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Fecha de publicación: 2020-01-11

Víctor Ayerdi, el ingeniero que colideró la creación del primer satélite hecho en Guatemala

Director del desarrollo del primer satélite guatemalteco confía en las oportunidades y ejemplo que este proyecto dejará a los jóvenes del país.

Por Prensa Libre

Víctor Ayerdi sabe muy bien lo difícil que es crear un satélite para lanzar al espacio, sobre todo cuando se trata del primero de Guatemala, un país sin experiencias previas en este tipo de proyectos. Sin embargo, ese largo proceso, el cual se encuentra en las fases finales, ha sido enormemente gratificante tanto para él como su equipo, integrado por un gran número de jóvenes estudiantes.

Ayerdi es director de Ingeniería Mecánica de la Universidad del Valle de Guatemala (UVG) y, como codirector del proyecto CubeSat, ha vivido de cerca cada etapa del desarrollo de este satélite (Quetzal-1), que marcará la historia del país en el campo de la ciencia cuando sea transportado hacia el espacio en 2020.

Son cinco años los que llevan trabajando en Quetal-1. Ahora que todo está en la fase final, ¿se han dado las cosas como las visualizaron cuando comenzaron?
En realidad ya son casi seis años, iniciamos en enero de 2014. Era difícil visualizar todo en aquel entonces, pues era trabajar en algo que no era conocido para nosotros. Sí visualizábamos un proyecto con no menos de cinco años de duración, con muchas dificultades, tanto desde el punto de vista técnico, como económico. También soñábamos con un día tener una campaña de divulgación para poder mostrar con este proyecto, a los niños y jóvenes de Guatemala, que pueden hacer cosas diferentes y motivarlos a estudiar ciencia e ingeniería. Por otro lado, no imaginábamos que iba a ser un proyecto reconocido a nivel mundial por un programa como el de KiboCube de Naciones Unidas y Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA), ni que contaría con tanto apoyo a nivel internacional.

¿Cuál considera que ha sido el mayor reto hasta ahora en el desarrollo del CubeSat?
Posiblemente, mantener la motivación y no darse por vencidos durante tanto tiempo, sobre todo en los primeros años del proyecto. Pero también la parte económica: lograr conseguir los fondos para completar el proyecto fue sumamente complicado. Desde el punto de vista técnico, desarrollar el 70% del satélite en la universidad implicó innumerables retos a los estudiantes e ingenieros que trabajaron en el proyecto. Normalmente en este tipo de proyectos se compra la mayoría de módulos ya desarrollados y se desarrolla alguno para probarlo. En nuestro caso, al tener fondos limitados, fue necesario desarrollar la mayor parte del satélite, que resultó ser complicadísimo pero la ventaja es que dejó un aprendizaje inmenso. El tema logístico también fue bastante complicado. Temas de comunicación en el equipo, planificación y hacer el tiempo para trabajar en el proyecto. Más allá del proyecto, todos sus integrantes tenían que cumplir con sus responsabilidades cotidianas. La parte del registro de la frecuencia que utilizará el satélite resultó bastante compleja, por ser algo desconocido. Afortunadamente, en este tema hemos recibido un gran apoyo de la Superintendencia de Telecomunicaciones de Guatemala y del Club de Radioaficionados de Guatemala. Creo que podríamos escribir un libro fácil con todos los retos y obstáculos que fueron necesarios superar para terminar el satélite.

¿Qué lecciones les ha dejado como equipo?
Trabajo multidisciplinario. Es indispensable para resolver todos los retos que se presentaron. Comunicarse y documentar la información de forma adecuada. Este es de los temas más complejos, y uno de los que deja más aprendizaje a nuestros estudiantes. Establecer sistemas de comunicación adecuados, escuchar la opinión de todos ante tanta dificultad. El sistema de documentación que utilizamos facilitó la transición de los participantes año a año.

¿Y en lo personal?
No darse por vencido. Rodearse de un equipo de personas que esté dispuesto a hacer más allá de lo mínimo necesario y que esté dispuesto a trabajar en equipo para alcanzar una meta. Ponerse metas altas. Pensar fuera de la caja. Tantos retos nos obligaron a hacer cosas diferentes a las establecidas. Algunas funcionaron, otras no, pero con las que funcionaron se logró terminar el satélite. Y el más importante de todos: ver lo que son capaces de hacer un equipo de jóvenes con un promedio de edad de 21 años.

¿Qué impacto cree que tendrá en la ciencia y la tecnología espacial del país, cuando finalmente se lance el primer satélite guatemalteco al espacio?
Uno ve el impacto que tuvo el Sputnik I cuando fue lanzado en 1957. A pesar que estuvo en órbita solo unos tres meses, generó una revolución tecnológica a nivel mundial, y gracias a eso, hoy en día tenemos innumerables beneficios de todo el desarrollo que se ha generado derivado de la investigación espacial. Muchas cosas que hacemos día a día suceden porque se originaron de investigación espacial, y a veces ni siquiera somos conscientes de ello.

