Empresas & Management
2022-01-20

Industria petrolera de Venezuela, un gigante en ruinas en infraestructura

Una decena de pozos con tuberías oxidadas, piezas desprendidas y escaleras desvencijadas que no conducen a ninguna parte: es todo lo que queda en uno de los campos petroleros que durante décadas hizo de Venezuela uno de los países más ricos del continente.

Por AFP

Este yacimiento, ubicado en el Lago de Maracaibo (estado Zulia, oeste), región de altas temperaturas y sol perenne donde nació la industria petrolera venezolana hace más de un siglo, lleva años abandonado, símbolo de la decadencia de esta otrora potencia.

De 3.2 millones de barriles por día (bd) que extraía hace 13 años, Venezuela cerró 2020 en 500.000 bd, su peor desempeño en décadas. Y aunque en diciembre de 2021 superó el millón de barriles diarios, aún no llega a los 1.5 millones que prometió el presidente Nicolás Maduro, en medio de una crisis sin precedentes que ha llevado el PIB per cápita al nivel del empobrecido Haití. "PDVSA se convirtió prácticamente en un partido político" y todo se vino abajo, señaló".

Experto petrolero

Corrupción, decisiones erráticas, falta de mantenimiento, sanciones financieras de Estados Unidos -que fue el principal comprador del petróleo venezolano-, incremento en los costos de producción y envejecimiento de pozos, explican el actual estado de la industria.

Por las noches, muchos navegantes se guiaban por las luces de estaciones en el sur del Lago, que parecían una ciudad flotante, siempre frecuentada por personal de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). Ahora, este lugar conocido como las ‘Siete planchadas’, es un paisaje fantasmal y solitario donde el olor a hidrocarburos impregna el aire húmedo.

Pese a lo peligroso que es subirse a esas plataformas, las han ido desvalijando poco a poco. "Ni loco me subiría, eso puede explotar por los gases", señala un pescador de la zona que pidió no identificarse.

Los sindicatos y los líderes de la oposición denuncian con frecuencia los accidentes en la industria, pero el gobierno habla de "sabotaje" y de "acciones criminales" que forman parte de una "guerra permanente dirigida por grupos pertenecientes a la extrema derecha venezolana (...) amparados por el imperialismo" de Estados Unidos.

La situación contrasta con la prosperidad de la industria en los años 70, cuando el petróleo fue nacionalizado y el país entró en la etapa popularmente conocida como "la Venezuela saudí." PDVSA tuvo el monopolio del crudo hasta la llamada "apertura petrolera" en la década de 1990, que dio la bienvenida a empresas extranjeras. Esa liberación del mercado se vio limitada con la llegada al poder de Hugo Chávez (1999-2013), quien impuso a las transnacionales asociarse, en minoría accionaria, con PDVSA.

Son esas "empresas mixtas" las que producen hoy en Venezuela, sobre todo en el este del país, un polo de producción que se recupera paulatinamente. Sin embargo allí, cuadrillas de trabajadores suelen recoger crudo derramado entre pastizales de haciendas y ríos. Trabajadores de PDVSA hablaron con la AFP usando nombres ficticios por temor a represalias.

La empresa no respondió a los pedidos para una entrevista sobre la situación de su infraestructura. Tenía poco de haber cumplido 18 años cuando Carlos, hoy de 32, entró a trabajar en PDVSA.

La industria recién superaba un paro petrolero que se prolongó entre diciembre de 2002 y marzo de 2003, llevando a un descenso histórico de la producción que se ubicó entonces en 25.000 barriles por día.

Chávez denunció la paralización como un "sabotaje petrolero" y despidió a directivos y a miles de empleados, para contratar a personas "leales con la Revolución", aunque no necesariamente formados para trabajar en la industria. PDVSA se convirtió así en "la vaca lechera del Estado", con "fieles servidores" dejando de lado las necesidades de la empresa, según expertos.

El paro fue la oportunidad de Carlos para entrar en la nómina de la estatal en una época donde los cargos eran muy codiciados por las atractivas condiciones que ofrecían. Carlos vivió las mieles de la industria, pero luego "PDVSA se convirtió prácticamente en un partido político" y todo se vino abajo, señaló. La malversación de fondos y las expropiaciones de contratistas petroleras hirieron mortalmente a la industria, subraya el técnico petrolero.

En Zulia, por ejemplo, fueron expropiadas unas 70 empresas de servicios desde 2009, según expertos en el sector. Contratistas que fabricaban estaciones petroleras en el Lago, ejecutaban mantenimientos de pozos y trasladaban a personal a instalaciones marítimas, pasaron a control de PDVSA.

"Con las expropiaciones llegó la falta de mantenimiento y (la) desmotivación de los trabajadores" que vieron caer sus salarios, resume Carlos. María contempló desconcertada los efectos de estas expropiaciones y de la corrupción.

La última vez que visitó un muelle en el Lago de Maracaibo había lanchas varadas, un cementerio de buses destartalados y trabajadores sentados leyendo el periódico. "Se me salieron las lágrimas", recuerda esta analista en computación con casi 20 años de servicio en la empresa.

"Sentí mucho dolor", relata a la AFP sobre la escena que según recuerda data de 2016, cuando la mitad de los 34.000 pozos en capacidad de producir ya estaban paralizados. Considera que la politización fue causa crucial en el hundimiento de la estatal petrolera.

"Designar a personas por política afectó muchísimo la producción. Se comenzó a hacer de lado drásticamente al personal con experiencia, la meritocracia desapareció", reflexiona. En 2017, las autoridades lanzaron una amplia operación contra la corrupción en el seno de PDSVA, dirigida a exdirectivos del grupo petrolero estatal, incluido su expresidente Rafael Ramírez. "Se apoderan de los recursos públicos y buscan de manera ilícita legalizar estos capitales", comentó entonces el fiscal general Tarek William Saab.

"Hay corrupción vieja y corrupción nueva", observa Carlos Mendoza Pottellá, experto petrolero que apunta que ya desde la década de los 80 se sabía de compras irregulares y otros malos manejos en PDVSA.

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