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Fecha de publicación: 2018-08-20

Semma Julissa Villanueva: El valor de hacer hablar a los muertos

Semma Julissa Villanueva es médica, catedrática universitaria, madre, hija, jefa, amiga, pero sobre todo es patóloga y la encargada de que “los muertos hablen” en Honduras. Se trata de la Directora de Medicina Forense en uno de los países más violentos del mundo, y de una de las diez “Mujeres Coraje” que el Departamento de Estado de Estados Unidos galardonó en 2018 por su valor.

Por Gloria Rodríguez, estrategiaynegocios.net

Llegó al cargo en medio de una crisis personal, en 2013, cuando el Congreso Nacional de Honduras decidió destituir al Fiscal General y su adjunto, e intervenir el Ministerio Público en aras de lograr una mayor transparencia y volver más eficiente la causa penal. Fue entonces que la Junta Interventora, volvió sus ojos a lo interno de Medicina Forense y buscó dentro de sus funcionarios, uno que llenara todos los requisitos para asumir la Dirección, de lo que entonces era la oficina de “los levanta muertos” de Honduras.

“Recuerdo bien que me llamó la persona que presidía la Junta Interventora yo tenía la cita para las 9:00 de la mañana, y como realmente no me interesaba el cargo, pues no iba a llegar. Pero ella me llamó y me dijo que me estaban esperando”, recuerda entre risas y añade “yo estaba muy bien en mi práctica privada, con trabajar seis horas en la institución y mis clases”. Luego de una pausa, y con un evidente cambio en la voz, también recuerda como en ese momento atravesaba por uno de los periodos más difíciles de su vida: acababa de perder a su hija no nata y estaba cerrando su proceso de divorcio.

Sin saberlo, Julissa Villanueva se había preparado tanto académicamente como en la práctica para asumir el desafío que tenía frente a sí. En Honduras, a diferencia de lo que se observa en otros países, el contar con un título de Patólogo no necesariamente significa estar capacitado para la realización de autopsias en el ámbito forense. El análisis post mortem estaba perfectamente divido: un médico patólogo era el encargado de las autopsias hospitalarias, y los Forenses, se encargaban del análisis de las muertes violentas, luego de especializarse en Medicina Legal.
“No ha habido una buena relación entre los forenses y el patólogo, a los forenses solo les ha interesado la violencia, a nosotros la ciencia”, reconoce. Julissa Villanueva había llegado hacía 14 años a tocar la puerta de Medicina Legal pidiendo una oportunidad que no le fue fácil obtener precisamente por ese divorcio entre los patólogos y los forenses. Por eso contaba con las acreditaciones necesarias para hacerse con la Dirección de Medicina Forense.
De hecho fue esa visión integradora, y los planes de modernización de la institución, otro de los factores que sumaron puntos a su candidatura.

Frente a frente con la violencia

Habiéndose especializado como Patóloga muy temprano en su carrera, la muerte no le ha sido ajena a Julissa Villanueva, sin embargo, luego de dejar su cargo de Patóloga Agregada de Medicina Forense a ser su directora, la relación con la muerte empezó a cambiar: los muertos empezaron a tener nombre, historia, rostro.
“Cómo Patóloga Agregada me tocaba ver las muertes que no tenían explicación aparente, que no tenían lesiones obvias, aunque también me tocó realizar autopsias a personalidades como un expresidente del país. Tenía una participación limitada en las autopsias, y ya luego me iba a mi casa, mis clases”, recuerda. No obstante, como Directora de Medicina Forense la muerte se hizo más visible, especialmente las mujeres y los niños.

Una vez en el cargo, las limitantes presupuestarias empezaron a hacerse evidentes, pero eso no la detuvo para “demostrar que se pueden hacer las cosas bien”. Una de las primeras acciones de su gestión, fue el traslado hacia un nuevo edificio qué si bien no estaba equipado, su ocupación significaría un ahorro importante en alquileres que podría reorientarse.

Luego definió líneas de trabajo e investigación, con miras a la profesionalización tanto del personal como de los procesos, y empezó a buscar apoyo financiero para ello. Sin embargo, las limitaciones presupuestarias le hicieron cambiar el rumbo de sus peticiones, y pasó de tocar la puerta del Fiscal General a tocar las puertas de la cooperación internacional.
Sus peticiones fueron escuchadas y atendidas primero por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, USAID por sus siglas en inglés, y luego por la Unión Europea, quienes han proveído de equipo de última generación para el procesamiento de la prueba y los cuerpos; y otorgado recursos para capacitar tanto dentro como fuera del país al equipo de profesionales que trabajan en Medicina Forense.
“Empezamos a ser eficientes, y eso empezó a incomodar a mucha gente. Pero estoy dispuesta a desafiar el sistema, porque una prueba mal intencionada, puede generar una ausencia de pruebas, llevarnos a la impunidad y la ausencia de justicia”, afirma de forma contundente.
Si bien la cooperación internacional ha sido vital para la mejora institucional, ésta no puede cubrir la ausencia de un presupuesto adecuado que permita la contratación de más profesionales para atender las demandas de servicios forenses a nivel salarial. “Tenemos sólo dos Psiquiatras Forenses para todo el país, que hipocresía más grande del sistema”, reflexiona.

