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Fecha de publicación: 2020-09-17

Johana Samayoa Bran: "Esto vino para quedarse y tenemos que vivir con el virus"

Su abuela enfermera influyó en Johana Samayoa para que estudiara medicina y antes de morir, logró verla graduada. Esa pérdida fue uno de los primeros golpes en su vida.

Por Zaida Rojas


El nacimiento de sus dos hijos marcó otro de los cambios significativos, pero su ‘parteaguas’ como ella misma lo dijo, ha sido esta pandemia “porque es algo para lo que no estábamos preparados” por más previsiones y definición de protocolos.

El plan inicial de este hospital no era ser Covid sino diagnosticar y referir, pero cuando los otros no dieron abasto se fue la avalancha hacia el Roosevelt y entonces Samayoa tuvo que asumir, junto con el equipo de la Unidad de VIH y Medicina Interna, toda la gestión para la atención de los enfermos.

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Ha trabajado durante casi cinco meses desde las seis de la mañana hasta las nueve de la noche y también estuvo contagiada y muy enferma. “En toda mi vida no había visto morir a tanta gente, y fue difícil porque el miedo saca lo peor y lo mejor de las personas, fue complicado y seguimos en esto. Los meses más difíciles fueron de abril al 13 de julio, porque ese día resulté positiva y tuve que retirarme”, contó Samayoa. La semana anterior a su diagnóstico otros miembros de su equipo habían dado positivo, pero ella no. Entonces se quedó hasta que ya era evidente que estaba enferma. Antes de irse dejó todo organizado.

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Se recluyó en su casa. Vive con sus hijos adolescentes, que resultaron negativos, y quienes se tuvieron que hacer cargo del manejo de la casa porque su esposo, que es neurocirujano, trabaja en el Petén y desde abril no puede viajar.

“Yo estaba muy cansada, no sabía si era la mezcla de que no había tomado ni un día de descanso, pero llegué a tener 88% de saturación (menos del mínimo) y decidí quedarme en casa, me pronaba yo sola (colocarse en posición de decúbito prono y ventilación, para facilitar la respiración), dormía, me pedían fotos del saturador cada día, costó que mi prueba diera positiva, estuve fuera 21 días”, narró. Toda la preparación previa de las autoridades del hospital, desde febrero, llegó a ser insuficiente.

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“Llegamos a tener pacientes sentados en bancas, esos fueron los momentos más difíciles, julio fue terrible porque las ambulancias llegaban y solo nos dejaban al paciente, aunque les decíamos que no teníamos espacio”, agregó la médica. El personal empezó a escasear, también. Les tocó a los especialistas hacer de todo, desde ingresos hasta cargar los cilindros de oxígeno, sacar sangre y limpiar colchonetas. “Cargábamos una llave de mecánico para poder cambiar los manómetros de los tambos, cosas que nunca pensamos que íbamos a hacer, llegamos a manejar 220 pacientes con la misma cantidad de médicos”, expresó. Por ahora empezó a bajar la cantidad de pacientes, pero tiene la preocupación de con la apertura en el país haya un aumento de casos.

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