Quetzal-1 abre una puerta enorme para los guatemaltecos. Demuestra que hay capacidad y grandes oportunidades para incursionar en nuevos campos en nuestro país. La industria de los CubeSat está en un boom, se estima que en el año 2023 será un mercado de US$375 millones a nivel mundial. No es nada descabellado pensar que algunos de los estudiantes que participaron en este proyecto abran empresas para desarrollar y vender tecnología para CubeSat a compañías a nivel mundial, y que más jóvenes en Guatemala decidan estudiar ingeniería con esta visión. Traer ese tipo de ingresos a Guatemala es vital, pues necesitamos generar más fuentes de empleo en campos que hoy son inexistentes en nuestro medio, y países cercanos como Costa Rica han ya visualizado esta oportunidad y trabajan en función a ello.

Por otro lado, continuamos nuestro trabajo, desarrollando capacidades para reforzar el Laboratorio de Ingeniería Aeroespacial que surgió en UVG para trabajar Quetzal-1. El próximo año iniciaremos proyectos en conjunto con universidades internacionales como MIT, Universidad de Wurzburgo, Universidad de Chile y Mines ParisTech, con el fin de desarrollar experimentos que se llevarán a cabo en la Estación Espacial Internacional, y el Dr. Luis Zea trabaja en dos proyectos en el campo de microbiología espacial en conjunto con estudiantes de Universidad del Valle de Guatemala. El campo espacial es sumamente amplio, y no está restringido solo a desarrollar satélites. Contar con todas estas capacidades facilitará a científicos guatemaltecos el poder llevar a cabo experimentos en el espacio, que pueden servir para temas relacionados con medicina, materiales, energía, etc.

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Una vez esté el CubeSat en órbita, ¿qué trabajo seguirá?, ¿por cuánto tiempo se estima que esté en el espacio?
Al estar en órbita y sobrevolar Guatemala se recibirá su señal en la Estación de Control en UVG, y, dependiendo las condiciones (si es de día o de noche, si está o no nublado, si tiene o no suficiente energía), se le enviará la orden para que el sensor se active y envíe a Tierra la información obtenida para su análisis. Por el tipo de componentes que lleva, que en su gran mayoría no son certificados para uso espacial debido al alto costo que significaba adquirir componentes que sí fueran certificados para ese uso, no se espera un tiempo de vida elevado. Podrá operar entre 1 y 6 meses aproximadamente, y también, debido a la órbita en que se encontrará, a 400 km de altura, por efecto de la gravedad entre 1 y 1.5 años, ingresará a la atmósfera desintegrándose y de esta forma se evita que se convierta en basura espacial.

En nuevos estudiantes de la UVG y otras universidades quedará el ejemplo que su equipo dejó a lo largo de todo este tiempo.

¿Qué mensaje da a los jóvenes que vienen después y que están comenzando su carrera universitaria y sienten interés o fascinación por la ciencia espacial?
El mensaje se lo doy a todos los jóvenes, no solo a los que sienten interés por la ciencia espacial. Aprovechen su tiempo en la universidad, no se conformen con ir a un salón de clases a sentarse en un escritorio y escuchar a un profesor. Busquen oportunidades, competencias, plantéense retos y trabajen en proyectos innovadores. No pierdan el tiempo buscando excusas de por qué no se pueden hacer cosas diferentes, en su lugar, inviertan ese tiempo en pensar como sí se pueden hacer. No tengan miedo de fallar, para tener éxito hay que fallar muchas veces. Eso los preparará para poder emprender y les generará grandes oportunidades, tanto a nivel local como a nivel internacional.

¿Y a las autoridades universitarias, cuál es su mensaje para impulsar este tipo de conocimientos y actividades?
Este proyecto no hubiera sido posible sin el gran apoyo de parte de las autoridades de UVG. Desde que arrancamos, nunca nos dijeron que lo que estábamos haciendo era inalcanzable o que estábamos locos perdiendo el tiempo. Siempre que tuvimos problemas o retrasos, el planteamiento de las autoridades fue de “que necesitan para que podamos apoyar”. Permitieron que los procesos en muchas ocasiones se flexibilizaran en la universidad, pues estaban conscientes que estábamos trabajando algo diferente, y por ende, no todos los procesos que están establecidos en UVG se adaptaban a esto. Para poder innovar se necesitan mecanismos que permitan hacerlo. Creo que esto ilustra el mensaje que enviaría no solo a las demás autoridades universitarias en otras instituciones, sino a autoridades de instituciones educativas en general, agregando que debemos formar a nuestras futuras generaciones para que puedan emprender e innovar generando nuevas tecnologías y servicios, y eso no se logra si no desarrollan proyectos retadores durante sus estudios. El mensaje creo que también puede extenderse a los padres de familia en el sentido de motivar a sus hijos desde pequeños y nunca limitar sus sueños, ya que es clave que desde muy pequeños ayuden a sus hijos a encontrar lo que les apasiona, y a facilitarles el desarrollar sus habilidades en esos campos.

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