También sigue pendiente la nivelación salarial de su equipo, que en muchos casos gana lo mismo o menos que un oficial administrativo del Ministerio Público, lo que se ha traducido en un creciente descontento que tuvo a la institución al borde de la huelga. De no ser por el liderazgo genuino de Villanueva, que logró negociar con sus empleados el alcance de la protesta, Medicina Forense hubiera entrado en paro. “Es una reivindicación justa y tengo que luchar por un mayor presupuesto para mejorar los salarios de mi equipo”, concede.

Ha sido precisamente ese espíritu desafiante y transgresor del status quo, lo que la ha llevado a enfrentarse abiertamente a sus colegas del Ministerio Público, e incluso enfrentar en la actualidad amenazas de muerte por descartar un dictamen preliminar de suicidio, autopsia en mano, y asegurar que se trató de un homicidio.

“Tenemos prueba científica, tenemos hallazgos, de que esta persona no se suicidó. Y yo no voy a cambiar los resultados de una autopsia por las presiones y amenazas que he recibido”, añade. Se refiere al caso de la Jefa de la Agencia Técnica de Investigación Criminal, ATIC de la ciudad de la zona occidental de Honduras, Sherill Yubissa Hernández.
“En 20 años de experiencia, la violencia no me había impactado tanto hasta ahora que me han amenazado de muerte, eso me hace cuestionarme, que puedo ser parte de eso que estoy viendo en la mesa de autopsias”, dice de manera reflexiva mientras hurga en su escritorio y levanta un informe para leer unas líneas.

La investigación de la muerte de mujeres no le ha sido ajena a la Doctora Villanueva, de hecho es una de sus principales líneas de investigación y de su equipo. “No podemos negar que nos están matando, la violencia contra la mujer es una epidemia en nuestro país”, y añade que del total de las autopsias que se realizan, entre el 15% y 17% corresponde a mujeres. En ese sentido la tenencia de prueba científica se vuelve indispensable para que estos asesinatos no queden en la impunidad. “Cuando la intervención es rápida no hay impunidad; pero cuando ellos (los operadores de justicia) no quieren, hay impunidad”, sentencia.

Pruebas de ADN para muertos y presos

Otro de los proyectos más emblemáticos en el ámbito forense, que llevan la firma de Villanueva es la creación de un cementerio para los cadáveres no identificados. Este proyecto encontró su inspiración en el camposanto de Arlington, Estados Unidos, donde descansan miles de militares cuya identidad no puede ser establecida. Para este proyecto contó con el apoyo del Comité Internacional de la Cruz Roja, y una familia hondureña anónima que le donó el terreno.

“Ahora estos hondureños pueden ser enterrados dignamente, no en fosas comunes donde se dificulta su identificación”, apunta. El cementerio tiene capacidad para 300 nichos y está ubicado en las afueras de Tegucigalpa, capital de Honduras, y su acogida ha tenido tanto éxito que ya se han iniciado los trámites para la creación de un segundo camposanto en la populosa ciudad de San Pedro Sula, al norte del país.

Esta iniciativa ha sido posible gracias al equipo de última generación para la identificación de ADN, el cual también ha permitido dos proyectos más: la identificación de presos mediante ADN, principalmente en los centros de reclusión de menores, la identificación de infantes que nunca fueron asentados legalmente por sus padres, y que carecen de identificación, así como la identificación de migrantes que han perdido sus vidas en su travesía por llegar a Estados Unidos.
La motivación de estos proyectos se sostiene en la premisa de “dar un enfoque social a las ciencias forenses”, y ese, asegura, será el norte de otras líneas de investigación que favorezcan el respeto de los derechos humanos.

Su principal desafío

“Integrar la patología legal y forense en Honduras”

“Luchar contra la injusticia y la impunidad, poniendo la prueba”

Hitos:
Marzo 2018. Recibe el Premio al Valor del Departamento de Estado, de Estados Unidos
2013. Nombrada Directora de Medicina Forense.

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