Centroamérica & mundo
Fecha de publicación: 2021-01-15

Byron Vásquez, el guatemalteco que sirve el café más humano

El trabajo de la Olla Comunitaria no fue fácil. Hubo crítica, intimidaciones y amenazas, intentos de descalificar el trabajo solidario. También acoso en redes sociales. La respuesta de Byron a la última pregunta de la conversación, lo dice todo. – ¿Alguna vez sintieron miedo? –Si, mucho.

Por Christa Bollman / Ilustraciones: Luis Barahona (Garabatos)

La madera de la que está hecho Byron Vásquez no se quema. Ni un incendio ocurrido, el 11 de diciembre, en el local que alberga su café Rayuela, deshizo la estructura sólida que simula la fachada de un café antiguo en el centro de Guatemala, y desde donde en la pandemia se repartieron hasta 2.000 comidas diarias.

Rayuela ardió en llamas justamente un día después de que los creadores de “La Olla Comunitaria” recibieran un premio de derechos humanos, por tener la iniciativa de crear un movimiento de apoyo ante la crisis del 2020 que le dio de comer durante muchos meses a personas sin recursos, afectadas durante el confinamiento obligatorio, sirviendo más de 150.000 platos de comida.

“Después del incendio no vamos a volver a ser los mismos. Volveremos más fuertes y comprometidos con la gente y con parte de esa sociedad que nos apoya”, dice, tomando la voz de su equipo.

Tras el incendio, una señora llamó para decir que traía una bolsa de panes con frijol, para que desayunáramos. No se quién era. La vecina trajo la cafetera. La gente que pasa nos deja Q5 ó Q10, para la remodelación. También las empresas grandes llaman para decir que van a mandar equipo”. Nos sentimos muy conmovidos”

El café abrió sus puertas el 20 de octubre de 2016, una iniciativa de Byron, David, su hermano, el primer chef y Joel. “Nos propusimos hacer un café más humano”, cuenta Byron. “Empezamos a darnos cuenta de que en la mayoría de lugares se vende el agua.

Decidimos que regalaríamos el agua, porque según nosotros, no tiene precio”. También se sumaron a una campaña de lactancia materna. “Si una madre tiene que alimentar a su hijo y darle pecho, aquí podía hacerlo en un lugar seguro”. Un servicio importante es el sanitario.

“En la ciudad de Guatemala no hay baños públicos. En todos los demás lugares, cobran su uso. Aquí es libre para quien lo necesite”.

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Quien ingresa es testigo de que es un lugar limpio en donde sus paredes cuentan historias. De amor y desamor.

Poco después surgió la iniciativa del “Café pendiente”. “Es una idea básica. Quien quiera puede comprar un café y pagar dos o tres.

Con el dinero disponible le dábamos café a quien no podía pagarlo, pero nos dimos cuenta de que la gente también quería comer”, recuerda Vásquez. Así transcurrieron los primeros cuatro años, aunque David dejó la sociedad y el sombrero de chef se lo puso Marlon. También se asoció a ellos, el músico Emilio Molina.

A los socios de Rayuela, la idea de invitar a comer a sus comensales, les había funcionado, aun cuando hicieran “eso que los empresarios recomiendan no hacer” .

Un premio…y un incendio

La Organización de Naciones Unidas nominó a los promotores de la Olla Comunitaria al Premio “Solidaridad en Acción”, reconociendo su historia como una de las más inspiradoras de la pandemia, en 2020. Lo recibieron el 10 de diciembre, cuando se conmemoran el Día de los Derechos Humanos en el mundo. “Nos sorprendió”, dice Byron Vásquez, aunque en Rayuela siempre les acompañaron imágenes del obispo Juan Gerardi de Guatemala y de San Oscar Arnulfo Romero, de El Salvador, ambos asesinados por defender los derechos humanos. “A nosotros Monseñor Gerardi nos enseñó que no hay que vivir del pasado, y eso nos marcó. Ambos son memoria histórica de Centroamérica, muy importante”. El Premio Solidaridad en Acción "reconoce las iniciativas más impactantes que han mejorado la vida de las personas, inspirando resistencia y esperanza, en medio de la actual pandemia del COVID-19".

El mismo día en que ocurrió el siniestro, Byron, sus socios y amigos estuvieron dispuestos a continuar con eso que han hecho todo el tiempo. Alguien les prestó una percoladora grande y sirven café. No lo han dejado de hacer desde que empezó su negocio. “Cualquier podría decir que es un antinegocio”, dice Byron y se ríe. Pero no es el dinero: “regalamos un café caliente cuando alguien que no puede pagarlo lo necesita”.

