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Fecha de publicación: 2020-11-20
Lo que empezó como un pequeño almacén de productos variados, la mayoría importados de Europa, en el Centro de San Salvador, se convirtió en la mayor droguería de El Salvador y una de las tres más importantes distribuidoras de productos de consumo masivo. Foto Don Carlos Imberton, Don León Imberton y Don Jorge Imberton / cortesía.
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La salvadoreña C. Imberton logra el hito de su primer centenario

La compañía es protagonista en el sector de consumo masivo en El Salvador donde abastece a una red de 25.000 tiendas de barrio, dos cadenas de supermercados y 500 mayoristas, con marcas líderes en una economía donde el consumo representa el 88 % del PIB.

Por Gabriela Melara – estrategiaynegocios.net

El Almacén C. Imberton y Co., fundado en 1920, se ubicó en el portal de Occidente, frente a la Plaza Libertad en el Centro Histórico de San Salvador. De acuerdo con Carlos Imberton es probable que algunos aún lo recuerden con el nombre “Ipana”.

El empresario pertenece a la tercera generación de una familia de descendencia francesa que se instaló en El Salvador en los años 1800 y que ahora maneja a la principal droguería del país y a una de las tres mayores compañías distribuidoras de productos de consumo en una economía que se sustenta en ello: El consumo.

FOTOGALERÍA: En estas imágenes se cuenta un poco de la historia de la centenaria C- Imberton

“Nosotros como familia, somos muy optimistas, siempre hemos creído en El Salvador y seguimos invirtiendo en este país que nos vio nacer y tenemos el compromiso de aportar a su desarrollo”, destaca Carlos Imberton, quien ahora dirige al negocio familiar en el primer centenario.

La exportación a Francia de bálsamo, café y añil, permitieron a los hermanos franceses León y Jorge Imberton, tener la visión de expandir el negocio y brindar a los salvadoreños, en su propio almacén, productos importados desde Europa.

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“Es curioso, porque tanto se vendía en aquel momento la pasta dental “Ipana”, de Bristol Myers, y por el rótulo que el almacén tenía de este producto en su vitrina y cómo se exhibía, muchos decían ‘andá al almacén Ipana’, refiriéndose al Almacén Imberton”, comenta Carlos.

Evolución

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Tras cerrar el negocio de las exportaciones, se reforzó el de importaciones, primero para alimentar a almacén general, donde se vendían juguetes, chocolates, artículos de ferretería, telas y perfumería francesa.

El negocio evolucionó y entre 1970-1980 se convertirse en un punto de distribución de productos de consumo masivo, pero también farmacéutico, que se quedan como giro del negocio, hasta hoy, pero a una escala muchas veces mayor.

A 100 años de su fundación, C. Imberton cuenta con dos divisiones; la farmacéutica, del cual es líder en el mercado salvadoreño y la de productos de consumo masivo, donde también es uno de los jugadores más importante en el país, legado que fue forjado por Carlos Federico Imberton Palomo, basado en el conocimiento de su padre y el cual heredó a su hijo, Carlos actual timonel del negocio.

Imberton Palomo fue quien introdujo al mercado salvadoreño una de las marcas más longevas del portafolio de la compañía, el antiácido Alka-Seltzer.

“Con el ingreso de mi padre, la empresa se fue orientando hacia la distribución, pero su oportunidad más grande fue en 1940, cuando un agente viajero se acercó, luego de una plática de introducción, le preguntó ‘¿Don Carlos y a usted no le interesaría distribuir Alka-Seltzer?’, entonces, mi padre, que ya conocía el producto, porque estaba en El Salvador, pero estaba con poco volumen de distribución, dijo ‘por su puesto’. Eso crea una relación que dura hasta esta fecha, pese a que el laboratorio de ese momento fue adquirido por Bayer y sigue siendo de ellos, Alka-Seltzer sigue estando dentro de nuestro portafolio, con mucho orgullo, podemos decir que lleva con nosotros casi 70 años”, destaca.

“A nosotros, como empresa, nos tocó ser la introducción masiva de la tableta efervescente, enseñar a la gente que una tableta así no se puede tomar como otra pastilla sin echar espuma por la boca, para que no se asustaran. Fue labor de ventas y distribución, que mi padre lideró. Luego ingresó Tabcín y las pastillas “Chocks”, que en su momento venían con la figura de Los Picapiedras… Esto hizo que el Almacén Imberton se convirtiera en una distribuidora y mi padre la enfocó al rubro farmacéutico, a una droguería”, resalta.

Con este medicamento en su portafolio, se fortalece la distribución de su área de farmacia y también, junto con los productos de Kimberly-Clark, el de consumo masivo, donde también introdujo otros productos innovadores, como las toallas sanitarias marca Kotex y el papel higiénico Kleenex.

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Cambios en el mercado

Entre la época de los 1970-1980, con el auge de los almacenes por departamento y ya con la tercera generación a bordo, representada por Carlos Imberton, el almacén del Centro Histórico fue cerrado y pasó a ser el distribuidor que se conoce en la actualidad.

