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Fecha de publicación: 2020-09-19

Claudia Neira Bermúdez: Su pasión se llama Centroamérica Cuenta

Nació en el seno de una familia amante del arte y rodeada de famosos escritores, poetas y artistas plásticos.

Por Roberto Fonseca

A finales de marzo del presente año, cuando el confinamiento obligatorio era moneda de curso en Asia, Europa y las Américas, los organizadores del festival cultural Centroamérica Cuenta, sorprendieron con la iniciativa Autores en cuarentena. Conversatorios virtuales, tres días por semana, vía FB Live y Youtube.

Lea el especial completo: Mujeres Desafiantes de Centroamérica 2020

“Hemos tenido 60 charlas y las vamos a extender hasta junio del próximo año. Adicional, a partir de septiembre tenemos programados talleres formativos y mesas temáticas. Sin quererlo, Autores en cuarentena se convirtió en la antesala de una edición digital del festival que conservaremos en adición al festival presencial, cuya próxima edición será en julio en Ciudad de Guatemala, como invitados de honor de la Feria Internacional del libro (FILGUA)”, comenta.

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Proviene de una familia estrechamente vinculada a la promoción cultural en Nicaragua. Su madre, Juanita Bermúdez, es una figura clave en las artes plásticas y las artesanías, desde su galería Códice. Por tanto, creció entre esculturas, cuadros, arte contemporáneo y escritores, nacionales y extranjeros. Centroamérica Cuenta, el festival narrativo por excelencia, llegó a ella como cliente de su empresa de Comunicación Estratégica y de Relaciones Pública, Crea Comunicaciones. Hoy se transformó en su proyecto de vida.

Entre las metas futuras está la consolidación del festival, irrumpiendo en el Caribe a través de República Dominicana y seguir desarrollando los talleres de formación sobre creación
literaria, literatura infantil, periodismo y otros temas, como páginas claves del festival.

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La frase:
"La cultura se concibe muchas veces como entretenimiento y no como herramienta de desarrollo"

En sus propias palabras

Tres momentos clave, los tres hitos en su historia de vida y/o de su carrera que la colocan en su posición o rol actual:
Inquietud, pasión y compromiso. He tenido la suerte de formar parte de en una familia donde esos tres elementos han sido la clave y sin que estén escritos en ningún lado, han guiado mi vida y mi trabajo. Creo que cada fracaso ha sido un aliciente para reiniciar, y que lo mejor está por venir.

¿Cómo surgió el proyecto e iniciativa de Autores en cuarentena, de Centroamérica Cuenta?, y qué tan complejo resulta realizarlo día a día?
A finales de marzo hablamos con Sergio Ramírez, Presidente del festival sobre qué hacer para la “cuarentena” sin saber que nadie hablaba de cuarenta días. Poco a poco arrancamos y fuimos viendo que se fue haciendo cada vez más grande y que había muchísima aceptación del mismo. A la fecha hemos tenido más de 60 charlas y hemos alcanzado más de un millón de personas. Esto nos ha supuesto muchos retos y desafíos. Somos un equipo pequeño y poco los hemos ido sorteando.

Hacemos curaduría mensual y tratamos de tener un balance de edades, géneros, y países, entre otros aspectos. Contactamos con cada autor para determinar fechas, temas a conversar, posible entrevistador, luego vemos con las editoriales, y otros aliados que harán publicaciones cruzadas, y entramos a la parte de promoción. Fotografías, artes y todo lo que implica. Para darles una idea, para cada sesión se hacen al menos tres adaptaciones de arte de acuerdo a cada red social. Poco a poco hemos ido haciendo cambios en nuestra página web y ahora que estamos claros que esta edición será totalmente en línea, estamos haciendo cambios aún más profundos en el sitio web.

¿Cuántas ediciones llevan y por cuánto tiempo planean extenderlo?
Hemos tenido 60 charlas y las vamos a extender hasta junio del próximo año. Adicional a estas charlas que son los días lunes y miércoles, a partir de septiembre tenemos programados talleres formativos y mesas temáticas. Sin quererlo, Autores en cuarentena se convirtió en la antesala de una edición digital del festival que conservaremos en adición al festival presencial, cuya próxima edición será en julio en Ciudad de Guatemala como invitados de honor de la Feria Internacional del libro (FILGUA).

¿Por qué decidió involucrarse en el campo en el que actualmente se desempeña?
Vengo de una familia que en la cultura ha sido parte de nuestra vida. Mi abuelo materno a pesar de ingeniero fue un gran lector y declamador. Mi mamá, es una figura clave en las artes plásticas y las artesanías de Nicaragua. Yo, en lo personal, desde pequeña leo mucho, me gusta el cine. Crecí entre esculturas, cuadros, arte contemporáneo, presentaciones de libros, escritores, pintores. Nuestros vecinos eran Sergio Ramírez, Ernesto Cardenal, Vidaluz Meneses, Claribel Alegría. Mi hermano tuvo un grupo de música con sus compañeros de colegio. Mi papá un arquitecto y urbanista con un amor por el renacimiento italiano, mi media hermana mayor pinta. Como ven, la cultura es parte de nuestra vida.
Centroamérica Cuenta llegó como cliente a Crea Comunicaciones, la empresa de comunicación que fundé hace 15 años en Managua. Poco a poco me fui involucrando más y más y hoy en día la gestión cultural es parte fundamental de mi vida y de mi trabajo. Es curioso, porque creo que las cosas pasan en el momento que tienen que pasar.