Con la llegada de los huracanes Eta y Iota, Rayuela se convirtió en un centro de acopio. Llegamos a comunidades lejanas a donde no llegó el gobierno ni las instituciones. “Estuvimos en Chicotán 1 y 2, en Playitas. Son lugares a los que se llega después de haber pasado tres inundaciones en lancha, lugares abandonados, donde el Estado está ausente”. El nuevo compromiso es seleccionar una comunidad y apoyarla durante seis meses, para que empiecen a fortalecerse y a ser autosostenibles”.

Durante todos estos meses, Byron Vásquez ha dejado de pensar tanto en Rayuela y se ha concentrado más en las iniciativas que han sido posibles, luego de que decidieran apoyar a quienes llegan al café. Viene a su mente otra obra de Julio Cortázar: “Me encanta Cortázar y más de una vez pensé en La Olla Comunitaria, como eso que el describe en La Autopista del Sur. Es la historia de un grandioso embotellamiento en el que la gente no puede salir y empieza a organizarse para sobrevivir durante varios meses”. Reflexiona: “Somos una sociedad tan golpeada que ya nadie quiere ver más allá del derecho de su nariz. Estamos enfocados en sobrevivir. Por intentar ser solidarios, nos ven raro”.

A veces, cuenta Byron, había más gente comiendo gratis que lugar para los clientes. “Nos convertimos en un espacio que llegó a ser más de la gente que nuestro negocio”. Las ganancias empezaron a ser intangibles, rememora. “Nos dimos cuenta que un negocio no puede reñir con lo humano. Que debe haber algo más importante que el dinero”.

En marzo de 2020 les sorprendió el COVID- 19. Justo en el momento en que los socios querían expandir Rayuela, y los dos locales aledaños ya estaban alquilados, llegaron las medidas restrictivas que obligaron a todos los comercios a cerrar. Byron se vio con un préstamo en la mano, y sin negocio operando para poder pagar. “Empiezo a pensar que esto se acabó”, cuenta Byron.

Aun así, decidieron seguir apoyando a quienes ya llegaban a Rayuela. Creyeron que serían si mucho, 20 personas diarias, pero no fue así. “Cuando decidimos abrir, solo el primer día atendimos 75 personas. Al día siguiente a 200 y al tercer día vimos que la gente hacía cola desde las 7 de la mañana para recibir un plato de comida a las 12 del mediodía. Muchos piensan en las filas que se formaron allá afuera y creen que surgieron con la pandemia, pero estas necesidades existen desde hace años”, reflexiona Byron.

El trabajo de la Olla Comunitaria no fue fácil. Hubo crítica, intimidaciones y amenazas, intentos de descalificar el trabajo solidario. También acoso en redes sociales. La respuesta de Byron a la última pregunta de la conversación, lo dice todo. – ¿Alguna vez sintieron miedo? –Si, mucho.

“Recibimos amenazas de que nos cerrarían el lugar, con el argumento de que había aglomeraciones. Nos mudamos al Parque Central, porque es un espacio abierto, pero empezamos a recibir amenazas e intervinieron nuestros teléfonos. Tuvimos que denunciar. Tenemos miedo de que algún día quieran hacernos daño personal y en el negocio. Nos vigilan y acosan, pero todo es de conocimiento público porque es nuestra única defensa”.

Uno de los mensajes más claros de la experiencia que les tocó vivir a los creadores de la Olla Comunitaria es que “la gente no tiene que ser solidaria si no le nace, pero todos debemos empezar a ser más humanos y justos sobre todo con aquellas personas que trabajan con nosotros. Nadie es descartable”, dice y compara: “Tenemos un negocio, somos el 50 % el otro 50% son las personas que lo hacen posible, y trabajan junto a nosotros. Ese equilibrio nos obliga a ser diferentes con los trabajadores de Rayuela. Sin ellos, esto no podría funcionar. Hacemos un trabajo conjunto. En 2021 Byron Vásquez y sus socios imaginan “un café más grande, fortalecido y más comprometidos con las causas que apoyamos, porque nos parecen importantes”.

Desde el 16 de septiembre, en Rayuela hay café y galletas para las personas que lo necesiten. Una vez por semana, los jueves, entregaban víveres a personas de la tercera edad, a las madres solteras.

