Zamorano, un laboratorio vivo en Centroamérica

Por: Margarita Montes, el viernes, 23 de julio de 2010


Además de formar apetecidos profesionales en las ciencias agropecuarias, Zamorano es un hervidero de iniciativas y experimentos ecológicos para hacer un uso más racional y sostenible de los presionados recursos de nuestro planeta.

 

Muchos podrían sorprenderse al saber que la Escuela Agrícola Panamericana, conocida como Zamorano por el nombre del valle en que se ubica el campus en Honduras, va mucho más allá de sus reconocidas funciones netamente educativas.

 

Esta universidad de fama mundial es, además, un centro activo y evolutivo de constante investigación y experimentación en búsqueda de alternativas sostenibles de manejo de recursos.

No hay que escarbar muy profundamente para encontrar un docente o un departamento que tenga un proyecto de investigación y desarrollo (I&D) en marcha, en su mayoría con un propósito de conservación o rescate del ambiente.

 

Al caminar por el majestuoso campus de esta escuela agrícola que alberga a estudiantes de 19 países de América, a cada paso se pueden observar cuatro tipos de basureros que clasifican los desechos sólidos en igual número de categorías.

 

Estos basureros alimentan 200 minicentros de acopio en el campus, que recogen los 5.000 kilogramos diarios de desechos sólidos que genera Zamorano. El 67% de estos desechos son orgánicos; 20% son envases (los cuales se mandan a incinerar) y 13% son materiales reciclables.

 

Todos los desechos orgánicos de la escuela se transportaban antes al relleno sanitario a cinco kilómetros del campus. Ahora, son recolectados y luego procesados dentro del propio campus. El profesor asociado de horticultura de la carrera de ciencia y producción agropecuaria, Jeff Pack, es quien usa estos desechos como insumo para producir cerca de 1.800 metros cúbicos de abono orgánico que genera Zamorano cada año. “Esto equivale a US$40.000 en abono sintético”, dice Pack.

 

Además de este ahorro, Pack explica que las ventajas de un abono de origen orgánico por sobre uno artificial son numerosas: el abono natural mejora el drenaje, ya que no genera los lixiviados propios de los abonos sintéticos; mejora la estructura del suelo, con lo que se reducen la cantidad de enfermedades que este pueda presentar y disminuye el consumo de petróleo en la fabricación de abonos artificiales.

Por si esto fuera poco, el abono orgánico posee todos los nutrientes que necesitan los cultivos, mientras que el fertilizante artificial posee un par, a lo sumo.

 

Los beneficios del manejo de los desechos orgánicos en Zamorano han sido múltiples. “El impacto ha sido grande. Nuestro relleno sanitario tenía una vida útil de 50 años. Al procesar los desechos orgánicos, hemos reducido la carga del relleno en un 50%, por lo tanto, este tiene ahora una vida útil de 100 años” afirma Pack, quien critica “la lógica tergiversada de la industria”, que promueve la compra de abonos sintéticos, con los consiguientes daños al ambiente.

 

Pero los beneficios han trascendido los predios del campus universitario. Zamorano ha asistido al sector privado para implementar este tipo de procesos en sus cultivos. La Azucarera Tres Valles, ubicada en el sur de Honduras, a 45 kilómetros del campus de Zamorano, ha estado absorbiendo asesoría en el manejo de sus residuos orgánicos.

 

De igual manera, el ingenio también ha recibido la asesoría de Zamorano por medio de los servicios del laboratorio de la Unidad de Suelos de la carrera de ciencia y producción agropecuaria.

Según datos de la profesora asociada de dicha unidad, Gloria Arévalo de Gauggel, Tres Valles ha incrementado su productividad en un 66% gracias a las recomendaciones del laboratorio, convirtiéndose en el ingenio más productivo de toda la región centroamericana.

 

A su vez, las medidas aplicadas han reducido el uso indebido de fertilizantes, que provocan una serie de toxicidades en los suelos.

 

Arévalo comentó que el laboratorio, abierto para el uso del sector privado, está actualmente “dándole énfasis a la recuperación de suelos que han perdido calidad. A escala mundial se pierden 10 millones de hectáreas de suelos al año, por el actual manejo de la naturaleza por parte del hombre”.

 

Zamorano está también desarrollando y difundiendo el uso de “abonos verdes”. Se trata de plantas que se siembran en el sitio de uso, es decir, al lado del cultivo principal del agricultor, protegen el suelo contra la erosión y controlan el crecimiento de maleza. Los abonos verdes reducen la demanda de los fabricados por el hombre con ingredientes sintéticos.

