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Fecha de publicación: 2021-11-16
Corporate meeting and group work in modern company in office interior. African american woman manager in protective mask holding tablet, talking to workers keeping social distance during epidemic

¿Cuánto creció la desigualdad en América Latina entre 2019 y 2020?

La pandemia de COVID-19 estremeció al mercado laboral de las mujeres en mayor medida que el de los hombres. No solo aumentó el desempleo femenino, sino que se perdieron por completo puestos de trabajo en sectores claves de participación, como los servicios, el comercio y el turismo.

Por Gabriela Origlia, E&N

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el futuro próximo, las desigualdades entre mujeres y hombres en el mundo del trabajo agudizadas por la pandemia de COVID-19 persistirán. Aunque el crecimiento previsto de la ocupación femenina supera al de los hombres, no alcanzará para devolver los niveles prepandemia, lo que sí pasaría con el segmento masculino.

A nivel mundial, este año solamente el 43,2% de las mujeres en edad de trabajar estarán empleadas, frente al 68,6% de los hombres de ese segmento. Según la reseña de la organización “Avanzar en la reconstrucción con más equidad: Los derechos de las mujeres al trabajo y en el trabajo, están en el centro de la recuperación de la COVID-19”, ellas sufrieron una pérdida de empleo e ingresos “desproporcionada” que se explica por su fuerte presencia en los sectores más afectados por la pandemia, como los servicios de alojamiento, de comidas y el sector manufacturero.

Entre 2019 y 2020, el empleo de las mujeres cayó 4,2% a escala global, el equivalente a 54 millones de puestos de trabajo, mientras que el de los hombres se redujo 3%, es decir 60 millones de puestos de trabajo. No todas las regiones fueron impactadas de la mis- ma manera. La región de las Américas experimentó la mayor pérdida de empleo femenino a consecuencia de la pandemia (9,4%). En los Estados Árabes, bajó 4,1%; en Asia y el Pacífico, la crisis de la pandemia provocó una disminución del empleo femenino del 3,8% y en Europa y Asia Central, 2,5%.

La crisis “exacerbó” las brechas de género en los mercados de trabajo de la región: “Hemos retrocedido más de una década en un año y ahora necesitamos recuperar esos empleos y pisar el acelerador de la igualdad de género”, describió el director de OIT para América Latina y el Caribe, Vinícius Pinheiro, a comienzos de 2021. Planteó que han surgido “nuevas dimensiones que ensanchan las brechas”.

En entrevista con E&N, María Arteta, especialista en Género y No Discriminación de la Oficina de OIT para América Central, Haití, Panamá y República Dominicana, coincidió en que hay un riesgo “importante” de perder el avance que habían experimentado las mujeres durante los últimos años en el mercado de trabajo como consecuencia de la pandemia”. En esa línea, repasa que América Latina es la región del mundo que registró la mayor reducción del empleo por el COVID-19 —26 millones de personas—, con un “mayor impacto” en las mujeres, cuya participación del 48,6% en el mercado de trabajo se convirtió en la tasa más baja de los últimos 15 años.

La experta subraya que ya antes de la pandemia existían brechas estructurales entre hombres y mujeres en el mercado laboral tanto de participación como de calidad del empleo y de remuneración: ellas están sobrerrepresentadas en el sector informal, tienen tasas de desempleo más altas que los hombres y su pago equivalía al 85% de la de los hombres.

Esas diferencias son aún “más importantes” para Centroamérica y México que para América Latina y el Caribe (ALC). Por ejemplo, la de participación de mujeres adultas es de 32% en las primeras regiones y en ALC es de 25%, con la excepción de Panamá donde la brecha es de 24%.

Otro aspecto que analiza Arteta es que existe una segregación ocupacional horizontal y vertical; las mujeres se concentran en los sectores de comercio, restaurantes, hoteles, servicio doméstico, salud y educación. Participan en sectores menos productivos muchos altamente feminizados y de muy baja remuneración como el trabajo doméstico.

En ese sector, el segmento remunerado en 2019 era el 5,1% del empleo total de América Latina, casi en su totalidad mujeres que reciben 44,7% del ingreso promedio de otros trabajadores. Por ejemplo, dice Arteta, “si lográramos hacer cumplir el salario mínimo por ley de las trabajadoras domésticas remuneradas, reduciríamos la brecha salarial promedio entre hombres y mujeres en la región”. Hay una baja participación de las mujeres en Ciencia, Tecnología, Ingeniera y Matemáticas (STEM por sus siglas en inglés), las que están en los sectores más productivos de la economía y, por lo tanto, reciben una mejor remuneración en un mundo cada vez más digitalizado y automatizado.

La segregación vertical es la que marca que las mujeres tienen menos posibilidad de tener puestos de altas jefatura y decisión. “Tienen menos posibilidad de dirigir una empresa de gran tamaño”, sintetiza Arteta.

PRE Y POST PANDEMIA

Un documento de la CEPAL sobre la autonomía económica de las mujeres en la recuperación pospandemia señala que el año pasado se registró una “contundente salida” de mujeres de la fuerza laboral, quienes, por tener que atender las demandas de cuidados en sus hogares, no retomaron la búsqueda de empleo.