Tampoco una madera invisible, que sostiene el ánimo de tanta gente y saca fuerzas de donde no las hay está perdida. La Catrina mexicana que siempre ha estado allí para recibir a los comensales es otra que resistió las llamas. “La tengo porque es un regalo de mi mejor amiga”, cuenta Byron. Amaranta, porque así se llama, es testigo muda de cualquier cosa que sucede en Rayuela.

Estoy seguro de que no volveremos a ser los mismos, en el Café. Me han dicho muchos que el amor es más fuerte, y eso lo estamos viviendo. La gente se ha volcado hacia Rayuela y eso nos está marcando. Tenemos una responsabilidad más grande y no la habíamos querido ver o no lo estábamos midiendo, por estar metidos en el da a día. Nos damos cuenta de que nuestro trabajo ha llegado a más personas de las que imaginamos que llegaría. Nunca pensamos que un incendio iba a transformarse en un gesto tan solidario hacia nosotros.

El sábado 12 de diciembre, cuando Byron llegó al lugar, “ya estaba todo quemado”. Una señora llamó para decir que traía una bolsa de panes con frijol, para que desayunáramos. No se quién era. La vecina trajo la cafetera. La gente que pasa nos deja Q5 ó Q10, para la remodelación. También las empresas grandes llaman para decir que van a mandar equipo”. Nos sentimos muy conmovidos”.

Y por eso empezó esta historia. En E&N nos inspira el ejemplo, y nos acercamos al local de Rayuela, en plena 6ta Avenida de la zona 1, la principal del Centro Histórico, para hablar con Byron. Nadie se atrevería a decir que la Navidad de 2020 no fue como las otras navidades en las calles de Guatemala. Las luces que adornan el paseo estaban apagadas a las 9 de la mañana. Las ventas callejeras ya están allí, y están visibles sobre el piso plas franjas amarillas que marcan la distancia de un metro entre una y otra, para cumplir con el distanciamiento social impuesto por la pandemia. En Rayuela, la persiana de metal que protege la entrada todavía está a media altura, porque no es sino hasta las once que empiezan a acercarse quienes piden un café caliente.

Adentro no hay luz, ni muchos muebles, en las paredes queda la evidencia del incendio. Entre preguntas y respuestas lo más importante es aquello que vendrá de ahora en adelante. De eso, de Rayuela y la Olla Comunitaria hablamos durante los 45 minutos que duró la plática. Nos sentamos a la mesa, con una taza de café, porque esa no puede faltar en Rayuela. La música solo está presente en los pentagramas pintados sobre una mesa laqueada con pintura de color naranja. En medio de la oscuridad destaca el brillo de los detalles. A un lado, el pórtico de madera.

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“Se puede crecer, Ser rentable y Solidario”

1. Ser solidario es negocio

El mismo día en que Rayuela se incendió, Byron, sus socios y amigos estuvieron dispuestos a continuar. Alguien les prestó una percoladora grande y sirven café. “Cualquier podría decir que es un antinegocio”, dice Byron y se ríe. Pero no es el dinero: “regalamos un café caliente cuando alguien que no puede pagarlo lo necesita”. Los guatemaltecos les están apoyando en la reconstrucción.

2. Solidaridad extendida

Con la llegada de los huracanes Eta e Iota, Rayuela se convirtió en un centro de acopio. “Llegamos a comunidades lejanas a donde no llegó el gobierno ni las instituciones”, cuenta Vásquez. El nuevo compromiso es seleccionar una comunidad y apoyarla durante seis meses, para que empiecen a fortalecerse.

Byron Vásquez habla por todo su equipo: “Después del incendio no vamos a volver a ser los mismos. Volveremos más fuertes y comprometidos con la gente y con parte de esa sociedad que nos apoya”. Y para este emprendedor es importante hacer ver que “es tiempo de terminar con los divisionismos. Cada persona tiene claro su contexto político, pero eso no impide ser solidarios y dejar de pelear entre izquierda y derecha. Es justo que Guatemala empiece a verse de otra manera, sin prejuicios”.

3. Rayuela y Cortázar

“Más de una vez pensé en La Olla Comunitaria, como eso que Julio Cortázar describe en La Autopista del Sur. Es la historia de un grandioso embotellamiento en el que la gente no puede salir y empieza a organizarse para sobrevivir durante varios meses”.

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