Centroamérica & mundo
Fecha de publicación: 2020-04-10

Niñez migrante de Centroamérica: Un fenómeno social invisibilizado

En 2019 se contabilizaron casi 12.000 niños y adolescentes migrantes centroamericanos no acompañados.

Por Genoveva Flores, estrategiaynegocios.net

En la marea de migrantes que México intenta ordenar-otros dirían deteneren su frontera sur, aparece la alarmante cifra de casi de 12 mil niños, niñas y adolescentes no acompañados durante el 2019. Expulsados por la violencia de las maras en sus países del Triángulo Norte, aspiran al sueño peligroso e impredecible de llegar a Estados Unidos a través de México, aseguran especialistas de Centroamérica.

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A ellos se suman aquellos de cero a 12 años que viven una migración forzada de la mano de sus padres o sus madres, los más pobres entre los pobres, cuyas caravanas topan con la Guardia Nacional mexicana y con protocolos que enfatizan el retorno a sus países de origen, ahora que el gobierno mexicano ha traducido su cooperación internacional en los programas Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro, con 20 mil empleos anunciados.

Pero la migración de esta niñez no es económica, tiene dos causas: “el miedo a que se cumplan las amenazas a su integridad o la de su familia, por las maras que controlan los barrios marginales de ciudades en El Salvador, Honduras y Guatemala, o la esperanza de la reunificación familiar en Estados Unidos por medio de las redes de coyotes, quienes prometen cruzarlos a territorio norteamericano”, según explica el sociólogo Manolo Vela Castañeda, profesor investigador de la Universidad Iberoamericana.

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“Las maras tienen el control territorial de los barrios populares de las principales ciudades centroamericanas, cobran derecho de piso a negocios tan precarios como el puesto de la esquina, o a los transportes de mercancía de grandes empresas, y disponen de la vida de quienes viven en ellos”, explica el profesor Vela Castañeda.

Los empuja la violencia

La investigadora de la Universidad Autónoma de México (UNAM) Alethia Fernández de la Reguera, experta en migración del Instituto de Investigaciones Jurídicas, señala que las primeras huellas del fenómeno se detectaron en el 2006, pero que se comenzaron a ver masivamente a partir de 2014.

“Las historias siempre son las mismas, son niños de 10, 12, 14 años que de la noche a la mañana tienen que salir de su casa, dejar la escuela, o que tal vez están en sus escuelas, o colegios y llegan estas personas y los amenazan para llevárselos”, refiere.

La especialista de la UNAM, quien ha realizado investigaciones en la frontera sur de México, describe la particularidad de la migración. “Los menores desarrollan estrategias para evadir a la autoridad mexicana, los encuentras en las calles, en el campo en condiciones de explotación, así como también en trabajo sexual. Según las leyes mexicanas un menor de edad no puede ser detenido, sin embargo en los albergues de frontera están de hecho detenidos”, valora. La Organización Internacional para las Migraciones y el gobierno mexicano han trabajado en una ruta segura para la migración, que orienta los esfuerzos para la protección de los derechos de niños, niñas y adolescentes al fortalecimiento de instituciones responsable de la niñez, como son las Procuradurías de Protección y el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF). Así, cuando un menor es detectado por agentes de migración o policías, los turna con ellos.

La presencia de esta población de menores de edad en los flujos masivos se explica por sus perfiles. Son de familias pobres, intentan el cruce porque no tienen recursos para pagar a un coyote y se arriesgan “porque no tienen nada que perder”, asegura Vela Castañeda.

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Hasta hace un año se creía que si los padres llevaban menores en su tránsito migratorio, la solicitud de asilo en Estados Unidos, su meta final, iba a ser más fácil; pero la realidad ha desmentido esa percepción. Los niños de familias que permanecen en los albergues no son separados, el gobierno mexicano si les da prioridad para agilizar sus trámites migratorios, según explica Ximena Escobedo Juárez, responsable de la migración de menores en la Cancillería mexicana, pero la mayoría regresan a sus naciones.

“Es un gran reto porque tenemos que coordinarnos con las embajadas y consulados de sus países de origen. Ahora estamos mejor preparados que cuando comenzaron las caravanas, porque ya les podemos ofrecer los programas de empleo para jóvenes si aceptan la repatriación”, añade Escobedo Juárez.

La Cancillería mexicana realizó un estudio de los municipios expulsores de migrantes en el triángulo norte de CA para destinar allí un total de US$100 millones de cooperación internacional y generar 20.000 empleos. “Apostamos a erradicar las causas, a que la migración sea una opción y no una necesidad”, enfatiza la funcionaria mexicana.