 

Guerra a los pesticidas

 

Desde hace ya más de dos décadas, Zamorano ha venido trabajando en Centroamérica y el Caribe en programas de mejoramiento genético del frijol. El profesor de genética y fitomejoramiento de la carrera de ciencia y producción agropecuaria, Juan Carlos Rosas, explica que este grano por lo general es sembrado por campesinos pobres, sin acceso a sistemas de riego o fertilizantes.

 

El objetivo del Programa de Mejoramiento del Frijol de Zamorano (PIF), es desarrollar variedades que se adapten mejor a condiciones pobres de suelo, escasez de lluvia y baja tolerancia a las enfermedades.

Rosas dijo que las variedades desarrolladas por el PIF requieren menos insumos, incluyendo pesticidas y fertilizantes químicos. Estima que hay un ahorro hasta del 50% en el uso de pesticidas cuando se cultiva este tipo de frijol.

 

Zamorano capacita a los campesinos en el uso de estas variedades, mediante lo que Rosas denomina un “mejoramiento participativo”, es decir, con la participación activa de los productores, quienes reciben constantes capacitaciones por parte de esta universidad agrícola. “Lo más valioso (del PIF) es la transferencia de conocimiento” dice Rosas.

 

Ese conocimiento se está inclusive transfiriendo a países africanos como Angola, Mozambique y Sudáfrica. Por ejemplo, este año van a llegar al campus dos técnicos de Mozambique, para capacitarse y conocer las experiencias de Zamorano en el marco del PIF.

 

En la actualidad, el PIF se está enfocando en desarrollar variedades resistentes al cambio climático. Ya desde hace 15 años el programa venía trabajando en un grano con mayor tolerancia al calor y una de estas variedades es sembrada hoy en la zona del Pacífico de El Salvador.

 

Sí a los biocombustibles

 

Zamorano ha comenzado también a realizar I&D en biocombustibles, específicamente en biodiesel y etanol. El profesor asociado de análisis de alimentos y de procesamiento de granos de la carrera de agroindustria alimentaria, Francisco Bueso, explicó que las iniciativas en esta materia comenzaron a solicitud de los mismos estudiantes de Zamorano.

 

Los criterios que se establecieron para la selección de las materias primas para generar los biocombustibles se basaron en una filosofía verde, diferente a la aplicada en Estados Unidos y Brasil.

Zamorano decidió que en sus investigaciones no se usarán materias primas comestibles, como por ejemplo maíz o caña de azúcar, para evitar un potencial incremento en la demanda y el consecuente aumento de los precios de dichos productos a escala mundial.

 

En cambio, apostó por ejemplo a la jatrofa (conocida también como piñón), seleccionada por el proyecto para la producción de biodiesel.

 

Esta planta ofrece además la ventaja de que crece en tierras áridas, no cultivables para alimentos. Zamorano cuenta en la actualidad con seis hectáreas de este cultivo; la mayor parte se destina a la producción de biodiesel y la otra para entrega de semillas a comunidades de la región del río Patuca (Honduras).

 

El profesor asociado de cultivos extensivos de la carrera de ciencia y producción agropecuaria, Nils Berger, asegura que “la jatrofa puede ser una alternativa para los próximos 10 a 20 años”. Berger espera que para el 2015 Zamorano esté usando biodiesel de jatrofa para mover toda su flota de tractores y vehículos. Pero antes, para el 2013, estima que habrán generado un híbrido mejorado y comercializable de este cultivo. Para efectos de experimentación, la escuela agrícola sembrará cuatro hectáreas más de jatrofa en los próximos meses.

 

Berger comentó que Zamorano ha estado trabajando en conjunto con la empresa hondureña Agroinsa en un cultivo de 800 hectáreas de jatrofa, y que se ha podido observar que este ayuda a recuperar suelos degradados y de poca fertilidad. Sin embargo, dijo que los ejecutivos de la empresa han manifestado que el aceite de jatrofa es rentable únicamente cuando el precio internacional del petróleo está alto.

 

Fuentes alternativas

 

Paralelamente a la experimentación con jatrofa, hay cinco tesis de estudiantes de Zamorano que investigan otras fuentes para producir biodiesel. Bueso señaló que “no queremos poner todos los huevos en una misma canasta, sino dar opciones a la industria, con datos que la ayuden a tomar una decisión informada”.

 

Según resultados de una tesis de estudiantes de Zamorano, el aceite de palma africana es apropiado para la generación de biodiesel en países con clima cálido. La Corporación Dinant, empresa agroalimentaria hondureña, donó a Zamorano en el 2006 una planta piloto para la producción de biodiesel con base en palma africana.

 

El gerente de investigación y desarrollo de Dinant, Omar Riera, acotó que esta planta tiene un costo aproximado de US$80.000 y fue donada con fines didácticos y de experimentación.

