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Fecha de publicación: 2018-11-23
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RSE: Empresas de Centroamérica pierden el miedo a rendir cuentas

28 empresas u organizaciones presentan con regularidad sus informes de sostenibilidad en Centroamérica, un número aún pequeño pero que demuestra cómo cada vez más empresas del Istmo pierden el miedo a rendir cuentas.

Por Ana Cristina Camacho

Las empresas centroamericanas están perdiendo el miedo a rendir cuentas por medio de informes de sostenibilidad. Aunque ha sido un proceso lento –según el número de empresas u organizaciones que presentan con regularidad sus informes -un total de 28 en la región para el 2017– están en un momento importante porque comienzan a reconocer las ventajas de hacerlo: ganan en transparencia, en reputación, mejoran el manejo de riesgos, fortalecen la relación con sus grupos de interés, incrementan la fidelidad de sus clientes.

El proceso de maduración hacia los reportes de sostenibilidad continúa en la región y es de esperar que año a año más empresas y organizaciones decidan hacerlo, teniendo en cuenta que reportar debería ser el último eslabón de una cadena de correcta gestión, en la cual primero están la identificación de temas relevantes o materiales para el negocio, definición de impactos, el diálogo permanente con públicos de interés, la ejecución de la estrategia de sostenibilidad, con sus indicadores y sistemas de medición. Documentar los resultados y hacerlos públicos, por medio de informes, es fruto entonces de un proceso de madurez que lleva su tiempo.
Esta es la visión de Jimena Samper, Manager de Global Reporting Iniciative (GRI) para Hispanoamérica y experta en asuntos de paz y desarrollo, sostenibilidad y responsabilidad social. Con ella conversamos durante una visita que realizó a Costa Rica invitada por la Embajada de los Países Bajos.
La buena noticia es que América Latina, en general, muestra una tendencia creciente en ese sentido: mientras en 2000 solo reportaron 3 empresas, a 2005 sumaron 30, y el año pasado ya totalizaron 842, de acuerdo con datos de GRI. Esto responde, desde la perspectiva de Samper, a dos grandes factores: al reconocimiento de beneficios de los que se hace mención arriba, y al aumento de exigencias de los mercados internacionales, de clientes e inversionistas que ya están viendo la sostenibilidad, la transparencia y los informes como un activo valioso más allá de los simples estados financieros.

Termina siendo un asunto cultural, de contextos políticos y económicos, de madurez empresarial, de cuán acostumbrados están a publicar sus estados financieros. Centroamérica e incluso América Latina, no podría compararse con Europa por ejemplo, que tiene un largo caminar en temas de responsabilidad social, con leyes, reglamentos y directrices más robustos hacia y desde las empresas.

De hecho, en materia de informes de sostenibilidad bajo el estándar GRI, el año pasado el viejo continente reportó 1979.
El mundo está cambiando, dice Samper: en la década de los 70, según estudios recientes de KPMG, cerca del 80% del valor de mercado de una empresa recaía en los activos físicos y financieros, es decir, en los tangibles, mientras los intangibles apenas representaban el 20%. Hacia el 2010 el panorama se revirtió puesto que los intangibles suponían el 80% del valor de una empresa contra el 20% de los tangibles.

“Toda esta tendencia por la sostenibilidad, la gestión de riesgos, preocuparse por atender los impactos sociales y ambientales está ganando terreno y no hay marcha atrás; tan importantes están siendo los estados financieros como los no financieros”, recalcó la experta.

Nuevas agendas mundiales

Los GRI son herramientas de gestión en comunicación. Tanto los estándares como la organización que nació para darle credibilidad y fiabilidad a los informes, han ido transformándose a lo largo de los años, desde 1997 cuando nacieron fruto de un proyecto entre el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Coalition for Environmentally Responsible Economies (CERES).

Desde julio de este 2018, los informes deben aplicar la nueva versión, ya no la guía sino los estándares GRI que permiten una implementación más sencilla y amigable. Ahora las pequeñas y medianas empresas (pymes) tienen su guía, como también algunas industrias en particular. De acuerdo con la consultora, las grandes empresas que tienen a pymes en su cadena de abastecimiento deberían impulsar en ellas el tema de la sostenibilidad dado el aporte a la producción y al peso que tienen para incrementar la competitividad dentro de sus cadenas de valor. No hay que olvidar que cerca del 90% de la economía mundial se mueve gracias a la existencia de pymes.

De hecho varios países, entre ellos Colombia, Vietnam, Ghana, Perú e Indonesia, participan en un programa financiado por la cooperación suiza sobre negocios competitivos para el apoyo de pymes. El objetivo es llevarlos hacia conductas responsables y hacia el reporte de sostenibilidad motivados principalmente por la presión que ejercen grandes empresas para demostrar que cuentan con una cadena de valor sostenible. Gracias al programa se les brinda capacitación sobre estándares y talleres de acompañamiento para la correcta elaboración de reportes.

“El reporte no da ganancia o beneficios inmediatos pero las organizaciones que sí lo hacen, son más competitivas y más productivas, mejoran su reputación”, enfatizó Samper. La experta recomienda a las organizaciones montarse en el tren de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), conectándolos con la estrategia corporativa y reportando avances y retos en función de aquellos ODS estratégicos para el negocio y para el país.

Esto será más fácil donde los gobiernos ya han establecido políticas o estrategias nacionales sustentadas en los ODS. En Colombia, por ejemplo, ya suman 70 empresas integradas a una estrategia país para la cual se eligieron los ODS más relevantes y reportarán en función de ellos.

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