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Fecha de publicación: 2015-05-12
Una gran oportunidad profesional; incluso “LA” oportunidad profesional sin parangón… se ha convertido en una situación desmotivadora y desesperanzadora. Pasa en todas las profesiones. (Foto: zimbio.com).

Keylor Navas y la oportunidad profesional

Medios españoles dan por cerrado el acuerdo entre Real Madrid y Manchester United por De Gea, que relegaría al tico al ostracismo. El equipo blanco quiere que Navas sea moneda de cambio en el traspaso, valorado en unos 35 millones de euros. El sábado Keylor hizo un gran partido y el estadio coreó su nombre. La oportunidad profesional, el sueño, puede terminar truncado en cualquier profesión.

Por: Julieta París*

Hace algo más de un año, uno de los futbolistas más destacados de Centroamérica –el costarricense Keylor Navas– anunciaba su fichaje por uno de los que consideramos los mejores equipos del mundo: el Real Madrid.

Su brillante participación en el Mundial de Brasil hizo que uno de los equipos con más hambre por los mejores jugadores del mundo, se fijara en jugador sencillo pero rotundo, en un portero discreto y humilde, al que se llevó a un fútbol “galáctico” “blanco” y muy ambicioso.

El contrato, de cláusula millonaria, le unía al club blanco por seis temporadas. Puedo imaginar su ilusión, la certeza de un sueño cumplido. La abrumadora sensación de pasar de la discreción de un país que celebra la Pura Vida a ubicarse debajo de los palos del Santiago Bernabeu y de las porterías de una de las mejores ligas del mundo, la española.

Así se vio la presentación de Navas en el estadio Santiago Bernabéu:

Hoy, a punto de acabar su primera temporada en el “gran equipo”, las cosas han cambiado, y puedo imaginar su decepción, su desencanto, su desmotivación, su desilusión y usando un término muy psicológico: su indefensión.

La indefensión (exactamente la “indefensión aprendida”) es un concepto que usamos los psicólogos para referirnos a la falta de motivación, de esperanza, de ilusión, de alguien que ha “aprendido” que haga lo que haga, las cosas no saldrán como él desea. Digamos que es el aprendizaje de que no tienes control sobre lo que te sucede, de estar viviendo una situación que no te conviene, pero no puedes hacer nada para salir de ella.

El problema de la indefensión es que deja una huella emocional que perdura durante mucho tiempo, incluso aunque las circunstancias cambien y soplen de nuevo a nuestro favor.

Lo que llama la atención en este caso, es precisamente el hecho de que una gran oportunidad profesional; incluso “LA” oportunidad profesional sin parangón… se ha convertido en una situación desmotivadora y desesperanzadora.

Pensemos un momento: Imagina que un día, mientras estás trabajando, tratando de sacar tu trabajo con el mayor rendimiento posible, recibes una llamada de un headhunter que te comunica que la mayor, la mejor y más importante empresa de tu gremio está interesada en ficharte. No es que quieran “conocerte”, o entrevistarte y tenerte en prueba un tiempo, No. Lo que quieren es ficharte. Te ofrecen más dinero del que pensaste que jamás te pagarían por dedicarte a lo que más te gusta. Tu status profesional sube tantos puntos que ya tu nombre se convertirá en una marca profesional. Pasas de ser un “trabajador” a ser un reclamo. Y aceptas. Claro que aceptas.

Ahora imaginemos que ha pasado casi un año desde esa misma llamada. Te ficharon. Formas parte de la mejor empresa de lo tuyo. Tu nómina se ha multiplicado. Tu eres una marca, por lo que además de obtener ingresos por lo tuyo hay quien te paga por lo que haces fuera de tu trabajo (la publicidad, ya sabes…) PERO (y este es el pero más importante que leerás en este artículo…) no trabajas de lo tuyo. Estás ahí, cómo un figurante, pero ya no aprendes. Ya no disfrutas con lo que haces. Ya no hay pasión.

No hablamos de la adaptación hedonista, o lo rápido que nos adaptamos a las cosas buenas que nos suceden en la vida. De lo que estamos hablando es de infelicidad pura y dura. De no disfrutar con lo que antes me realizaba. De no sentir bienestar en lo que hasta no hace tanto era mi “misión”, mi sentido. Pero, ¿Por qué sucede esto? ¿Es acaso Keylor Navas un futbolista caprichoso que está enfadado porque no sale al campo todo lo que quisiera? Pues evidentemente no.

La cuestión aquí es que confluyen dos cosas que suceden tanto en el deporte como en la empresa, y que parecen no haberse tenido en cuenta:

- Mentalidad Individual vs. Mentalidad de Equipo

- Motivación de Logro vs. Motivación de Poder

En el primer caso, parece que se ha dado por hecho que por el hecho de formar parte de un equipo como el Real Madrid ya debería estar contento. Pasa en muchos deportes colectivos el hecho de que un jugador no juegue ni un solo minuto, pero al que se le da el mismo mérito que su equipo. (por ejemplo, jugadores “Campeones del Mundo” de fútbol que no jugaron ni un solo minuto con su país, puesto que fueron suplentes todo el tiempo). Esto, en deportes individuales es implanteable. Del mismo modo que el esfuerzo que hay detrás del éxito de un trabajador autónomo no siempre es comparable al esfuerzo para el éxito de los trabajadores de una empresa.

Esto engancha con el siguiente punto, y es que hay personas que se realizan en el poder y obteniendo poder a costa de lo que sea, y otras que para realizarse lo que necesitan es sentir que han trabajado bien. Es decir, hay personas que prefieren tener éxito antes que trabajar bien, y otras que prefieren trabajar bien independientemente de que tengan éxito. O dicho de otro modo, hay quien prefiere ser cabeza de ratón, mientras que otros luchan por ser cola de león.

En el caso de Keylor Navas, nos encontramos a un deportista con unos valores tan honestos, que sin ninguna duda transmite que prefiere menos prestigio pero más juego. Eso es honestidad: plantear un equilibrio entre mi motivación intrínseca (por qué hago lo que hago) y extrínseca (las consecuencias sociales, o económicas de hacer lo que hago…) Entre la necesidad de un juego individual, con uno colectivo.

Esto es algo que sucede cada día en nuestras empresas. Paremos y observemos a nuestros “jugadores”: ¿Se sienten a gusto? ¿Se sienten realizados? ¿Tienen equilibradas sus motivaciones intrínsecas y extrínsecas? No hablo de “empresas felices” independientemente de su rendimiento. Hablo de empresas motivadas porque se componen de trabajadores motivados.

Para conseguirlo, debemos ver al individuo dentro del equipo. Y nunca dar por hecho que trabajar en la mejor empresa del mundo, es lo mejor que nos pueda pasar. Lo Mejor para unos no es lo mismo que lo mejor para todos.

*Psicóloga del Deporte. Antropóloga. Directora del Master en Alto Rendimiento y Coaching Deportivo del Instituto Superior de Estudios Psicológicos (España). Ha participado como psicóloga del deporte en diferentes Campeonatos del Mundo de Atletismo y Juegos Olímpicos (Beijing 2008).

@JuliettaParis

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