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Fecha de publicación: 2020-08-10

Opinión: Nubes de polvo del Sahara en el Caribe son un peligro para humanos y los arrecifes de coral

Chitralekha Deopersad y Luiz Gabriel Azevedo dan su opinión sobre el tema. Este polvo es rico en macro y micronutrientes esenciales, altamente beneficiosos para las plantas, y actúa como fuente de nutrientes para el fitoplancton marino

Por BID INVEST

Las nubes de polvo del Sahara han convertido en un frecuente visitante del Caribe, y con ellas están apareciendo peligros para la salud, en especial para aquellos afectados por COVID-19 u otras complicaciones. Esto demuestra que la región no es ajena a los efectos del cambio climático en zonas lejanas.

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Imagínese despertarse una mañana en la que se espera un amanecer tropical, y uno se encuentra con una densa nube de polvo que viajó diez mil kilómetros desde el desierto del Sáhara.

Si bien suenan como algo propio de una distopía, las nubes de polvo del Sahara son una realidad para muchos habitantes del Caribe y de la costa del Golfo de México desde hace años. Este fenómeno anual se ha incrementado recientemente, amenaza la salud tanto de humanos como de arrecifes de coral y realza la exposición de la región a las tendencias climáticas mundiales.

La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) llama a esta perturbación transatlántica “capa de aire del Sahara” (SAL, por sus siglas en inglés). Suele intensificarse a mediados de junio, con picos que van desde fines de junio hasta mediados de agosto, y luego desaparece rápidamente. Una curiosidad es que el polvo está conformado de “esqueletos” de diatomeas (algas unicelulares) que existieron en un sistema de megalagos hace más de 7000 años en la zona que hoy conocemos como el desierto del Sáhara.

Este polvo es rico en macro y micronutrientes esenciales, altamente beneficiosos para las plantas, y actúa como fuente de nutrientes para el fitoplancton marino; además, se cree que el polvo del Sahara es la fuente principal de minerales que fertilizan la cuenca amazónica, por lo que se diría que es precisa la aridez de un desierto para nutrir una exuberante selva tropical. Es probable que el polvo también haya contribuido a la creación de playas en Bahamas después de ser depositado allí durante miles de años.

Ahora veamos la parte negativa. En los últimos tiempos, las nubes de polvo han alcanzado niveles peligrosamente altos de contaminación por partículas en suspensión que atentan contra la salud de los residentes locales que sufren de COVID-19 y otras afecciones respiratorias.

El polvo causa otras complicaciones, como sequedad en la piel, asma y enfermedades pulmonares. Un reciente estudio del BID reveló que en Kingston, Jamaica, apenas un 10% menos de partículas en el aire podría mejorar la salud y reducir la mortalidad con ahorros de costos para la ciudad que van de los US$6 millones por año hasta los US$110 millones por año.

En muchos territorios del Caribe, el Índice de Calidad del Aire (AQI, por sus siglas en inglés), una escala de 0 a 500, se sostuvo en niveles “nocivos”, por encima de 100, durante casi todo el mes pasado.

Esos mismos territorios han manifestado problemas de visibilidad en los últimos dos años, un tema que destacó la Organización Meteorológica Mundial y que afecta la seguridad de los trabajadores de varias industrias, algo de especial interés para BID Invest. Las nubes de polvo son asimismo un estorbo para el importantísimo sector del turismo.

Además, el polvo puede contener materiales peligrosos: los investigadores del USGS (organismo de relevamiento geológico de los Estados Unidos) detectó contaminantes químicos (pesticidas, patógenos microbianos y más de 1000 taxonomías de bacterias) en las muestras de polvo tomadas en la Islas Vírgenes de EE.UU. y en Trinidad y Tobago.

Los corales locales están en peligro, ya que las muestras incluyeron una cepa de hongos que se sabe que causan enfermedades y muertes de gorgonias, un tipo de coral blando. De hecho, las SAL están asociadas a un deterioro de la salud de los arrecifes de coral en todo el Caribe desde la década de 1970; otras investigaciones revelaron que el hierro contenido en el polvo es esencial en la creación de mareas rojas (proliferación dañina de algas) en la costa occidental de Florida.

La pregunta obvia es si esto se debe al cambio climático. A nivel local, la producción de polvo se ve muy influenciada por los patrones de viento en superficie y se puede exacerbar con cualquier fenómeno que afecte la velocidad del viento, como es la Oscilación del Atlántico Norte, la Oscilación del Sur-El Niño y el Monzón de África Occidental.

Lo más lógico es que un planeta que se está recalentando produzca nubes de polvo más intensas, tal como revela una investigación que dice que estos eventos están relacionados con sequías en el norte de África. Sin embargo, hay otros estudios que sugieren que los cambios de los patrones de los vientos podrían reducir el transporte de polvo, por lo que es muy pronto afirmar que el cambio climático tendrá un impacto en las nubes de polvo del futuro. Lo que sí es seguro es que lo que sucedió el mes pasado no es común.

La buena noticia es que el polvo del Sahara puede suprimir temporalmente la formación de huracanes o evitar que se intensifiquen las tormentas ya que el aire caliente y polvoriento tiende a detener su crecimiento. Con la temporada de huracanes del Atlántico ya en curso (de junio a noviembre), esto ha de ser bien recibido por los residentes del Caribe y la costa del Golfo.

En general, las SAL parecen ser un fenómeno mundial que necesitamos como planeta, pero que nos hace vulnerables como especie.

SOBRE LOS AUTORES:

Chitralekha Deopersad es oficial social y ambiental de BID Invest con sede en la Oficina de País de Jamaica. Trabaja con clientes del sector privado en América Latina y el Caribe en los requisitos de protección ambiental (ambiental, social, de salud y seguridad) en apoyo de la evaluación del proyecto y el cumplimiento de las normas locales e internacionales. También participa en la racionalización del cambio climático y la gestión del riesgo de desastres y la adaptación a proyectos del sector privado. En su capacidad anterior, apoyó al sector público dentro de la División de Cambio Climático y Sostenibilidad del BID en la Oficina de País de Bahamas. Chitralekha también fue científico ambiental / costero en Trinidad y Tobago durante varios años y tiene una maestría en ingeniería y gestión costera de la Universidad de West Indies, St. Augustine.

Luiz Gabriel Azevedo es jefe de la División de Asuntos Ambientales, Sociales y de Gobernanza de BID Invest. Durante sus más de 25 años de trayectoria profesional ha trabajado para empresas de construcción y se ha desempeñado como director de la International Water Resources Association (IWRA) y como director, vicepresidente y presidente de la Asociación Brasilera de Recursos Hídricos (ABRH). Previamente, Luiz Gabriel trabajó por 14 años en el Banco Mundial liderando programas de desarrollo en América Latina, Europa, Asia Central y África. Luiz Gabriel es ingeniero civil de la Universidade Federal da Bahia (UFBA), y magíster y doctor en ingeniería, especializado en hidrología y gestión de recursos hídricos por Colorado State University.

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