Centroamerica-inspira
2022-03-14

Patricia Belli busca provocar y hacer reflexionar a Nicaragua desde el arte

Precurso del arte contemporáneo en Nicaragua y en Centroamérica, con su propia experimentación y a través de Espira y sus programas de residencia.

Por Roberto Fonseca L.

En 1989, el jurado internacional de la II Bienal de Pintura Nicaragüense Ortiz Gurdian estremeció al mundo cultural en el país, al seleccionar como ganadora del Primer Lugar la obra “Vuelo Difícil”, Mixta (óleo/electrografía sobre tela), de la artista Patricia Belli (Granada, 1964).

La pieza artística, de 170 x 41 centímetros, está compuesta por un vestido sobre un bastidor y pintado con retratos familiares y de amigos.

“Yo estaba preparándome para viajar y estudiar una Maestría en Bellas Artes, en el Instituto de Arte de San Francisco, California, y la obra representa el peso que hace difícil irse, el apego, por eso su nombre”, refiere Belli a E&N.La selección del jurado internacional, sobre un total de 180 obras concursantes, irritó profundamente a un grupo de artistas plásticos concursantes -entre ellos verdaderos vacas sagradas- que cuestionó y rechazó la decisión del jurado internacional integrado por Celia Bribragher (Colombia), Jana Gazala (España) y Vivian Pfeiffer (Argentina). Sin embargo, la presidenta de la Fundación Ortiz Gurdian, promotora de la II Bienal, respondió sabiamente a las críticas. “... el fallo del jurado cuestionó, y podríamos afirmar, removió la conciencia de la plástica nacional, la Fundación considera que esta Bienal se ha convertido en un factor de cambio en el contexto nicaragüense”, señaló Patricia Gurdian de Ortiz y agregó, “nada quedará igual después de esta sacudida”.

Patricia Belli busca provocar y hacer reflexionar a Nicaragua desde el arte

Belli partió hacia San Francisco y al regresar impulsó círculos de reflexión, de diálogo y de experimentación artística, que derivaron en una iniciativa cultural denominada EspIRA, que con el apoyo de la cooperación internacional organizó programas de residencia anuales de artistas de la región, quienes por espacio de tres o cuatro años, se enriquecían culturalmente y trabajaban en sus proyectos artísticos.

“El propósito de EspIRA era promover reflexiones profundas, que los llevaran a ideas propias, a partir de experiencias personales. Fueron varias generaciones de artistas de todos los países centroamericanos, que hicieron su residencia. Gente bien formada, artistas con gran cantidad de recursos, de ahí el aporte que hizo al arte contemporáneo, y que continúa brindando frutos”, refiere.

“Nuestro interés era volver el arte más reflexivo, más proactivo, más refrescante y a la vez, más arriesgado”, agrega.Con el tiempo, Belli dejó la dirección de EspIRA y volvió a su taller de creación, desde donde ha fortalecido su experimentación y su búsqueda en el arte contemporáneo. Descubrió una gran pasión por el uso de materiales. Entre sus exposiciones individuales están: Muñecas de trapo, Parejas de carne y Equilibrio y colapso, entre muchas más. La última es un homenaje a más de 30 años de creación y trayectoria. “El arte contemporáneo exige del público que interactúe, que sea proactivo que se acerque a la obra con una actitud abierta”, reflexiona.

Patricia Belli busca provocar y hacer reflexionar a Nicaragua desde el arte

Su pasión por el arte contemporáneo

Actualmente trabaja en una obra cuya eje es la muerte, el olvido y los detalles que se pierden.A inicios de los años 80, Patricia Belli partió a la Universidad de Loyola, en New Orleans, EE.UU., para cursar la carrera de Medicina, pero pronto descubrió que no era su vocación, y se encaminó hacia Artes visuales. Regresó a una Nicaragua donde el proceso de la revolución sandinista enfrentaba su etapa más crítica: la de la guerra civil, la lucha armada entre sandinistas y contras.

En los años 90, tras la derrota del sandinismo en las urnas, ella y otros artistas buscaron otros caminos artisticos. Esa experiencia dio pie hacia su incursión en el arte contemporáneo, en el que empezó a dar pasos más personales y más arriesgados hacia nuevas formas y contenidos.

“Las obras tienen diferentes capas de interacción, que buscan deleitar con la emoción que provocan. El mayor signo del éxito de un artista es que el público sienta la obra y lo mueva a una reflexión”, dice. Uno de los ejes de su trabajo artístico es la violencia, que el ser humano ejerce sobre otros por asuntos de género, políticos, raciales o por el ejercicio del poder. Una obra alusiva a ese eje es Porfiadas. “Expresa la violencia intrínseca de los seres humanos, y en el caso de nuestro país y de nuestra historia, el poco éxito como sociedad, que hemos tenido para controlarla y para canalizarla”, concluye Belli.

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