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Fecha de publicación: 2021-04-25

Cambio climático: tema de estrategia empresarial

La pandemia demostró que los riesgos del entorno no se circunscriben solo al mercado, sino también a temas de salud y medio ambientales entre otros.

Por Roberto Fonseca- estrategiaynegocios.net

En Centroamérica, una de las regiones más vulnerables del mundo, el tema de cambio climático no tiene que ser visto como un tema de RSE, sino como un tema de estrategia empresarial, asegura Ronald Arce, Investigador del Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible (CLACDS), el centro de pensamiento y de investigación aplicada de INCAE Business School.

Esta afirmación cobra mayor validez con la pandemia de la COVID-19, ya que refiere que las empresas han sido severamente afectadas por el impacto de la crisis sanitaria, tanto en términos financieros como de recursos humanos, por tanto, “hay que empezar a pensar estratégicamente, preguntándose a dónde quiero llevar el negocio en los próximos años, tomando en consideración que hay que planificar con un cambio climático en el futuro”.

Hay que aprovechar la oportunidad, la pandemia nos obliga a tener que pensar en nuevas formas de hacer las cosas, por tanto, ¿Por qué no hacerlo de forma compatible con el cambio climático?”, se pregunta Arce.

En su opinión, hay dos nuevas formas de hacer las cosas frente al cambio climático: “si tengo un negocio que es relativamente poco emisor de gases efecto invernadero, ubicarme entonces más bien en temas de adaptación; pero si genera muchísimos gases efecto invernadero, hay que empezar a buscar los mecanismos de hacer esas reducciones y adaptar el negocio a un entorno de cambio climático”, porque de lo contrario, las regulaciones podrían obligar a hacerlo.

“Cada negocio va a tener que analizar su exposición al cambio climático, pero, por otro lado, vienen los riesgos regulatorios. ¿Qué va a pasar si de aquí al año 2035, un gobierno decide que ya los autos de combustión interna no pueden circular y resulta que la empresa tiene una flotilla de distribución?, ¿qué hará frente a ese escenario?”, cuestiona.

Arce reconoce que en Centroamérica coexisten una amplia variedad de empresas, desde las grandes hasta las miPymes, sin embargo, en todos los casos, tendrán que entender los riesgos del entorno, sabiendo que ahora no sólo se reduce al mercado, sino también a temas sociales, de salud, de medio ambiente y de cambio climático.

“Probablemente, hay muchas empresas que antes no veían el cambio climático como algo relevante para sus negocios, pero hoy quizá sí lo sea, después de la pandemia de la COVID-19. Yo esperaría que hayamos aprendido la lección, en entender que los temas del entorno de negocios, van más allá de los temas propiamente económicos y de negocios puros. Esperaría que como centroamericanos hayamos aprendido esa lección”, insiste Arce.

El investigador del CLACDS de INCAE Business School hace hincapié en que Centroamérica ha sido identificada como una de las regiones más vulnerables, porque sus condiciones sociales y ambientales nos exponen de sobremanera a los efectos adversos del cambio climático.

Arce refiere que, si le correspondiera sugerir las acciones prioritarias para enfrentar esos efectos adversos, señalaría en primer lugar la necesidad de impulsar programas y acciones de adaptación al cambio climático.

“Nosotros como región contribuimos con una proporción muy baja de emisiones de gases efecto invernadero, sin embargo, vamos a ser muy afectados, por tanto, nuestras prioridades tienen que centrarse mucho en adaptarnos, desde nuestra infraestructura, desde nuestra forma de producir y desde nuestra forma de hacer negocios. Y es algo que debemos hacer nosotros, urgentemente, porque si no vamos a sufrir las consecuencias”, insiste.

Arce refiere que a nivel de la región la matriz energética ha ido evolucionando hacia una generación de energía eléctrica más renovable, pero, por otro lado, toda la matriz de transporte en los países de Centroamérica es dependiente de las energías fósiles y altamente generadora de emisiones.

“Creo que una empresa socialmente responsable debería tener muy claro cuáles son sus impactos en la sostenibilidad, o sea, tener muy claro cuáles son sus aspectos económicos, sociales y ambientales, cómo influye positiva o negativamente y tomar decisiones en base a eso”, señala.

“Debe tener muy presente cuál es su contribución al desarrollo de su comunidad, de su país, de nuestra región, y actuar coherentemente con esa contribución”, concluye Arce, investigador relacionado a temas de comercio internacional, competitividad y desarrollo económico, entre otros.

Reflexiones desde la red RSE

Juan Pablo Morataya, director ejecutivo del Centro para la Responsabilidad Social Empresarial (CentraRSE), de Guatemala, refiere que la pandemia brindó la oportunidad de repensar el plan estratégico a 5 años para Guatemala, basado en cinco pilares: gobernanza, prosperidad, persona, planeta y ciudadanía corporativa.

“El propósito es hacer de la sostenibilidad un motor que transforme a las empresas nacionales. Estamos convencidos de que la ética es rentable, porque las empresas que mejor se han adaptado a la pandemia son las que ya tenían una cultura de sostenibilidad”, dice.

Plantea que el World Business Council refiere que las próximas 10 crisis a enfrentar están vinculadas al cambio climático, por tanto, las empresas deben empezar a pensar de qué manera se vuelve fundamental su estrategia de sostenibilidad, incorporada a la estrategia del negocio. Deben asumir su responsabilidad en el manejo de los recursos naturales y elaborar procesos, no solo de reciclaje sino de economía circular.

Recuerda a su vez que al mundo le quedan diez años para alcanzar los 17 ODS de Naciones Unidas, y el último, relacionado con las alianzas público privadas, se volvió más fundamental que nunca en tiempos de pandemia.

“Ningún sector de la sociedad podía resolver la crisis por sí solo, ni los gobiernos, ni las empresas, ni la sociedad civil, ni los organismos internacionales. O aprendemos a trabajar juntos o no seremos sostenibles. Pero, las alianzas no son por negocios o compadrazgos, sino esfuerzos conjuntos para reducir las brechas del desarrollo”, concluye.

Por su parte Gian Marco Palazio, presidente de UniRSE de Nicaragua, refiere que como organizaciones y empresas tienen el deber de analizar los riesgos ante diferentes situaciones. “Si las empresas no establecen sus protocolos de actuación ante eventos sociales, económicos y ambientales, estarán doblemente expuestas cuando dicha situación se presente”, plantea.

Para Nicaragua, un país altamente vulnerable a los efectos del cambio climático, definitivamente (las empresas) deben priorizar acciones de adaptación, con un plan de acción con medidas de adaptación que deberán priorizar según criterios de urgencia, impacto o daño que pueda causar el evento climático, y de los recursos con que cuenta. Para ello nuestra organización aporta metodologías que le permiten identificar todos estos riesgos y restablecer su plan de adaptación”, asegura.

Por su parte Bruno Basile, director ejecutivo de SumaRSE Panamá, insiste en la necesidad de contar con un plan o un programa de riesgos, y que sea verdaderamente integral, en el sentido de incorporar aspectos sanitarios, sociales, políticos, económicos, tecnológicos, y temas de negocios que puedan impactar a la empresa.

“La recomendación que nosotros en SumaRSE estamos dando al sector privado, es en primer lugar actualizar esos planes de contingencia y mitigación, y por otro lado, definir líneas de trabajo específicas para atender esos riesgos a nivel interno y en el caso concreto del cambio climático”, concluye Basile.

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