Yo soy fellow de una iniciativa regional conocida por sus siglas en inglés CALI, en donde todos tenemos que tener un proyecto. Yo tenía uno, pero no me mataba, no me apasionaba, en ese momento me comencé involucrar a con el festival y hoy en día, orgullosamente es mi proyecto, que se ha convertido en un proyecto de vida.

Trabajar de la mano de Sergio Ramírez es realmente un regalo que le ha permitido a un evento centroamericano, en tan corta edad colarse en el circuito de festivales y ferias internacionales. Llevar el nombre de Centroamérica a otros espacios y traer a la región otros nombres es realmente una enorme oportunidad para nuestro desarrollo y crecimiento. Centroamérica Cuenta es un festival de calidad internacional que sucede en el istmo y eso es un lujo para nuestros países.

¿Qué ha sido lo más difícil y lo más gratificante de sus actuales proyectos?
Lo más difícil ha sido el financiamiento del sector privado. La cultura se concibe muchas veces como entretenimiento y no como una herramienta de desarrollo de los países. Poco a poco hemos ido calando y cada vez despertado más interés de apoyos provenientes de este sector. Lo más gratificante es ver salas llenas de jóvenes -y no tan jóvenes- lectores escuchando a los participantes, esperando pacientemente en una cola para una firma, una selfie, o en esta nueva etapa contar con más de un millón de visitas a todas las charlas que hemos tenido. Sin duda, este es un proyecto en el que debemos seguir apostando porque vale la pena contar.

¿Sus nuevos sueños, los proyectos para el futuro?
Que el festival se siga consolidando, poder ir al Caribe -probablemente en el 2022- vayamos a República Dominicana, regresar a Nicaragua en algún momento y consolidar la parte formativa.

Desde hace unos años comenzamos a impartir talleres de formación sobre creación literaria, literatura infantil, periodismo, ilustración, entre otros temas. En esta edición digital los realizaremos en línea, y cuando volvamos a la edición presencial los tendremos nuevamente en persona, pero queremos dejarlos instaurados de manera permanente. Creemos que la parte formativa es fundamental, especialmente para esta región en donde hay muchas brechas que superar.

¿Qué piensa de los roles que cumplen las mujeres en Centroamérica y de los espacios alcanzados en nuestras sociedades? ¿Cuánto avanzamos, cuánto falta?
Las mujeres centroamericanas somos mujeres de ñeque, penconas. No podemos quedarnos con un no como respuesta. Y eso nos ha llevado a crear nuevos moldes, nuevas maneras de interacción y de estar en lugares donde no éramos habituales. Y no desde la queja o el lamento, hemos abierto brecha haciendo, proponiendo, preparándonos. Nos ha tocado codear y en muchas veces golpear la mesa pero creo que los jóvenes profesionales han ido cambiando su visión y entienden que este es un tema de responsabilidades compartidas.
Nos queda mucho camino por recorrer. Aún hay inequidades salariales en el sector privado, en política la brecha es aún mayor en cuanto a espacios y a posibilidad real de ser escuchada y tomada en cuenta.
Me preocupan especialmente las niñas mujeres de comunidades lejanas y las minorías étnicas e indígenas.

¿Cómo nació su vocación por preservar la cultura?
Preservar la cultura, es preservar la identidad, y por ende preservar las tradiciones. Solo vamos a poder preservarla si la tocamos, si la conocemos, si la hacemos propia, si la defendemos. En mi caso la cultura ha sido parte de mi vida por las razones que antes mencioné. Es un regalo que una de mis vidas profesionales sea esta. Creo tengo la enorme suerte de poder dirigir este festival de la mano de Sergio Ramírez y trabajar con el pequeño pero comprometido equipo que tenemos.

Para usted ¿Cuáles son las principales riquezas, los tesoros culturales del país que debemos preservar, y cual es la mejor ruta para lograrlo?
Creo que todas las expresiones artísticas de cada país deben ser preservadas y potencializadas. Lamentablemente, en países pobres como los nuestros la cultura, históricamente he tenido un lugar poco destacado en las asignaciones presupuestarias y en las políticas de estado. Pero la cultura va del mano con el desarrollo de las sociedades y como dije antes, con tener mejores ciudadanos. En este caso, hay un gran reto para la sociedad civil en su conjunto y crear sinergias que apunten en esa dirección.

Desde su quehacer (cultural o artístico) ¿Cómo se propone enriquecer ese legado?
Hoy en día, en nuestro caso, la digitalización del festival es una manera de garantizar o de crear el legado literario del mismo. Afortunadamente, la digitalización nos permite llegar a espacios inimaginables y poner al alcance de miles autores que quizá solo tenían una lejana referencia. Una siguiente etapa, una vez superada la pandemia puede suponer acercar más escuelas públicas a las ediciones del festival y así despertar interés en los futuros lectores. Y a manera de sueño, una feria centroamericana del libro podría ser la crema de la güirila.

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