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Carlos Imberton, CEO de la compañía,

“(Al entrar al negocio) me reté a mí mismo, para desarrollar el negocio farmacéutico lo más posible hacia adelante, pero también el brazo del consumo masivo, porque al visitar una farmacia, también hay un comercio cercano, entonces, a éste le llevábamos de lo otro. Poco a poco especializamos a vendedores para que llevaran productos a la farmacia, pero también llegaran a los comercios. El C. Imberton de hoy, el de los 100 años, es en realidad dos empresas en una, es una gran droguería y una gran distribuidora de consumo masivo”, enfatiza.

En la actualidad, la división de consumo masivo se encarga de abastecer 25.000 tiendas en todo el país, dos cadenas de supermercados y 500 mayoristas con marcas como cereales Kellogg´s, papas Pringles, chocolates y galletas Mondeléz, productos La Chula, Ron Cihuatán, suplementos Abbott y toda la línea de Procter & Gamble (P&G), entre otras destacadas marcas.

“En 2001 trajimos la marca Gillette. En 2004 P&G compró la marca y cuando vio toda la estrategia de distribución que nosotros teníamos con Gillette, decidió darnos la distribución completa de sus marcas y cerró operaciones en el país”, detalla el tercero en la sucesión de la presidencia de la compañía.

Tecnología, el aliado hacia el futuro

Con el compromiso de seguir identificando nuevas marcas que atiendan las cambiantes necesidades de consumo y que resguarden la salud de los salvadoreños, Distribuidora C.Imberton ha comenzado a migrar hacia una distribución más digital, fortaleciendo el comercio electrónico y apostando a una planificación virtual para optimizar los procesos de entrega.

La cuarta generación de los Imberton es quien lleva la tarea.

“Creo que es innegable que el comercio electrónico va tomando relevancia (en El Salvador), quizá porque nuestro país no tiene una penetración tan grande como otros países desarrollados, pero es una ola que está llegando y es una nueva manera de hacer negocio”, asevera.

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La resiliencia dentro del ADN de los Imberton

C. Imberton, a lo largo de sus cien años en El Salvador ha vivido escenarios adversos, “pero, como tenemos ese mal de familia, de ser optimistas”, indica Carlos Imberton, han sabido sortear de mejor manera cada una de esos episodios y encontrando oportunidades de continuidad de negocio.

“Bajo tres diferentes estilos de liderazgo hemos crecido en forma sostenida a lo largo de nuestros primeros cien años de vida, sobreponiéndonos a dos Guerras Mundiales, la Gran Depresión, los efectos de la Guerra Fría, la Guerra Civil en El Salvador y escenarios políticos internos de todos los matices”, indica presidente de la compañía.

Las guerras, que se vivieron a escala mundial de los 1914, interrumpieron el comercio con Europa, ese fue el momento, de acuerdo con Imberton Deneke, en el que se buscaron proveedores en Estados Unidos y México, con la finalidad de atender la demanda salvadoreña, que es uno de los compromisos de la empresa.

“Para la Guerra Civil de El Salvador tuvimos que ser creativos, la economía se vino a pique, el país se quedó sin divisas, sin comercio, inclusive tuvimos qué hacer el comercio en su mayor simpleza, a base de ‘trueques’. Parte de las anécdotas de la época, es que por exportaciones de ajonjolí, producido en El Salvador, recibíamos medicamentos de Suiza. Luego fuimos expertos cambistas, como no había divisas, había que buscarlas. Todo por la pasión de estar en el país e invertir en él”, relata Carlos Imberton, sobre cómo sobrevivieron la época en la que El Salvador vivió su guerra interna, la cual finalizó en 1992, con la firma de los Acuerdos de Paz.

“En esa época, hubo mucho colega provista, dueño de droguería, que abandonó su negocio, ya sea porque se fue a su país de origen y trató de administrar el negocio desde fuera o porque definitivamente cerraron y no pudieron hacerle frente a esta forma de hacer negocio (trueques). Esto, de haber encontrado los mecanismos para seguir funcionando y quedarnos, nos abrió oportunidades. En los 1980 hasta el 1992 muchas distribuciones que quedaron abandonadas, entonces, nos buscaron, crecimos y establecimos un portafolio de productos farmacéuticos, que nos convierten, por años, en la droguería más grande del país y de ser un negocio pequeño, con esta adquisición, hemos llegado hasta hoy”, destaca el empresario.

La sobrevivencia a escenarios tan complicados se debe a la ética, honestidad, compromiso y respeto que predominan en todas las relaciones comerciales y personales que C.Imberton establece con sus proveedores, clientes y su equipo humano, que actualmente asciende a 800 colaboradores.

Esta experiencia les valió para sortear de la mejor manera la pandemia del coronavirus, que llegó en el 2020, año de su centenario. Solo que esta vez no solo se preocuparon por suplir las necesidades de sus clientes, sino que proteger con todo el equipo de bioseguridad a sus colaboradores.

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