Dinant conoce bien los beneficios de la palma africana, pues en sus planteles produce el biodiesel con el que mueve su flota de vehículos distribuidores de productos de consumo popular, camiones de recolección y transporte de fruta y la maquinaria agrícola de la empresa.

 

Por otro lado, para la producción de etanol, Zamorano se está centrando en biomasa, por ejemplo, el bagazo de caña de azúcar. Sin embargo, para este proyecto será necesario superar algunos obstáculos legales.

 

Esto porque para producir etanol se requiere a su vez fabricar alcohol, mediante el uso de levadura o de microorganismos genéticamente modificados. En el primer caso, solamente se alcanza un 21% de rendimiento de alcohol, mientras que en el segundo, se logra hasta un 67%. Sin embargo, en Honduras no existe una ley que permita importar este tipo de bacterias, lo que impide llevar a cabo la experimentación necesaria en los laboratorios de Zamorano.

 

Bueso no cree que la creación de una ley en esta materia tome mucho tiempo, dado que “el presidente (Porfirio) Lobo Sosa fue el primero en usar transgénicos en Honduras. El es un agricultor de avanzada”, por lo que confía en su apoyo para la pronta aprobación de un proyecto de ley.

Mientras tanto, estudiantes de Zamorano estarán haciendo las investigaciones en la Universidad de Florida, lo que hará el proyecto más lento.

 

Bueso manifestó que aún faltan cinco años para que toda la I&D produzca resultados comercialmente viables, pero advirtió que ve al biodiesel y al etanol como “opciones de transición”, mientras en el mundo se buscan otras tecnologías verdes o se acaban los yacimientos de petróleo; “no los veo como una opción permanente”, dijo.

 

Un “Zamorano Verde”

 

El pasado mayo, la universidad lanzó el concepto “Zamorano Verde” en todo el campus. Mediante esta iniciativa, la universidad busca dar respuesta a una serie de amenazas que enfrenta a corto y mediano plazo, tales como inundaciones y escasez de agua en el campus, aumento en el precio de los combustibles y problemas en el suministro de energía eléctrica, así como atender exigencias de convenios internacionales con otras organizaciones públicas y privadas.

 

El rector de la institución, Kenneth Hoadley, expuso que Zamorano Verde surgió de la necesidad. “Estamos sintiendo los efectos del cambio climático en carne propia; la crisis es real, pero presenta oportunidades”, afirmó.

 

Hoadley expresó que si bien Zamorano ya había venido trabajando en varios proyectos de sostenibilidad ambiental, estos no formaban parte de un conjunto; se trataba más bien de iniciativas aisladas y lideradas por unidades e individuos dentro de la institución.

Mediante Zamorano Verde se busca generar una cultura institucional en toda la población estudiantil, académica y administrativa. Para Hoadley “hablar de Zamorano Verde es hablar de un sueño, ya que cambiar la mentalidad de la gente es muy difícil”.

 

Sin embargo, Hoadley consideró que esta iniciativa presenta la oportunidad de “utilizar a Zamorano como un laboratorio vivo, pues tenemos 1.500 personas viviendo aquí, además de plantas industriales y diversos laboratorios”.

 

En eso se resume el concepto de Zamorano Verde: crear un laboratorio de aprendizaje en sostenibilidad ambiental y energía renovable.

 

Según lo explicó el profesor asociado de la carrera de administración de agronegocios, Marcos Vega, Zamorano Verde tiene cuatro áreas de acción: energía renovable; conservación y uso del agua; desechos y disminución de emisión de gases.

 

A su vez, las acciones concretas para hacer de Zamorano Verde una realidad, serán transversales, pues incluirán las áreas académica y administrativa, la proyección institucional y las labores de investigación.

Vega expresó que “todos tenemos que ver cómo actuamos en alguna de esta áreas, queremos que la gente reconozca el poder de cada cual”.

 

Un ejemplo de las iniciativas que envuelve Zamorano Verde es el retiro definitivo de bolsas plásticas de la tienda que la institución tiene para los habitantes del campus y el público en general.

Cuando el cliente paga por sus productos, ya no recibe la clásica bolsa de plástico para llevarse su compra. En cambio, la tienda ofrece una bolsa reusable, desarrollada dentro de Zamorano, con una vida útil de un año y que los clientes pueden adquirir en la misma tienda, por US$1,85. “Esto se hizo para demostrar a la gente que tenemos una conciencia verde”, afirmó Vega.

 

Pero, añadió, “nada ganamos con hacer cosas solamente dentro del campus”, a la vez que advirtió que también es muy importante la proyección hacia afuera que pretende realizar Zamorano Verde, por lo que la universidad estará desarrollando varios proyectos, como enseñar a los agricultores de las comunidades vecinas el uso de sistemas alternativos de riego que hagan más sostenible el empleo del agua.

