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Fecha de publicación: 2020-09-17

Melania Guerra: la tica Polar que dejó el espacio por lo profundo del mar

Tuvo una llamada al espacio desde pequeña, pero terminó estudiando lo más profundo de los mares tras convertirse en oceanógrafa.

Por Daniel Zueras

Ese interés por lo que pasa más allá de los cielos viene de 1986, cuando vio por televisión la explosión del transbordador espacial Challenger. Desde ese mismo instante supo que no podría pasar su vida atada a una silla de oficina, que había gente dispuesta a asumir riesgos. Incluso trabajó un año en la NASA, junto al astronauta costarricense Franklin Chang, antes de saltar del espacio exterior al agua salada. Allí conoció a una persona que marcaría un antes y un después en su carrera profesional, Megan McArthur, astronauta y oceanógrafa que le abrió un mundo nuevo.

Tras estudiar Ingeniería Mecánica en la Universidad de Costa Rica, y pasar ese año en la NASA, Melania hizo sus valijas para California, donde estudió la especialización, maestría y doctorado en Oceanografía.

Y después llegó su tercer amor profesional, la diplomacia. Fue en 2015, en medio del Estrecho de Bering (frontera entre Rusia y EE.UU.), con científicos rusos y estadounidenses trabajando codo con codo. “En ese momento, el conflicto político que había entre los países no se sentía en ese barco. Entonces, me di cuenta de que la diplomacia y las relaciones internacionales juegan un papel súper importante con la ciencia”.
Ahí tomó la decisión de acercar la diplomacia con la ciencia, para que países en conflicto puedan tener un lenguaje común para encontrar algo que los una, “como uno de los pocos canales de diálogo que se mantiene entre países”. Esto le llevó a pasar de hacer la ciencia a querer comunicar la ciencia. “Sentí que era un nexo donde casi no había personas. Los científicos no estaban queriendo acercarse, y los tomadores de decisiones, no tenían naturalmente ese conocimiento”. Forma parte de la delegación de Costa Rica de negociadores de cambio climático.

En 2019 entró en Homeward Bound, una iniciativa de liderazgo colaborativo para mujeres científicas, que incluye una expedición a la Antártida con el objetivo de construir una red internacional de 1.000 mujeres de todo el mundo a lo largo de 10 años, siendo la segunda tica en tomarlo. “Por casualidad estaba doña Christiana Figueres como una de las mentoras. En ese momento, en el barco, fue donde me di cuenta de las cosas que había hecho hacia atrás en contra de otras mujeres, porque las consideraba competencia, y ahora soy mucho más consciente. En los paneles, por ejemplo, soy siempre la que está molestando a los organizadores diciendo por qué no estamos 50/50, que por qué no tiene ninguna mujer latina... Varias veces ha sido incómodo y no he caído muy bien”. También trabaja en el ámbito de la promoción de niñas y jóvenes.
Apunta que ahora hay muchos programas para atraerlas hacia las ciencias, pero “se olvida qué tenemos que arreglar también en el mundo laboral para cuando ellas lleguen. Reclutarlas es solo una parte muy pequeña del problema, retenerlas es un problema mucho más complejo”.

La frase:

"Estoy convencida que en nuestra posición tenemos una gran responsabilidad de actuar".

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