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Fecha de publicación: 2019-05-14

Estas 5 creencias pueden llevarte al fracaso financiero

Muchas personas simplemente viven presas de una vida profesional rutinaria y no se atreven a plantearse otras formas de desarrollarse.

Por Gestión

En la sociedad, el individuo medio tiene una serie de creencias sobre el mundo financiero y económico que lo conducen, irremediablemente, a tener una vida pobre en lo material.

Estas son las cinco creencias limitantes que hacen que muchas personas simplemente vivan presas de una vida profesional rutinaria y no se atrevan a plantearse otras formas de desarrollarse.

1. “Necesito esto, ya” Consecuencia negativa: Deuda.

¿A qué factor de la felicidad afecta? Te convierte en rehén de las cosas que has comprado y limita tu libertad para elegir en el futuro. Una de las creencias limitantes más irritantes y que más destrozos provoca en las finanzas personales es la prisa por tener ese coche nuevo, esa casa más grande, o hacer esa boda por todo lo alto. Vivimos en una sociedad en que la mentalidad de endeudarse ha sido la tónica dominante. Endeudarnos para comprar cosas que no son estrictamente necesarias es el camino más recto hacia una vida limitada. Piénsalo bien: si el poder tener esa casa más grande, o ese coche deportivo, implica tener una deuda con el banco durante los próximos 10, 20 o 30 años… ¿de quién es tu futuro?

2. “Los empresarios son malas personas” Consecuencia negativa: prejuicio moral que te ancla a responsabilidades menores.

¿A qué factor de la felicidad afecta? Te hace temer el éxito y a liderar tu vida. El prejuicio contra los empresarios es una de las creencias limitantes más arraigadas y que más perjudican al ciudadano medio. Porque, lógicamente, si la percepción que tienes sobre un empresario es tan negativa, va a ser difícil que quieras convertirte en uno de ellos. Vamos a aclarar las cosas. Hay empresarios tacaños, mentirosos y tramposos, por supuesto. Igual que hay asalariados que cumplen esas mismas características. Y, por contra, también hay empresarios responsables y que gestionan sus empresas de una forma legal, correcta y ética. Ser buena o mala persona poco tiene que ver con el cargo que ocupemos, sino con la educación recibida y con la forma de ver la vida.

3. “Necesito un montón de dinero para fundar una empresa” Consecuencia negativa: inacción o deuda.

¿A qué factor de la felicidad afecta? Afecta a la libertad para decidir sobre tu futuro. Otro mito que debe ser desmentido o, por lo menos, muy matizado. No es cierto que para crear un proyecto empresarial necesites mucha financiación. Depende en gran medida de lo que quieras hacer y cómo, pero en general no debería ser un impedimento. Ten en mente que muchas de las grandes empresas actuales surgieron en, literalmente, garajes: Apple, Microsoft, Amazon, Facebook… No estamos hablando de compañías medianas… ¡Estamos hablando de las empresas más lucrativas de la actualidad! Todas aparecieron y se desarrollaron con ingenio y muchas horas de trabajo, y con escaso dinero.

4. “Quiero jugar a ese videojuego nuevo” Consecuencia negativa: ociosidad vacía.

¿A qué factor de la felicidad afecta? Te ancla en la mediocridad y te quita tiempo para cosas más importantes. ¿Acaso no es lo que todo el mundo hace? Después de las ocho horas reglamentarias en el puesto de trabajo, uno vuelve a casa cansado y lo único que quiere hacer es ver ese show de talentos en la TV, o jugar a ese videojuego de disparos hasta medianoche. Este tipo de ocio vacío es totalmente contraproducente. Es la mejor forma de perder el tiempo y dedicarlo a algo que no nos genera nada positivo. Y lo peor de todo es que los hábitos malos son muy complicados de cambiar.


5. “Tener una buena vida es cuestión de suerte” Consecuencia negativa: locus de control externo. Percepción de nulo control sobre nuestra vida.

¿A qué factor de la felicidad afecta? Creer que todo es cuestión de suerte te impide ser dueño de tu futuro. Sigamos con el ejemplo anterior. Imagina que tienes dos amigos que crecieron en la misma ciudad y en el seno de familias de ingresos y nivel socio-cultural parecidos, y que ambos cursaron la misma carrera universitaria. Imagina que uno de ellos, a quien llamaremos Francisco, tiene un trabajo a jornada completa donde cobra 1.000$. Cuando llega a casa después de su jornada, malgasta su tiempo viendo reality shows y jugando a videojuegos. Además, se queja de que su jefe no le paga más y, en su cabeza, está maquinando la forma de conseguir una baja por unos dolores de espalda que realmente no sufre.

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