Su tasa de participación laboral (las que buscan trabajo) se situó en 46% en 2020, seis puntos por debajo que en 2019, cuando 52% de las mujeres en América Latina y el Caribe estaba trabajando o buscando trabajo. La de los hombres también cayó, pero sigue siendo significativamente mayor incluso que en niveles pre pandemia: 69%.

Arteta menciona que es “interesante y preocupante” detectar que, en la última década, el ritmo en que se venía reduciendo la brecha de participación entre hombres y mujeres se desaceleró: “Aún sin pandemia tomaría décadas antes de llegar a la paridad de participación”.

Sin embargo, reconoce el impacto de los logros educativos de las mujeres en la región ya que continúan mejorando y eso les da mayor probabilidad de participar en el mercado de trabajo. Mientras la brecha de participación de las mujeres con primaria incompleta se mantuvo estable los últimos años, evolucionó para las más avanzadas. “Hay cada vez más mujeres profesionales en el sector público y privado, aun en las profesiones STEM. En los rangos medios de ingreso la brecha salarial entre hombres y mujeres se reduce”, apunta la especialista.

Más allá de los problemas que ya se acarreaban antes de la irrupción del COVID-19, es innegable que la pandemia y las cuarentenas generaron mayor daño en el mundo laboral de las mujeres que en el de los hombres. La contracción fue más intensa en el empleo femenino, 18% versus 14% en el masculino entre el primer y segundo trimestre de 2020.

MUJERES JÓVENES: MÁS DESEMPLEADAS

Arteta señala que el panorama resulta “más complejo” cuando se combina la dimensión de edad con la de género ya que las mujeres jóvenes son las que más pérdida de ocupaciones registraron en esta crisis.

No sólo se produjo más desempleo sino una salida “sin precedentes” de la fuerza de trabajo. Las razones de estos fenómenos son varias: una mayor presencia femenina en sectores económicos fuertemente afectados por esta crisis —en particular el sector servicios y el sector comercio—turismo, trabajo doméstico y, una tasa más alta de informalidad entre las mujeres, en un contexto en donde los puestos informales se contrajeron más que los formales.

Son varios los sectores feminizados de la economía que tienen elevadas tasas de informalidad, al igual que las micro y pequeñas empresas, que es donde hay una buena proporción de mujeres trabajadoras. La experta recomienda no minimizar la creciente dificultad para conciliar el trabajo remunerado con las responsabilidades familiares y de cuidado durante los confinamientos y cierre de las escuelas.

Pide también tomar en cuenta que las mujeres representan entre el 61% y el 76% de los trabajadores de la salud en la región y que la pandemia tuvo un gran impacto en la región ya que tenían un alto riesgo de contagio y tuvieron largas jornadas muy estresantes.

Otro elemento a no perder de vista es el impacto de la pandemia en acelerar la digitalización del comercio y otras actividades, ya que también hay una brecha digital entre hombres y mujeres que es necesario cerrar. Estas tendencias pueden tener un impacto en el empleo femenino a largo plazo.

Aunque la posibilidad de teletrabajo se ha visto como una oportunidad de conciliar el trabajo y familia y, por lo tanto, como una chance para las mujeres, “hay que asegurar que el teletrabajo no represente una sobrecarga para las mujeres que continúan siendo responsables del cuidado y educación de sus hijos e hijas. Debe haber un esfuerzo por asegurar un teletrabajo que reconoce la necesidad de conciliar tanto para hombres como para mujeres”, añade Arteta.

CÓMO AVANZAR

La reactivación de las economías de América Latina y el Caribe aún es insuficiente para recuperar los empleos perdidos durante la pandemia y presentan un mercado de trabajo caracterizado por una elevada tasa de desocupación y un fuerte predominio de las ocupaciones informales.

La OIT estima que alrededor del 70% de los puestos de trabajo generados en los últimos meses en un grupo de países latinoamericanos son informales. Desde el segundo trimestre de 2020 y hasta el primer trimestre de este año se recuperó el 58% del total del empleo femenino perdido durante el primer semestre de 2020 en la región. En el caso del empleo masculino, este valor asciende al 77%.

La institución insiste en que para “construir un futuro más justo” hay que situar la igualdad de género como esencia del esfuerzo de recuperación y poner en marcha estrategias que tengan en cuenta el género. Esto incluye, entre otros ítems, invertir en la economía del cuidado, sobre todo salud, asistencia social y educación; trabajar por el acceso universal a una protección social integral, adecuada y sostenible para todos; promover la igualdad de remuneración por un trabajo de igual valor; y una mayor participación de las mujeres en los órganos de decisión. Suma que hay que erra- dicar la violencia y el acoso del mundo del trabajo. La violencia doméstica y la violencia y el acoso por razón de género relacionados con el trabajo empeoraron con la pandemia y han socavado aún más la capacidad de las mujeres para participar en el empleo remunerado.

Arteta describe que en el centro de las brechas entre hombres y mujeres se encuentra el trabajo de cuidado no remunerado. La actual distribución de las responsabilidades de los cuidados es sumamente desequilibrada. En la región las mujeres realizan 76,4% de las tareas domésticas no remuneradas y aquellas que se quieren incorporar al mundo laboral tienen que resolver cómo conciliar su responsabilidad de cuidado con las laborales fuera de la casa. “Trabajan menos horas, están dispuestas a trabajar en informalidad y a recibir menos paga por tener más flexibilidad”, concluye.

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