración de BID Invest, para levantar recursos financieros que planea utilizar para ayudar a las micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYME) del país, un sector muy afectado por la crisis. La distribución de los fondos dependerá en gran medida de Banco del Barrio, un programa del propio Banco de Guayaquil que representa la mayor red de agentes bancarios de Ecuador.

Con este tipo de iniciativas, los bancos comerciales pueden atender a la población con menos recursos del país, y de hecho se hacen indispensables para la economía: en Abril y Mayo, Banco de Guayaquil y Banco de Pichincha usaron sus redes de agentes bancarios para traspasar una ayuda gubernamental a 240.000 familias de bajos recursos en el país.

Tales operaciones siguen siendo demasiado difíciles de implementar para las fintech. El papel de las nuevas empresas digitales para complementar a la banca, acelerar su transformación e incrementar la inclusión financiera será fundamental en los próximos años, pero la labor de los bancos tradicionales sigue siendo clave en momentos de crisis.

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