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Fecha de publicación: 2018-12-22

Siete consejos para que la presión laboral no derive en estrés

Trabajar bajo presión implica seguir siendo eficientes aun cuando no se cuente con los recursos o el tiempo suficiente. Mantener el equilibrio en situaciones como ésta es una habilidad que puede desarrollarse.

Por iprofesional

Hoy en día, el mercado laboral es muy competitivo. Los cambios son cada vez más vertiginosos, hay que adaptarse rápidamente a nuevas formas de realizar las tareas, a nuevas tecnologías, a otras formas de comunicación, y a trabajar en equipo con gente del otro lado del mundo.

Algunas veces también sucede que las empresas no cuentan con los recursos humanos suficientes para realizar todo lo que piden a los empleados, o no tienen el equipamiento o material necesario para hacerlo en forma más eficiente.

Otras veces, las decisiones se toman a último momento y, si bien había una tarea perfectamente planificada, hay que salir a realizarla a los apurones, sin el tiempo que se había pensado tener.

Asimismo, ocurre que en algunas oportunidades los colaboradores tienen que tomar decisiones difíciles con poco tiempo de análisis y sin mucho descanso, por la carga de tareas.

Las condiciones adversas pueden ser muy variadas. Todo eso lleva a que la presión laboral se convierta en estrés.

Trabajar bajo presión implica seguir siendo eficientes aun cuando no se cuente con los recursos o el tiempo suficiente. Mantener el equilibrio en situaciones como ésta es una habilidad que puede desarrollarse.

1. Organizarse
Distinguir qué tareas son las más importantes y urgentes, y llevarlas a cabo por orden de prioridad. Mejor aún si se realizan en el momento del día en que uno es más productivo.

2. Mantener una actitud positiva
Es clave entender que el estrés depende en gran medida de cómo uno reacciona a las cosas que le pasan o a las circunstancias externas. Siempre se puede culpar al jefe, a la falta de recursos, al tráfico, al poco tiempo para entregar los proyectos. Pero hay que tener en cuenta que se puede aprovechar una situación adversa y hacer que la presión juegue a favor.

En lugar de victimizarse y ver la dificultad como una amenaza, se puede entender que se trata de un desafío y una oportunidad de crecimiento, de poner en práctica los propios conocimientos y demostrar lo que uno vale.

3. Revisar las exigencias externas y las auto-exigencias
Ser objetivos frente a lo que realmente se necesita vs. lo que creemos deberíamos entregar. Analizar la magnitud real de la "amenaza" y adjudicarle el lugar que le corresponde.

No hay que imponerse una presión desmedida. Hay que aprender a ser asertivos, a dar una opinión de manera adecuada y justificada, a decir que no, a delegar, a pedir ayuda.

4. Disciplina
Llegar más temprano a la oficina para evitar agregar el estrés de empezar el día corriendo. Tomar un desayuno nutritivo para tener más energía durante el día. Dormir por lo menos 7 horas.

5. Recordar los propios proyectos exitosos
Ya hemos pasado por alguna situación adversa, de estrés, y sabemos que pudimos cumplir con los deadlines impuestos. Se puede vencer la dificultad. Hay que visualizar el próximo éxito.

6. Aprender a manejar la frustración
Al no obtener los resultados esperados, hay dos alternativas: frustrarse o aceptarlo. La mejor opción es la segunda, pero sin ser conformistas.

Disfrutemos de lo que sí hemos logrado y sigamos en la búsqueda de aquello que anhelamos. Hay que aprender la lección de aquellas experiencias que salieron como esperábamos.

7. Realizar ejercicios de relajación y actividad física
Éstos ayudarán a disminuir la sensación de ansiedad y a liberar el estrés acumulado durante el día.

El mundo actual nos exige ser expertos de la inmediatez y trabajar bajo presión. Sin embargo, este tipo de trabajo no necesariamente es negativo sino, por el contrario, puede ayudarnos a sacar provecho, a mantenernos enfocados, a demostrar nuestra creatividad y proactividad.

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