Pero en la principal causa de la migración, la violencia de las maras, el gobierno mexicano tiene las manos atadas por tratarse de un tema de seguridad interior, en el que solo coopera con tecnología. A esto se añade que uno de los programas -Sembrando Vida- está destinado a población rural, así que la apuesta de retorno de adolescentes urbanos está anclado a Jóvenes Construyendo el Futuro, que consiste en ligarlos a empresas pequeñas y grandes para recibir capacitación a cambio de un beca. Empero estas empresas también están amenazadas por las maras.

Buscan refugio y reunificación

Fernández, investigadora de la UNAM, pone el dedo en la llaga respecto a los adolescentes: “Hay muchísimos casos que nos cuentan que los persecutores cruzan las fronteras y los están siguiendo, así que para muchos México no es un lugar seguro. Mucho menos el sur, y por eso buscan los estados más hacia el norte, donde se podrían neutralizar esas amenazas. Lo que quieren es tener refugio en Estados Unidos”.

La migración de niños y niñas de cero a 12 años también tiene sus matices, porque son quienes aspiran a la reunificación familiar en Estados Unidos financiada por sus padres y se hace por rutas ilegales.

“Hay coyotes de barrio, son gente conocida: hay trato si el familiar manda dólares, o es a cambio de hipotecar propiedades o de préstamos”, explica el sociólogo Manolo Vela Castañeda. Por su parte Velázquez, coordinadora de programas de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en México, apunta “a veces no podemos determinar qué vínculo tienen el adulto que acompaña a los niños, niñas o adolescentes. No son sus tutores, puede ser un tío, abuelo o el traficante. Entonces hablamos de Niñez Separada: viene en compañía de un adulto, pero no es su familiar”.

Y en este río revuelto de la migración de menores los escenarios más temidos son que sean presa de las redes de tráfico de personas o de explotación sexual. En el caso de las mujeres migrantes, el 80% reporta agresión sexual en su tránsito y cuando la víctima es varón, muchas veces se calla por las implicaciones sociales y culturales que acarrea.

Velázquez, de OIM, explica “es la Procuraduría la que hace el diagnóstico para evaluar cómo está el interés superior de la población infantil migrante, la ejecución recae en el resto de las instituciones.

Si una persona sufrió violencia sexual se harán las canalizaciones necesarias para que el sector salud intervenga, se dé atención psicológica, y en el tema también sexual, la atención médica. Se hace lo posible para restablecer los derechos de los niños, niñas y adolescentes”.

“Las mujeres están expuestas a mayores riesgos porque están migrando con sus pequeños, no usan las rutas tradicionales de la migración, permanecen menos en los albergues y se quedan más en los hoteles. Viajan por carretera, acompañadas de polleros o con documentos falsos, así que enfrentan mayores riesgos de extorsión por parte de las autoridades mexicanas o del crimen organizado. El reto es: primero identificarlas, y luego generar mecanismos para protegerlas”, estima por su parte la abogada universitaria Alethia Fernández de la Reguera.

Fomentan migración ordenada


“La migración siempre ha existido y no es algo que suceda solo en México, lo que queremos es que sea ordenada y regular”, asegura Ximena Escobedo Juárez, también directora de las oficinas de la Cancillería.



Con ella coincide Velázquez, coordinadora de programas de la OIM México, ya que ambas reconocen el enorme valor del Pacto Mundial sobre Migración firmado recientemente por la mayoría de los países miembros de la ONU en Marrakech; pero poner en marcha sus principios es otra cosa.

A diferencia de las riadas masivas de 2019, el intento infructuoso a inicio de 2020 se topó con el férreo control de la Guardia Nacional. Ximena Escobedo señala que en estos operativos también se incluyen labores de inteligencia para desmantelar redes de trata de personas, se promueve información ajustada a la realidad sobre el tránsito legal y se ofrece la repatriación voluntaria. En contraste, Fernández de la Reguera señala que sí hay detenciones de menores y que los funcionarios mexicanos se ven rebasados, por lo que los protocolos de protección no se cumplen, y el investigador Manolo Vela Castañeda apunta a que “la solución está en una política social en los tres países expulsores”.

El fenómeno luce como un nudo bien amarrado y mientras tanto, los menores siguen llegando a la frontera sur en su intento de huir de la violencia, expuestos a los peligros de la migración ilegal.

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