 

¡A cuidar el agua!

 

Por muchos años, la comunidad estudiantil, docente y administrativa del campus de Zamorano no tuvo que preocuparse por el suministro de agua. Esos tiempos se acabaron. El Valle de Yeguare, con el que Zamorano comparte sus fuentes de agua, se está poblando de forma acelerada.

 

Por este motivo, la escuela agrícola está implementando un plan de uso eficiente del agua, que incluye la instalación de medidores en todos los edificios para establecer controles de consumo. Asimismo, se estarán instalando llaves ahorradoras de agua en los dormitorios de los estudiantes.

 

Otro proyecto de uso más eficiente del agua, es la aplicación en el campus de un sistema de riego por goteo. Con el método por aspersión los productores riegan durante una determinada cantidad de horas al día, generando pérdidas de agua por evaporación y absorción de la planta, muchas veces más allá de lo que necesita.

El riego por goteo reemplaza ese método, mediante cálculos de cuánta agua se usa y cuánta exactamente se debe reponer. La cantidad por aplicar es diferente cada día, lo que genera un uso más eficiente del agua. Estimaciones generales reflejan que la eficiencia de riego por aspersión es del 50%, mientras que la del riego por goteo puede ser hasta de un 95%.

 

Zamorano cuenta también con cinco lagunas para reciclar el agua utilizada por la población del campus: dos para tratamiento y tres de estabilización de aguas negras. El tratamiento es 100% natural y tiene una proyección de 20 años para su manejo. Los lixiviados se tratan en una laguna donde se eliminan los residuos de metales.

 

Más “esfuerzos verdes”

 

Luego de dos años y seis tesis de graduación sobre el tema, Zamorano logró identificar un terreno para la ubicación de un relleno sanitario en el Valle de Yeguare. El director de planta física, Óscar Díaz, aseguró que en la actualidad Zamorano está elaborando el proyecto, el cual entregará a la municipalidad respectiva para que gestione los fondos necesarios para su construcción.

 

Díaz también mencionó que la universidad estará pronto sustituyendo los calentadores de agua eléctricos que están en las casas del personal docente y administrativo que vive en el campus con sus familias y que, en su lugar, estarán instalando calentadores solares.

 

Por otra parte, en el Centro Zamorano de Energía Renovable se está desarrollando un programa de certificación de estufas mejoradas, único en su género en toda América Latina, cuyo objetivo es reducir el uso de leña y las emisiones de humo dentro de las viviendas de la población más pobre de los países en vías de desarrollo.

 

En estos países, el 85% de la población usa leña para cocinar, lo que contribuye a la deforestación de los bosques. Zamorano experimenta con cocinas simuladas de siete tipos de estufas y hace mediciones de eficiencia de cocción y uso de leña, con la finalidad de recomendar las estufas que arrojen mejores resultados.

 

“Estamos trabajando para certificar a las empresas que construyen las estufas”, dijo la directora del centro, Milly Cortés. Se estima que con esas estufas se puede reducir el uso de leña para cocinar entre un 50 y un 75%.

 

Mientras soldados de la 110 Brigada del ejército hondureño eran capacitados en el campus de Zamorano para construir en sus cuarteles uno de los modelos de las estufas, el profesor asociado y jefe del área forestal de la carrera de desarrollo socioeconómico y ambiente, Timothy Longwell, decía a sus pupilos del día “estamos jugando, aprendiendo cosas nuevas”.

 

Longwell cree que el uso de estas estufas puede difundirse entre la población rural de Honduras y de otros países en vías de desarrollo, tal como ocurrió con el empleo de los teléfonos celulares.

Asimismo, Zamorano tiene un centro demostrativo para aplicación de energías renovables a actividades agropecuarias, “con cuyos residuos se estarían generando sistemas de energía solar y biogás”, dijo Cortés.

 

El Centro Zamorano de Energía Renovable estará también impartiendo en los próximos meses, a 17 personas del sector público y privado de Centroamérica, un curso de gestión ambiental rentable, que incluirá el componente “Aprender haciendo”, distintivo de la escuela agrícola.

 

Toda esta efervescencia de proyectos y actividades que buscan conservar el ambiente de nuestro planeta, le dan cuerpo a las palabras del rector Hoadley de hacer de Zamorano un verdadero laboratorio gigante y vivo, en beneficio de la región centroamericana, y más allá de ella.

 
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Escuela modelo

Zamorano es una escuela agrícola modelo, que alberga a estudiantes de 19 países de América, y se ha transformado en un centro de jerarquía internacional para el desarrollo de innovación productiva sustentable.
 
 
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