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Fecha de publicación: 2020-09-16

Brisa Margarita Terezón, astrónoma salvadoreña guiada por el ‘lucero de la mañana’

Brisa dirige el primer observatorio astronómico de El Salvador y sueña con desarrollar las primeras escuelas científicas de formación profesional para los futuros astrónomos de su país.

Por Gabriela Melara – estrategiaynegocios.net

Sin acceso a un telescopio y guiada por su abuela, que le indicaba dónde iluminaba ‘el lucero de la mañana’, Brisa Margarita Terezón empezó a involucrarse en el mundo de la astronomía.

Los libros fueron sus primeros compañeros, los cuales alimentaban su curiosidad por conocer el Universo.

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Mi abuela fue determinante, fue mi compañera en las noches de observación. Ella alimentó en mí lo que yo llamo ‘astronomía de cuna’ porque me mostraba dónde estaba la Luna, me contaba las historias de cómo se conocían las estrellas, por ejemplo ‘el lucero de la mañana’, que claro, luego conocí que no era un lucero, si no que era el planeta Venus. Entonces, después, ya con el conocimiento, siempre salíamos (con la abuela) a las observaciones en la noche o madrugada y ya yo le explicaba qué es lo que estaba en el cielo”, recuerda con nostalgia.

Los agujeros negros supermasivos y conocer más sobre ellos fue lo que la impulsó a estudiar física y especializarse en astronomía.

Brisa supo aprovechar cada una de las oportunidades que la vida le presentó para conocer más sobre el Universo. “Recuerdo que todos los que sabían de mi pasión, siempre me decían dónde habían cursos, observaciones y así es como seguí en este recorrido”.

Uno de sus logros fue haber obtenido la oportunidad de estudiar y trabajar en el Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, donde conoció a la física hondureña María Cristina Pineda de Carías, una de las mujeres a las que admira, y quien unió a los centroamericanos astrónomos. “Ella comenzó a liderar este movimiento en Centroamérica y, ahora, somos varios los alumnos que aprovechamos esas oportunidades”.

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Su pasión por la astronomía la llevó a estudiar y especializarse fuera del país, donde regresó para ser la primera mujer en dirigir el también primer Observatorio Micro Macro (OMM) de la Universidad Don Bosco en El Salvador, un espacio equipado con el telescopio más potente de la región, un Ritchey-Chrétien, fabricado por Alluna Optics (Alemania) con un diámetro de 50 centímetros, así como telescopios secundarios, incluyendo uno por la observación del sol.

Invitó a ver el cielo ante el covid-19

Brisa, deseosa por compartir su conocimiento con los jóvenes estudiantes, ha visto suspendidos sus proyectos, junto con el OMM, ya que por la pandemia del covid-19 vio truncado el sueño de recibir en el Observatorio a estudiantes de centros educativos nacionales y público general, debido a que es importante mantener el distanciamiento físico.

La salvadoreña afirma que esta situación la llevó, junto a sus compañeros, a incentivar ver el cielo desde sus casas, vivir un momento de tranquilidad por la noche y que “esto los llenara de esperanza y crear una nueva realidad”.

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“En el tiempo de pandemia, invitamos a las personas a estar siempre pendientes de observar el cielo desde casa y aprovechando que están en familia. De alguna manera piensas de qué manera se puede seguir haciendo las actividades y comenzamos por incentivar el uso de aplicaciones para celulares que simulan el cielo y facilitan la ubicación de las estrellas y planetas a simple vista. También nos iniciamos con programas en vivo para interactuar con las personas apasionadas por conocer los misterios del Universo”, detalla.

Para Brisa, el camino para las mujeres en este ámbito ya está abierto, ahora solo falta aprovechar las oportunidades y concluir sus formaciones, que por el momento solamente se pueden tomar fuera del país, debido a que no hay universidades que ofrezcan estas carreras. “Desde el OMM vamos a contribuir a formar profesionales”.

Reconoce que uno de los detonantes que la llevó a romper límites en su país, fue deseo aportar para propiciar crecimiento para las futuras generaciones.

“Sueño con desarrollar las primeras escuelas científicas para niños y niñas y las escuelas científicas para jóvenes astrónomos en El Salvador. Establecer la línea de formación profesional para los futuros astrónomos de nuestro país”, indicaba.

Actualmente, trabaja en los protocolos para abrir el observatorio y también ve, junto a una colega que ha estudiado arqueología, la posibilidad de llevar a cabo una investigación en arqueoastronomía, “con el que se haría un gran aporte a nuestro país”.

Como colaboradora en el Observatorio Micro Macro, organiza y planifica, junto al equipo de técnico de comunicaciones del observatorio y los miembros de la asociación de astronomía, las actividades de divulgación y formación en el área de astronomía y microscopía, además de orientar la formación de los miembros de la asociación de astronomía de la Universidad Don Bosco.

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