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Fecha de publicación: 2020-08-05

Testimonio de alguien que superó covid-19: Panamá está sufriendo

Panamá, un país de 4,2 millones de habitantes, detectó su primer caso de la COVID-19 el pasado 9 de marzo.

POR AGENCIA EFE

Guillermo Antonio Espino es un panameño de 74 años que superó la COVID-19 y que le pide "a Dios que quite esta pandemia", que ha contagiado a 69.424 personas y matado a otras 1.522 en Panamá, un país que vive una escalada de la enfermedad.

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"El país está sufriendo", lamenta en conversación con Efe este hombre delgado, de piel fina y mirada vivaz, cuando cuenta que para su fortuna los síntomas que padeció de la enfermedad no fueron tan fuertes.

Panamá, un país de 4,2 millones de habitantes, detectó su primer caso de la COVID-19 el pasado 9 de marzo y, tras una primera etapa de cierto control, se ha llegado a ubicar en semanas recientes como la nación con mayor número de contagios nuevos por cada millón de habitantes en el continente.

Las unidades de cuidado intensivo están a tope, las salas generales de los hospitales tienen cada vez más pacientes y las autoridades sanitarias intentan combatir la desbandada fortaleciendo la trazabilidad de los casos y exhortando a la población a cumplir con las normas de bioseguridad y autocuidado.

"Yo me encerré aquí no 14, si no 28 días" de cuarentena, aseveró Espino en su casa situada en El Chorrillo, una emblemática barriada popular de la Ciudad de Panamá que, de acuerdo con las estadísticas oficiales, es una las afectadas por la pandemia.

En Panamá, donde la COVID-19 tiene una tasa de letalidad del 2,2 %, la gran mayoría de las muertes por la enfermedad se registran en las personas de más de 60 años.

"SENTIA MIEDO PORQUE SOY DE LA TERCERA EDAD"

Luis Alberto Alvarado, de 69 años y otro vecino de El Chorrillo, también superó la COVID-19 y, aunque le dio con síntomas leves según él mismo relató a Efe, le hizo sentir miedo de morir.

Alvarado cuenta que perdió los sentidos del gusto y del olfato, que pasó 12 días de cuarentena en su casa y otros 7 en uno de los hoteles habilitados como hospitales por las autoridades.

"Sentí miedo porque mucha gente está falleciendo, por la edad que yo tengo, soy de la tercera edad. Lloré bastante porque me sentía mal pensando en mi familia", agregó.

Alvarado le pide a la "gente que está en la calle y que no se cuida, que no usa la mascarilla, que lo hagan, porque esto no es en relajo, esta es una cosa bien seria".

"Mañana podemos ser nosotros (los infectados) si no nos cuidamos, entonces vamos a la casa y contagiamos a los nietos, a los hijos. Hay que cuidarse", aseguró.

"NO SE LO DESEO A NADIE"

A Damaris Bulgin, de 54 años y también habitante de El Chorrillo, la COVID-19 le "pegó duro": no solo sufrió la enfermedad, sino que perdió a sus dos hermanos a causa de ella.

"Yo pensé que me iba a morir", confiesa Damaris, quien no requirió de hospitalización, y que atribuye a "la fuerza" que le dio Dios el que se haya podido "levantar" de la enfermedad.

Pero sus hermanos Emiliano, de 57 años, y Duestefabo, de 55 años, fallecieron.

"Mi hermano estaba enfermo. Dicen que murió de COVID-19. Ahora mi otro hermano también, él estaba en cuarentena, pero como sufría de la presión lo llevaron al seguro social y nada más duró dos días", afirma Damaris, quien se quedó sin empleo a causa de la pandemia.

CONSECUENCIAS DE LA PANDEMIA

Las actividades económicas no esenciales está suspendidas en casi todo Panamá, que antes de la pandemia registraba un 7,1 % de desempleo y un 45 % de la fuerza de trabajo en el sector informal y que verá caer su economía este año en un 9 %, según datos oficiales.

La alta informalidad y el que se considere insuficiente e irregular la ayuda estatal de 100 dólares mensuales por familia son vistos como factores que han impedido bajar la curva de infecciones pese a las normas de confinamiento vigentes desde hace casi cinco meses y que son muy estrictas en la capital.

Los mayores focos de infección están en las provincias de Panamá, donde está la capital, y en Panamá Oeste, las más pobladas del país y donde la mayoría vive en barriadas marcadas por el hacinamiento y servicios públicos deficientes.

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