Coronavirus
Fecha de publicación: 2020-05-15

BID: A grandes crisis, grandes oportunidades

Las economistas coautoras del estudio "El impacto del COVID-19 en las economías de la región: Centroamérica, Haití, México, Panamá y República Dominicana” analizan cómo la pandemia impactará a la región.

Por Priscilla Gutiérrez y Marta Ruiz-Arranz*

El 2020 pasará a la historia como un año complejo para la humanidad. La emergencia sanitaria, económica y social ocasionada por el COVID-19 no conoce fronteras y, dependiendo de su duración, tendrá implicaciones profundas y duraderas para muchos países, reconfigurando muchas de las estructuras y dinámicas que hoy conocemos. El mundo probablemente no volverá a ser el mismo. Y esto no necesariamente es una mala noticia, sino una oportunidad para encontrar nuevos caminos, echar a andar nuevas ideas y reinventar.

Cuantificar el impacto económico del COVID-19 es complejo, pero una primera aproximación para la región de Centroamérica apunta a una contracción de la actividad económica de 4,5 puntos para este año. Esta crisis ha puesto en evidencia no sólo la débil posición fiscal de la que parten muchos países de la región -con un déficit fiscal promedio del 2,4% del PIB y niveles de deuda pública que superan el 50% del PIB- sino los retos de cobertura y calidad que enfrentan los sistemas de salud, la ausencia de redes de apoyo social y transferencias contra la pobreza, o la falta de seguros de desempleo.

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El COVID-19 nos ha puesto frente al espejo, y el reflejo que nos devuelve puede ser el punto de partida para que Centroamérica se reinvente. Porque nuestras debilidades muestran también espacios para que la región se posicione como un jugador con mayor relevancia y que genere mayores oportunidades de progreso a la población.

Desde el punto de vista fiscal, por ejemplo. Es necesario apoyar una agenda robusta de mejora de la eficiencia y efectividad del gasto público, un manejo óptimo de la deuda pública y el fortalecimiento continuo de la institucionalidad fiscal, a través de herramientas como las reglas fiscales, marcos fiscales de mediano plazo y consejos fiscales independientes. Por el lado de los ingresos, probablemente será necesario en los países que tengan margen aumentar el IVA e implementar su aplicación a la esfera digital, evaluar la racionalidad de las exenciones y exoneraciones y maximizar el potencial recaudatorio de los impuestos selectivos al consumo, a la propiedad y a los vehículos.

Desfasar los subsidios a los combustibles se torna particularmente viable en esta coyuntura de muy bajos precios del petróleo. Asimismo, en aras de aumentar la transparencia y combatir la evasión, se podría analizar transitar a un esquema de renta mundial. Es imprescindible modernizar la administración tributaria y hacer uso de las herramientas más avanzadas para recaudar más y mejor.

En la esfera social y laboral, se abre un espacio para la discusión de un nuevo contrato social, uno que repiense el sistema de protección social, priorice a los más vulnerables, garantice la calidad en los servicios de educación y salud pública, fomente, flexibilice y proteja el empleo formal, y reduzca la vulnerabilidad de la clase media. En este sentido, será imperativo abordar el impacto de la crisis en la deserción escolar, uno de los mayores retos en la región, al tiempo que se empiezan a cerrar las brechas de acceso a computadoras, tecnologías y pedagogía para la educación remota.

Además, es necesario seguir incentivando la participación femenina en el mercado de trabajo, que podría constituir un seguro contra la pérdida de empleo de otros miembros del hogar. Y sin duda, una de las grandes lecciones de esta crisis es la importancia de fortalecer la cultura del teletrabajo, aún no implementada ampliamente debido a retos de conectividad y ausencia de redes de cuido.

El sector productivo, por último, requiere aumentar su resiliencia e integración y empezar a reinventarse. El financiamiento y provisión de liquidez para que las empresas sostengan su actividad en el corto plazo es vital, particularmente en sectores tan afectados como la industria del entretenimiento y el turismo. Para este último, en concreto, puede ser la oportunidad ideal para renovar facilidades obsoletas, formar a profesionales en las nuevas tendencias, adoptar tecnologías innovadoras de servicio, instalar energías renovables y diseñar destinos centrados en la biodiversidad y otros conceptos.

En el mediano plazo, las políticas deberán fortalecer la libre competencia, dar seguridad a la inversión y continuar la búsqueda e integración de nuevos mercados. Si bien no se tiene certeza de la configuración de las cadenas globales de valor post COVID-19, la lección más importante es la diversificación y la redundancia. Los países ya no pueden depender de un solo proveedor para sus insumos, y esto abre una oportunidad a Centroamérica para posicionarse como un suplidor confiable, capitalizando por ejemplo su experiencia en la industria alimenticia, textil, manufacturera de alta precisión y de servicios.

Para poder aprovechar estos espacios con éxito, el uso de la tecnología y la conectividad nunca ha sido tan fundamental como ahora. Es así como el impulso público y privado a la agenda digital y el fortalecimiento del gobierno electrónico emergen como pilares de la nueva era virtual, donde no solamente asegurarán la continuidad de las actividades esenciales, sino que crearán nuevos nichos de negocios y oportunidades en sectores como la educación, salud y entretenimiento.

“Todas las situaciones críticas tienen un relámpago que nos ciega o nos ilumina”, decía el poeta y novelista francés Víctor Hugo. El Covid-19 no es la excepción. Hoy más que nunca, los retos que enfrenta la región son enormes, pero también las oportunidades. Centroamérica puede tomar provecho de esta crisis y reconfigurarse para ser más eficiente, productiva y próspera.

*Priscilla Gutiérrez y Marta Ruiz-Arranz son, respectivamente, Economista de País en Costa Rica y Asesora Económica Principal en el Departamento de Países de Centroamérica, Haití, México, Panamá y República Dominicana (BID). Ambas son coautoras del informe “El impacto del COVID-19 en las economías de la región: Centroamérica, Haití, México, Panamá y República Dominicana”.

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