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Fecha de publicación: 2021-01-19
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Teletrabajo llegó para quedarse en la era post-covid

Las empresas de la región deben enfocarse en productos y servicios más rentables y claves para sus clientes, así como transformarse en organizaciones más resilientes, plantea Deloitte Latinoamérica.

Por Roberto Fonseca – estrategiaynegocios.net

Antes de la pandemia de la COVID-19, el 57% de las organizaciones asociadas a las Cámaras de Comercio Americana (AMCHAM), en la sub región de CAFTA-DR, no tenían teletrabajo.

Sin embargo, durante la crisis sanitaria, el 76% de las mismas lo han adoptado y entre 50% a 100% de la fuerza laboral se ha involucrado en esta modalidad, reveló Sofía Calderón, especialista de Deloitte Latinoamérica.

Explicó que estos hallazgos son parte de un estudio que cubrió a 81 empresas de la sub región CAFTA-DR asociadas a AMCHAM, y que se realizó entre los meses de julio y septiembre del presente año, predominando las organizaciones de Costa Rica y de República Dominicana. Durante el webcast regional titulado Impulsando la etapa de recuperación: Entrelazando ideas para una activación efectiva, Calderón aseguró que otro hallazgo del estudio evidencia que el 59% de las organizaciones asegura tener un “alto interés” en mantener la fuerza de trabajo en un esquema híbrido, que alterna las modalidades de teletrabajo y presencial.

Entre las áreas de trabajo, que con mayor seguridad se podrán mantener bajo la modalidad de teletrabajo durante la etapa de recuperación y posterior a ésta, se mencionan Mercadeo, Finanzas y Tecnología, las cuales son parte de la fuerza laboral Administrativa.

“El modelo híbrido llegó para quedarse, en el que estamos parcialmente en la oficina y trabajando en casa. Hoy en día sabemos que los niveles de compromiso más altos se ven entre aquellos colaboradores que trabajan 60%-80% de su tiempo en forma remota”, indicó Calderón.

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La especialista de Deloitte agregó que bajo esa realidad laboral, las organizaciones están repensando sobre el bienestar del capital humano.

Con ese propósito, 86% ha establecido flexibilidad en horarios y rutinas, 59% proporcionó equipos de oficina para los hogares en calidad de préstamo, 46% impulsa terapias psicológicas para sus colaboradores y; 31% ha otorgado bono o soporte financiero para equipar el espacio físico digital en el hogar de sus colaboradores, entre otros.

Agregó que el estudio también confirmó que la pandemia de la COVID-19 impactó al 80% de las empresas afiliadas a las AMCHAM de Centroamérica y de República Dominicana, en una dimensión que varía desde “medio” hasta “muy alto”, sin embargo, el 75% de las organizaciones han logrado un propósito común y avanzar en resiliencia en la etapa de recuperación.

Entre las medidas que han adoptado para responder a la afectación económica provocada por la crisis sanitaria, están: iniciativas de negocio buscando eficiencia y optimización (25%), adopción o actualización de las estrategias de comercialización digital (23%), búsqueda de apoyo financiero para solventar la situación (23%), transformación o rediseño de sus productos o servicios (14%) y reformulación de la cadena de suministros (9%) ente otros.

“El 70% de las organizaciones encuestadas está gestando cambios en su diseño organizacional y 38% apuesta a estructuras más planas, flexibles y ágiles”, agregó.

Entre las acciones que están desarrollando en la arquitectura organizacional producto de la pandemia, están: modificación de tareas en puestos (49%), disminución de jornada (42%), migración de personal a otras funciones (37%), reducción de planilla (27%), cambios en el diseño organizacional (26%) y; automatización de funciones (25%), entre otras.

Etapas que se perfilan

Por su parte Alfredo Gómez, de Deloitte, identificó tres etapas para que las organizaciones respondan a la crisis y se transformen y las enumeró así: Responder, Recuperarse y Prosperar.

En su opinión, ya se superó la primera etapa, al reaccionar al nuevo entorno de la crisis sanitaria y a la continuidad del negocio en ese contexto complejo. La segunda etapa consiste en “Identificar oportunidades para gestar una transformación”, bajo la visión de “Aprender y resurgir más fuertes”.

Entre las acciones sugeridas están: reflexionar sobre las lecciones aprendidas, repensar la estrategia y el modelo operativo, entender y reconfigurar el regreso de la fuerza laboral, ejecutar planes de crecimiento, colaborar con proveedores y clientes y procurar una organización resiliente.

En el caso de la tercera etapa, Gómez expuso que consiste en “desarrollar un plan de acción hacia el futuro, alineado a la visión y estado de la compañía”, bajo la visión de “prepararse para un ciclo de cambios constantes y procurar la adaptabilidad”.

Entre las acciones a impulsar en la etapa de Prosperar están: realizar evaluaciones de vulnerabilidades, rediseñar el plan de negocios considerando la “nueva normalidad”, cuestionar la arquitectura organizacional y rediseñar itinerantemente, construir escenarios para tomar decisiones, reestructurar la cadena de suministro e implementar soluciones digitales para el negocio del futuro.

“Las empresas deben enfocarse en productos y servicios claves. Ya no tendremos el mismo portafolio de productos y servicios complementarios, que tal vez no eran tan rentables. Hay que enfocarse en aquellos que son claves para nuestros clientes y que nos dejan mayores ingresos. Utilizando nuevas plataformas y canales de venta. El foco en esta etapa de Prosperar es crear organizaciones resilientes”, concluyó Gómez, especialista de Deloitte Latinoamérica.

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